Wednesday, June 21, 2017

ENTRE LA ESPADA Y LA PARED

Angélica Mora
Apuntes de una Periodista
Nueva York
21 de junio, 2017

Raúl Castro se encuentra acorralado. Por un lado, se le desmoronaron los acuerdos que alcanzó con el presidente Barack Obama y por el otro ve que los venezolanos no cejan en su propósito de sacar a Nicolás Maduro del poder, lo que lo dejaría sin las entradas que todavía percibe por los envíos de petróleo.
El turismo desde Estados Unidos ha sido prácticamente bloqueado por Donald Trump, especialmente en lo que tiene que ver con inversiones y negociados de militares en este rubro y hay numerosos proyectos que se verán afectados, en la medida en que las nuevas implementaciones del plan se lleven a efecto.
Pese a todo el apoyo material y logístico empleado en la batalla de eliminar a la oposición y el pueblo de Venezuela, la reacción en la lucha por la libertad ha sido tan fuerte, que La Habana ve con temor que Maduro sea sacado del poder y con ello termine por completo el flujo petrolero que les llega desde la nación bolivariana
Con estos dos fuertes apoyos económicos fuera de su alcance, le queda solo el recurso de Rusia, que no parece muy dispuesta a proporcionar toda la ayuda económica requerida para la sobrevivencia de la casta castrista, pese a haber declarado su completa "solidaridad" con Cuba, luego del pronunciamiento de Trump en Miami.  
La ejecución del Presupuesto del Estado concluyó hace dos años con un Déficit Fiscal de 3 mil 406 millones de pesos, que equivale a un 4,1 por ciento del Producto Interno Bruto y no ha podido superarse debido a numerosas fallas en la conducción económica del país.
Raúl Castro destituyó recientemente al ministro presidente del Banco Central de Cuba, Ernesto Medina Villaveirán, por Irma Margarita Martínez Castrillón, en un esfuerzo para demostrar que mantiene en sus manos las riendas financieras cubanas.
Sin embargo, cualquiera medida que tome Castro, está fuera de su alcance el mantener el país en pie, sin que se produzca el derrumbe económico.
Por eso se revuelve en su actual miseria ordenando a sus subalternos que declaren internacionalmente que "Cuba jamás negociará bajo presión o amenaza".
Mientras tanto, los cubanos se preparan resignados a encarar tiempos peores al vivido en la década de los 90, con el Período Especial en Tiempos de Paz. 

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