Tuesday, January 24, 2017

LA HABANA DICE QUE PREGONA LA VERDAD, PERO SOLO PUBLICA MENTIRAS

ICLEP-CIMARRÓN DE MAYABEQUE. EDITORIAL Medias verdades; mentiras completas.
Mayabeque, 24 de enero, 2017
Varios años pasaron desde que el ya no tan invicto comandante y el séquito de generales que conforman la nomenclatura de mayor poder, propinaran un contundente derechazo a la figura que durante décadas habían apuntalado como Presidente de la Asamblea Nacional en Cuba: Ricardo Alarcón de Quesada. Para el ex jefe del parlamento criollo fue imposible saber que le golpeó, cayó de rodillas balbuceando una sarta de palabras incoherente.
La suerte estaba echada, nada más quedaba evitar una caída más estrepitosa siguiendo la rima al contexto irreal pre establecido para desde la hegemonía de los medios, controlar la opinión pública. Mucho ha llovido desde entonces y se mantiene inamovible el mismo patrón, como técnica de supresión mental sobre la toma de decisiones y en contradicción con las formas democráticas de comunicación.
Como metodología, se mantienen las ideas y acciones dirigidas a forzar un estilo de vida único y conveniente. En una entrevista que le hiciera Lilibet Enríquez Infante a Miguel Díaz-Canel, miembro del Buró Político del Partido y primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros en Cuba, entre otras cosas el político declaró: “En nuestra prensa no hay mentiras”. “Nuestra prensa es sincera, lo que a veces no dice es toda la verdad.”
Más que proporcional y congruente, la caracterización de prensa realizada por el primer sustituto de Raúl Castro en palabras del Apóstol es “…uno de esos cultos, para que piense y escriba, para que justifique, atenúe y disfrace…” Un breve análisis a priori pudiera ayudar a aclarar algunos de estos conceptos, y es que si en la prensa cubana (oficialista) no hay mentiras, jamás se debería decir o manifestar la contrario de lo que se sabe, se cree o se piensa, induciendo al error a terceras personas, sembrando falsas y engañosas esperanzas, fingiendo y falsificando los hechos para quebrantar no solo las promesas hechas, sino la confianza de aquellos que en algún momento confiaron en cuanto se dijo.
Si la prensa estatal es sincera, entonces sólo se espera que actúe con pureza y libre de toda levadura, o mezcla que la adultere y la haga crecer en una representación que quebranta los equilibrios indispensables para el ejercicio ético.
Otro concepto de suma importancia que se le escapó al político, es el de mediático, que según el diccionario es la acción y efecto de intervenir dificultando o impidiendo la libertad de acción de una persona o institución en el ejercicio de sus actividades o funciones.
¿Cuándo dejara de ser el gobierno que emplea a Díaz Canel, el aparato omnipotente que decide que decir, escribir y publicar en los medios de prensa que por demás, son propiedad propia? Detrás de una fachada de “nombres heroicos y hechos supuestamente grandes”, un puñado de autoritarios arrellenados y los secuaces que hambrientos de poder calientan la banca en espera de obtener protagonismo, someten a las instituciones e infraestructura social desde las plataformas de instrucción y comunicación.
Pero la mentira tiene patas cortas y la verdad siempre le da alcance. El proyecto que personajes como Díaz Canel defiende, es, sin lugar a dudas, el mejor ejemplo de una utopía en su frase crónica e irreversible: falacia. Al parecer los políticos de dicha categoría olvidan que la historia no recoge intrigas, solo hechos palpables. Nadie nunca ha sido tan necesario, y mucho menos imprescindible, como tampoco lo fueron Carlos Lage, Felipe Pérez Roque o el propio Alarcón. Lo mejor que pueden hacer es poner manos a la obra, y liberar los grilletes que en pleno siglo XXI oprimen a la prensa cubana.

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