Thursday, January 19, 2017

DONALD TRUMP HA TRIUNFADO, PERO LOS PELIGROS CONTINUAN 2 PARTE

Nuevo Acción
No hay precedente en la Historia de EEUU de algo como esto.

Segunda parte:

Amenazaron con todo. Si elegían a Trump, dijeron los sesudos economistas demócratas, se repetiría la crisis del 1929, las bolsas se derrumbarían, habría hambre, miseria, muerte, desolación, desempleo total, el fin del mundo, el Apocalipsis. Compararon a Trump con Hitler, con Chávez, con Maduro, lo acusaron de ser una agente infiltrado de los Clinton.
En la rabieta y el pataleo ordenaron a los empleados de las oficinas de campaña de la candidata demócrata que se trasladaran a más de 50 ciudades ganando 18 dólares la hora y se organizaran para manifestar contra la legítima elección de Trump. Los instruyeron para que crearan disturbios. En Oregon detuvieron a 112 de estos manifestantes; 70 no eran de Oregon. Quemaron automóviles, destruyeron negocios. Las banderas rojas de la hoz y el martillo y los retratos del Che encabezaban las manifestaciones contra el Presidente electo. No hay precedente en la Historia de EEUU de algo como esto.
Tres jóvenes afroamericanos sacaron de su automóvil a un anciano simpatizante de Trump y lo patearon, le dieron una paliza brutal. Tres muchachas afroamericanas le hicieron lo mismo a una estudiante blanca porque dijo simpatizaba con Trump. La chusma demócrata enfurecida, siguió por semanas, en manifestaciones, destruyendo propiedades y estuvieron financiadas por George Soros.
Luego recogieron firmas, en una plataforma de Soros llamada Change.org, para que el 19 de diciembre, el Colegio Electoral, quitase a Trump y nombrase presidenta a Hillary Clinton. Lograron alcanzar millones de firmas.
Soros, chivato de los nazis cuando estuvo en un campo de concentración, y el mayor donante al Partido Demócrata, convocó a una reunión en Washington de tres días con otros billonarios demócratas y dijo públicamente que esa reunión era para discutir cómo utilizar sus fortunas para “aniquilar” a Trump. Usó la palabra “aniquilar” contra el presidente de los EEUU. Esas manifestaciones han continuado. Esos atropellos de la escoria mundialista ha seguido. Pero ninguno de los periodistas- activistas ha dicho una sola palabra contra toda estas campañas para revertir la libertad expresada en las urnas por decenas de millones de estadounidenses.
Cuando CNN le mandaba a escondidas a la Clinton las preguntas que le harían en una entrevista, ¡no se equivocaban! Cuando los canales de TV le pedían a Podesta que le mandaran una lista de las preguntas que Hillary Clinton quería que le hicieran, ¡no se equivocaban!. Cuando Podesta les ordenaba que en encuestas a mil personas 800 tenían que ser demócratas y lo hacían: ¡no se equivocaban! Cuando Podesta les pedía que siempre en las encuestas hicieran trampas y agregaran puntos extras a Hillary Clinton y lo hacían, ¡no se equivocaban!. Cuando desprestigiaban a Trump atribuyéndole declaraciones que nunca hizo, ¡no se equivocaban!

Si todos esos periodistas tuvieran un átomo de vergüenza, un ripio de dignidad—que no tienen—deberían renunciar a una profesión como el periodismo que debe ser la conciencia de la sociedad. Nada es más aborrecible y despreciable que un periodista cuando miente de forma intencional y traicionando así una profesión tan hermosa.
La palabra se ha hecho para decir la verdad, no para encubrirla. Sería tan inútil como regalarle una orquidea a una vaca, posiblemente se la comería sin descubrir siquiera la exótica belleza de la flor.
Pero están como si nada hubiese pasado. Trump todavía no está gobernando, y ya lo están criticándolo por la cosas malas que todavía no ha hecho y que ya ellos saben que va a hacer. Son visionarios, pero no pudieron ver la derrota, la paliza monumental que el pueblo les dio. Dicen con desvergonzado desparpajo que Trump se citó con prostitutas rusas en Moscú, que es un espía de Putin, que con él los océanos se secarán y que sería inevitable bajo su mandato una tercera guerra mundial. No le perdonan ni le perdonarán nunca a Trump que el pueblo estadounidense no escuchara a sus élites, ni a sus medios de comunicación, ni a sus actores, ni a sus banqueros, que les decían que lo mejor era votar a Hillary Clinton. El pueblo americano no quiso escuchar las amenazas de Soros, de los banqueros centrales del resto de grandes países, ni a los líderes izquierdistas mundiales, ni a los principales dirigentes políticos y económicos europeos, y en lugar de ello propinó un histórico “jaque” al globalismo, provocando una ruptura sin precedentes entre el pueblo y los poderosos. Tal vez porque solo podía ser un país hecho a sí mismo con sangre, sudor y lágrimas quien dijera “basta” al gobalismo, el descontrol, la dictadura de los ‘lobbies’ y la insufrible dictadura de Wall Street.
Como no han podido evitar que Trump resida en la Casa Blanca, ahora pretenden su destitución como presidente del país. George Soros, como siempre, mueve los hilos y los periodistas-títere, canallesca tropa sin moral ni principios, repite incansable el manual que se les dicta.
‘Impeachment’

Hillary Clinton y George Soros.
Ya sea por un informe anónimo atribuido a un exagente de Inteligencia británica que contiene supuesta información “comprometedora” contra el presidente electo de EE.UU., Donald Trump, o por algún otro escándalo relacionado con el multimillonario estadounidense, “es muy probable que sufra un ‘impeachment’ dentro de los primeros 12 a 18 meses” de su presidencia, sostiene la profesora de política de la Universidad de Mánchester (Reino Unido) y experta en política estadounidense Angelia Wilson.
Trump “se ha convertido en un agobio para el Partido Republicano”, ha comentado Wilson a ‘The Independent’. A su modo de ver, en algún momento los republicanos “necesitarán distanciarse de él” para no socavar sus posiciones en la Cámara de Representantes.
En Estados Unidos, el ‘impeachment’ del presidente es el inicio de su destitución por “traición, soborno u otros delitos graves y faltas” y solo dos líderes del país se enfrentaron a este procedimiento, Andrew Johnson en 1868 y Bill Clinton en 1998, y ambos fueron absueltos. El mismo proceso iniciado contra Richard Nixon en febrero de 1974 terminó con su dimisión voluntaria.
El profesor de ciencias políticas del Instituto de Tecnología Rose-Hulman (EE.UU.), Terrence Casey, ha subrayado al periódico británico que el ‘impeachment’ está relacionado con “delitos penales y que en ese sentido no tiene que ver con el apoyo público”, aunque “también es un acto político”. “Los procedimientos del ‘impeachment’ de Bill Clinton solo pudieron suceder porque había un partido opositor al mando del Congreso”, ha explicado.
“En el caso de Trump, habría que convencer al Congreso republicano de iniciar el ‘impeachment’ contra un presidente republicano, lo que podría fracasar si aún tuviera apoyo público ―como le pasó a Clinton― y podría tener éxito si no tuviera ese apoyo, como en el caso de la dimisión de Nixon”, opina Casey

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