Thursday, March 30, 2017

EVO MORALES Y LA UTILIDAD DE LA MUDEZ



Evo Morales y la utilidad de la mudez

El presidente boliviano viaja a La Habana para ser intervenido quirúrgicamente


Evo Morales, el 8 de marzo del 2017 (EFE)
Angel Santisteban
La Habana, 30 de marzo, 2017
Søren Kierkegaard aseguró alguna vez que de haberse dedicado a la medicina habría conseguido salvar al mundo condenando a los hombres al silencio; por suerte no se hizo médico y los humanos han seguido hablando hasta el día de hoy. Yo, que creo en el lenguaje hablado y también en el escrito, sospecho que el danés tenía un poquito de razón, y quien no esté de acuerdo que hurgue en los discursos de algunos hombres públicos y poderosos. Uno de esos será intervenido quirúrgicamente en La Habana, en estos días.
Resulta que Evo Morales viaja a esta ciudad para curarse de una enorme ronquera que le impide entregarse a sus acostumbrados discursos. La ministra de Salud y el de la presidencia fueron los encargados de anunciar a los bolivianos sobre la salud del presidente Morales. Según se dice, el gobernante del país sudamericano padece de una tumoración benigna en la laringe, y es esta la causante de esa ronquera. Los médicos cubanos aseguran que el procedimiento más eficaz sería el quirúrgico.
Así que tendremos a Evo en algún quirófano de la ciudad; también se dice que luego de la intervención deberá guardar silencio por unos días. Debe ser por eso que he pensado en Kierkegaard y en la utilidad que, en ciertas ocasiones, tiene la mudez. Y no crea nadie que soy un desquiciado que desea el mal ajeno, que me divierte la enfermedad, lo que sucede es que no siempre puedo dar la espalda a mi memoria. A veces ella me persigue, se planta en mi cabeza, en la silla turca, y por mucho que lo intente no consigo que me abandone.
Lo que me obceca ahora son aquellos imprudentes comentarios del presidente boliviano cuando se refirió a los pollos transgénicos. Quién no recuerda aquel dislate de Morales que aseguraba que esos pollos tenían muchas hormonas femeninas, y que quienes asaban, freían, o comían de cualquier manera esos bichos “infectados”, terminaban siendo homosexuales.
Sin dudas este hombre, además de homofóbico es bruto, y mucho, y sobre todo irresponsable. El infeliz no se detuvo a investigar en esa homosexualidad que existe desde que el mundo es mundo, y en ese mundo antiquísimo, hasta donde sé, no había pollos transgénicos, aunque supongo que si unos cuantos transexuales. Al presidente no le bastó con lo de la homosexualidad y culpó también a esos animalitos de producir la calvicie. Hasta puedo imaginar el desconcierto de todos aquellos oyentes que tuvo Evo en la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y la Madre Tierra, que se celebró hace algunos años en el pueblito boliviano de Tiquipaya.
¿Alguien se atrevería a entender como justas esas certezas de Morales? Por eso creo que el silencio es muchas veces un signo de inteligencia. Por eso creo en lo que decía Wittgenstain, ese famoso e inteligente filósofo alemán: “De lo que no se puede hablar se debe callar”. Y ahora este señor tendrá que guardar silencio por unos cuantos días para que su voz vuelva a ser normal. Y ojalá que el silencio le traiga sabiduría, y ojalá que pueda seguir comiendo pollos criollos. A mí también me gustaría comerlos, aunque ya no pueda salvarme de eso que, según él, producen los contaminados pollos que aquí se  comercializan.
En este país en el que vivo sí que se hace un silencio grande, aquí se aprendió a callar y a mentir, y nada se dice de esos pollos que se traen desde Brasil, y que resultan salvavidas para la familia cubana. Aquí el gobierno aprendió muy bien a cerrar la boca, y el que puede compra su pequeña pieza de pollo sin preguntarse de dónde vienen y qué comen, y mucho menos si esos animales fueron criados en libertad o se les condenó a cadena perpetua. Aquí hay que comer lo que aparezca, y si crece la homosexualidad ya se creará una nueva UMAP. Aquí aprendieron a callar, y es muy probable que Evo, en estos días de mutismo, sea entrenado en esos procedimientos. Y ojalá que para cuando recupere su tono de voz haya aprendido alguna cosa.

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