MgS. José Luis Zambrano Padauy
Ex director de la Biblioteca Virtual de Maracaibo “Randa Richani”
En
estos últimos años se han cambiado los conceptos de lo inimaginable. Hemos
vivido un viaje extremo a lo inaudito, compungidos por el terror, la desolación
y la miseria. Hasta se ha perdido la capacidad del desconcierto. Todo es posible
y punto. Se puede estar peor y la vida rudimentaria se ha vuelto costumbre. Lo
normal en otras naciones, en Venezuela es el privilegio de unos pocos.
Pese a
los escamoteos del régimen y a esa sensación cotidiana de catástrofe, no
podemos perder las perspectivas. Debemos acoplar la fe a nuestras acciones.
Somos un pueblo de Dios azotado por una gran prueba de desafueros, que parecen
interminables.
Ahora
somos también un santuario. Pero lamentablemente no uno rodeado de velas
encendidas, oraciones justas y prédicas optimistas. El Departamento de Estado
de los EE. UU. ha emitido un nuevo informe, calificando a nuestro territorio
como un “santuario para el terrorismo”.
No
solo los argumentos norteamericanos estiman que Venezuela es una amenaza para
la seguridad regional, sino también es un paraíso para actividades de organizaciones
terroristas.
Esta
consideración la sustentan, por existir áreas físicas donde los terroristas
pueden organizar, planificar, recaudar fondos, comunicarse, reclutar, entrenar,
transitar y operar con relativa comodidad.
Pero
la declaración posterior del diputado Carlos Paparoni, efectuada a un medio
internacional, permite inferir, sin silabear pretextos, que este informe tiene
un asidero terrible: “el régimen ha nacionalizado a más de diez mil personas
desde 2010, nacidas en Siria, Libia e Irán”.
Washington
ha dicho en reiteradas ocasiones que, no solo el ELN tiene lecho en zonas específicas,
sino el Hezbolá y otros movimientos subversivos de cuidado. Todo es posible.
Una congregación del mal, haciendo de las suyas. La autopista de las irregularidades.
Donde efectivos pueden patear con soltura a una abogada, solo por no dejarse matraquear.
Escuché
recientemente a un sacerdote dar en el clavo espiritual. Su genialidad al definir
la forma de salvación me hizo pensar mucho en el futuro del país: “el problema
no es salvarnos de la pesada cruz, sino hacerlo dentro de ella”. Que esta enigmática
prueba nacional tiene su razón, para crear las bases para todo el privilegio
venidero. El infortunio necesario para generar la prosperidad próxima. La
restauración y creación de los cimientos de una gran nación.
No sé
si es una casualidad incompatible. Pero recientemente José Gregorio Hernández contó
con una atención merecida. Fue beatificado después de 70 años de espera. El Vaticano
dio la venia, como un signo de buenos augurios para los venezolanos. Hablamos
más de él, analizamos sus palabras cautivas, sus pruebas prodigiosas y ese
legado valioso para todas las generaciones. Un médico que nació para atender a
los pobres y para tener una vida santa.
Estamos
en la víspera de un nuevo santo para un país en adversidades intensas. Un signo
para no extraviar la esperanza. No solo es un santuario del mal, con sus
erosiones sistemáticas y su modo turbio de ir en contra de la paz. Venezuela
tiene también todo para recobrar su entendimiento, abotagarse de confianza y
empezar algo grandioso. Saldremos de este percance históricos. Lo haremos con
la conciencia en forma.
No se
requieren de visiones extraordinarias para comprender el futuro. Tarde o temprano
pagarán los culpables. Estarán sometidos a sus propios delirios y atormentados
por sus fantasmas particulares. Los injustos vaciarán sus bolsillos. Pagarán
por su insensatez. Se traicionarán entre ellos mismos, poco antes de la caída.
Nuestra
nación es un santuario. No solo de terroristas inquietantes, sino de fastuosas posibilidades.
El mal saldrá pronto. Tiene sus días contados. Pero la reconstrucción solo será
posible, uniendo convicciones y relegando las discrepancias. Siempre nos ha sentado
mejor la sonrisa, que el abatimiento. Es el momento para no perder esa fuerza
mayor que nos impulsa a no creer en imposibles. Estamos a pocos pasos de la
libertad.

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