Saturday, July 22, 2017

HOY, A CINCO AÑOS DE LA MUERTE DE OSWALDO PAYÁ



Sí, ya es hora de reabrir una investigación imparcial que esclarezca las circunstancias de la muerte de Oswaldo Payá, defensor de la libertad y de los Derechos Humanos en Cuba.
Este 22 de julio se cumplen cinco años de su desaparición física y el régimen cubano no ha movido ni un dedo para desentrañar la sucesión de acontecimientos con los que han ido desconfigurando la “eliminación” de un adalid de la democracia en la isla.
Payá fue una de las mentes más preclaras de la oposición cubana dentro y fuera de su patria. Los métodos de su lucha, su antagonismo sosegado, argumentativo y pro derechos democráticos frente al régimen de los Castro, lo colocaron en la diana de una dictadura que desoye a sus ciudadanos desde que llegó al poder hace casi 58 años. A su desaparición física se le ha llamado crimen, accidente automovilístico, muerte en extrañas circunstancias, asesinato. Precisamente la palabra capaz de agrupar todas las teorías es “eliminación” porque, efectivamente, querían hacer desaparecer su reclamo infalible, auténtico, de una Cuba democrática y libre para todos los cubanos.
Así que un líder opositor por excelencia fue “eliminado”, apartado de una trayectoria política que lo legitimaba como claro exponente de la oposición en Cuba, con un liderazgo indiscutible y una determinación férrea para lograr objetivos políticos concretos desde el Movimiento Cristiano por la Libertad.
Su visibilidad internacional era otra espina clavada para los opresores cubanos, antidemócratas convencidos de su verdad absoluta que le vigilaron e investigaron hasta apresar a integrantes y activistas próximos a sus proyectos e ideas. Lo fueron cercando, hasta encontrar una oportunidad de expulsarlo de un territorio sobre el que jamás mandarán, las mentes de la mayoría de los cubanos.
En el año 2002 a Payá le fue otorgado el premio Sájarov a los Derechos Humanos por el Parlamento Europeo. También estuvo nominado como premio Nobel de la Paz en cinco ocasiones. Pero su mayor logro fue su paciente persistencia, su inteligente resistencia. Fueron aquellas 25.000 firmas de electores cubanos recogidas entre 2002 y 2004, como parte del Proyecto Varela, para impulsar leyes verdaderamente democráticas desde la sociedad civil en Cuba.
La investigación independiente sobre las circunstancias de su muerte debe llegar y no porque se reclame desde el Senado de Estados Unidos, ni porque se haya puesto en consideración del mismísimo Papa, sino porque él mismo era un ciudadano libre y poseedor de todo el derecho de reclamar democracia en la misma patria donde conformó una familia.


Oswaldo Payá Sardiñas fue vigilado, investigado y finalmente, eliminado como opositor del régimen de los Castro. “Eliminado”, porque la palabra guarda las connotaciones de una de las muertes más controvertidas entre la suma de desmanes perpetrados por el régimen cubano hacia sus propios ciudadanos. “Eliminado” porque el fin de la persecución a la que estaba siendo sometido en el momento del accidente automovilístico era la eliminación en cualquiera de sus formas.
Y es que si aquel terrible accidente provocado, no se lo hubiera llevado por delante, Payá hoy fuera un opositor de 65 años ejerciendo un activismo sosegado e inteligente. Un activismo profundo, fundamentado y asentado en el rescate de los valores democráticos de los que adolece el sistema político de Cuba desde 1959. Hasta cierto modo fue incomprendido porque escogió un modelo de lucha, una forma de disentir capaz de remover al régimen desde dentro y con sus propias leyes. A Oswaldo lo “eliminaron” por miedo a lo que él veía, a lo que él representaba, pero sobre todo a lo que él practicaba, una batalla resiliente y legítima contra un poder tambaleante e inconstitucional.
Pretendían una eliminación silenciosa, pero la intención dominó las formas. Ellos querían anular su voz, apagar sus ideas, mitigar su influencia, desgastar su sosiego cristiano y desmitificar su visión a largo plazo de una Cuba ¡por fin¡ democrática y respetuosa de la libertad de pensamiento. Hasta el punto de perpetuar un crimen -casual o planeado-. Perseguir a un coche con dos ciudadanos cubanos y dos extranjeros a bordo por una carretera defectuosa, sin otro objetivo que la mera vigilancia es un acto insensato; pero empujar a un coche en marcha fuera de esa carretera, es un acto temerario.
Las certezas visionarias de Oswaldo Payá
Al año 1988, los ideólogos del gobierno lo llamaron “Año 30 de la Revolución”. Esta denominación por periodos se mantuvo desde 1987 hasta 1994. Justo el periodo de tiempo en que la Cuba burocrática se debatía en el mayor dilema de su historia: Como encajar la perestroika (restructuración) y la Glasnost (apertura) en sus planes de perpetuar un socialismo autoimpuesto sin elecciones libres y con un aparente sistema democrático plagado de imposiciones y arbitrariedad. Cuántos cubanos iban a seguir creyendo en todo aquello si la URSS, su más poderoso referente, atravesaba una embarazosa crisis económica arrinconada por la burocracia y la corrupción.
En el año 1988 Oswaldo Payá formó parte del momentum fundacional de Movimiento Cristiano de Liberación (MCL). Junto a él varios activistas católicos lo dotaron de una base argumental vindicativa y regeneradora con fines eminentemente políticos y sin insistir en la afiliación religiosa. Es decir, el acto de libertad más importante desde que en Ricardo Bofill creara el Comité Cubano Pro Derechos Humanos en Cuba en el año 1976.
La coherencia política del MCL y una hoja de ruta centrada en el logro de objetivos concretos, lo llevó por caminos centrales, sin atajos.
Hizo una exégesis inteligente de la Constitución y la legislación que rigen el rumbo de la supuesta democracia en Cuba y, una vez seguro de que una vía pacífica de tener voz en el máximo órgano de gobierno cubano era posible, expresó abiertamente el de postularse como Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular (el inamovible Parlamento cubano). Los represores del gobierno cubano movieron sus hilos para impedir el acto y evitar el simbolismo ejemplarizante de la acción.
Seis años después, en1998 fundó el Proyecto Valera. Una iniciativa ciudadana inspirada en la posibilidad de disentir desde los propios mecanismos de la hermética Constitución cubana basándose en sus fisuras legales. Es la simpleza de su cometido lo que lo hace grande, titánico: recoger 10.000 firmas de electores cubanos y con ellas respaldar, con pleno derecho constitucional, una solicitud de cambios en la legislación a través de un referendo nacional. Superó con creces la cifra de firmas requerida, pero la Asamblea Nacional lo embaucó en vericuetos interpretativos y lo rechazó por dictamen de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos de la Asamblea Nacional. No cejó y en 2004 se hizo presente en la propia Asamblea con 14.000 firmas más. Ya eran demasiadas, y el Gobierno ni siquiera prestó atención a que el documento está respaldado por, al menos, 25.000 electores firmantes. Entonces el Gobierno con la atolondrada inercia del 98% del voto de sus parlamentarios declaró irrevocable el carácter socialista de la Revolución cubana y se fueron a merendar.
Payá era una mente visible. Un activista en toda regla que llegó a convocar conferencias abiertas y que creyó en la verdadera unión de todos los demócratas cubanos. La llamada disidencia, como si disentir no fuera un acto propio de la naturaleza humana. El Diálogo Nacional fue una de sus acciones más vigiladas porque involucraba a otros miles de activistas y simpatizantes cubanos de Cuba y del exilio y porque lo convirtió en un hecho patente, tangible. ¿Sería posible actuar así en Cuba y salir indemne, vivo?. Obviamente no.
Cada uno de sus actos fueron un desafío al poder absoluto, a esa mano que aplasta desde un podio o un buró. Con todo en contra, porque los medios de prensa son oficialistas y la gran mayoría de los cubanos de dentro jamás supieron que tenían a un héroe de esa talla peleando prácticamente solo por ellos, desde una posición abiertamente dialogante.
La teoría de la conspiración y el patriota que murió por su patria
Tan abierta y transparente era su lucha que algunos integrantes de otros grupos opositores lo vinculaban de cierta forma con el poder fáctico de la isla. De cierta forma no le hallaban sentido a que durante casi 24 años –desde 1988 hasta 2012-, Oswaldo, esposo y padre de tres hijos, había logrado exponer tantas reivindicaciones democráticas sin sufrir el acoso pernicioso y constante la seguridad del estado.
Julio Estorino, periodista y activista cubano residente en el exterior, declaró al DIARIO LAS AMÉRICAS que tales posiciones deberían ser puestas en perspectiva, contextualizadas. Según sus palabras, la oposición cubana de dentro y de fuera ha sufrido tantas injusticias y desafueros sutiles, que tratan con recelo cualquier acto que no sea suficientemente hostil hacia un activista político.
Por su experiencia, con más de cinco décadas exiliado y una profesión que le ha llevado a conocer de cerca a varios líderes opositores, Estorino explica que, ante un régimen manipulador como el cubano, capaz de elaborar mentiras al dedillo, lo más sensato siempre es mantener una oposición unida, abierta a encausar cambios en Cuba desde el poder de la coordinación y la afinidad.
Oswaldo también creía en la unión más allá de las siglas. Sin embargo, Estorino confirma lo que ya dice la Wikipedia al respecto, que Payá fue objeto de las suspicacias y la incredulidad de otros líderes luchadores por la democracia en Cuba, precisamente por la manera libérrima con que emprendió acciones en pos de la democracia en Cuba. Estas conjeturas, agrega, se entienden porque en un país totalitario y practicante de las censuras más absurdas, donde antes se asesinaba a mansalva a quienes disentían del poder, es difícil confiar en que alguien haga lo que Payá hizo sin pertenecer al aparato orgánico represor.
Julio Estorino continúa explicando que Oswaldo Payá llegó a ser un incomprendido entre sus propios homólogos intelectuales, pero eso no lo exime de ser un patriota, ni de que terminara muriendo por su patria.
Las madejas del poder
Cierto es que la voz de Oswaldo Payá no fue la que más fuerte se alzó, frente a la dictadura anquilosada de la Isla. Pero sí la más perpetua y profunda, pero sí una de las más inteligentes. Por eso estuvo oficialmente nominado al premio Nobel de la Paz. El defendió la posibilidad de abrir senderos de entendimiento desde dentro y lo hizo de forma irrefutable. Por eso fue “eliminado”. Los Castro y sus adláteres no podían permitir una voz más elevada que la de ellos, y mucho menos una voz tan clara.
Volviendo a aquel viaje en lada en el que Payá se dirigía a Trinidad, provincia de Sancti Spíritus es necesario insistir en que ninguna de las circunstancias de su muerte está esclarecidas. Las líneas de investigación nunca fueron reveladas y todo lo que rodea al accidente culmina en contradicción, con un español que ha dado dos versiones opuestas de lo sucedido y un sueco que declaró ir dormido en el momento del impacto del coche contra un árbol. También con la triste muerte del activista y opositor cubano, Harold Cepero, joven, inteligente y con todo el futuro por delante.
Fue una “eliminación” inútil, como todas las que han intentado.
Ahora la voz, la visión, el pensamiento y todo aquel sosiego que quisieron borrar con un aparente accidente en carretera, se multiplica en redes sociales bajo un hashtag global #OswaldoPaya y con el soporte ideológico de la plataforma #Cubadecide, impulsada por Rosa María Payá, su hija. También se sabe que la conspiración persecutoria tenía varios cerebros detrás, todos enfermos y entrenados para aplicar tácticas militares en sujetos civiles. Porque también está constatado que la denominación ‘Seguridad del Estado’ es conspicua, multiuso y contradictoria.
Oswaldo Payá no tuvo miedo a luchar por sus ideas. Verdadero
Impulsó un referendo por la libertad de todos los cubanos. Verdadero
Murió en un accidente de tráfico. Falso
Las circunstancias de su muerte no están esclarecidas. Verdadero
Murió por su patria. Verdadero
FUENTE: Especial

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