Wednesday, January 18, 2017

DONALD TRUMP HA TRIUNFADO, PERO LOS PELIGROS CONTINUAN 1 PARTE

EL MILLONARIO GEORGE SOROS YA MUEVE SUS HILOS



Donald Trump, de espalda a los poderes mundialistas, en la Torre Trump de Nueva York, el 13 de enero de 2017.
Nótese que en este artículo han utilizado casi completo el artículo escrito por Armando Vallladares, titulado “No se equivocaron” que fue publicado el primero de diciembre en Nuevo Acción
 Trump se enfrentó a la campaña mediática más sucia de toda la historia de los procesos electorales en Estados Unidos. Pensada, pagada y organizada por el Partido Demócrata y apoyada en algunas ocasiones por el establishment del Partido Republicano, unas veces abiertamente y otras desde las sombras y la intriga, por quienes solo pensaron en su orgullo y en sus ambiciones frustradas, y no en lo que significaba para este país la elección de Hillary Clinton. No tuvieron el valor de definirse, se olvidaron que los líderes tienen que tomar decisiones y correr el riesgo de equivocarse. Decía José Martí que “en épocas de crisis políticas, la neutralidad era una zona reservada a la cobardía”.
Darle las espaldas a Trump fue un acto irresponsable, que puso en peligro los cimientos morales y la seguridad de esta gran Nación, era abrirle las puertas a la corrupción “legalizada”, a la desmoralización de los valores que hicieron grande a este país, ese objetivo que el Presidente Obama inició y que continuaría Hillary Clinton si era electa junto a su esposo y el magnate del Partido Demócrata, Jeffrey Epstein.

Pero no estaban solos en ese empeño. Los respaldó y apoyaron todos los canales de TV, excepto Fox y todos los periódicos, excepto el Wall Street Journal.
Mintieron, le atribuyeron decenas de declaraciones que Trump nunca hizo y ocultaron otras. La misma prensa que convirtió a Fidel Castro en un romántico Robin Hood; la misma prensa que convirtió al Che Guevara en un ídolo a imitar por las juventudes del mundo, esa misma prensa que silenció la financiación del terrorismo islámico en el mundo por Arabia Saudí, donante de Clinton, convirtió a Trump en una especie de monstruo universal.
Trump tiene motivos más que sobrados para desconfiar de la prensa. Cuando un periodista utiliza el privilegio de llegar a miles de personas, para engañarlas, para desinformarlas, para manipularlas, se convierte en una amenaza para la sociedad.
Y en la campaña presidencial se mintió, se desinformó, se manipularon las noticias en contra de Donald Trump. Esos periodistas prostituyeron la profesión; verdaderas hetairas de nombres prestigiosos en la profesión se vendieron como vulgares rameras.
El 91% de la cobertura a Trump fue negativa. La famosa declaración de Trump diciendo que por la frontera entraban mexicanos cargados de drogas, violadores, terroristas etc etc, terminaba agregando “y asumo que también entran buenas personas” (textual). Esta última frase a los dos días desapareció de la prensa.
En Miami se organizó una campaña diciendo que Trump se había referido a todos los mexicanos, (cosa esta falsa, solo se refirió a los que entraban ilegalmente) y lanzaron el slogan de “TODOS SOMOS MEJICANOS”. Después dijeron que se habían referido a todos los hispanos, mentira también. Se llegó a decir que Trump había declarado que entraban mejicanos terroristas. En programas de radio, se mintió, se manipularon las noticias, se ocultó las que favorecían a Trump y se callaron las verdades de los escándalos y corrupción de la Clinton. Muchos de los que solo escuchaban esos programas, nunca se enteraron de lo que pasaba. Los dos canales de TV hispanos participaron de toda aquella conspiración uniéndose al lema de “PARAR A TRUMP’.
Con el triunfo de Trump se vino abajo toda esa campaña mediática. Llegaron a creerse sus propias mentiras, crearon un círculo artificial, y se mentían unos a los otros. Los cerebros grises de la sociedad, los “analistas políticos” más brillantes, excelsos e iluminados “demostraban” por qué Hillary Clinton iba a ganar las elecciones y Trump –como dijo uno de esos gurus políticos- no lograría ni el 20% de los votos.
Había que ver y escuchar a aquellos comentaristas y analistas demócratas de renombres encumbrados, en la pingorota de la fama y el conocimiento, desde lo alto de sus tronos excelsos, ilustrar a la masa acéfala e inculta sobre las bondades, cualidades y bendiciones que traería a este país la elección de la Clinton. Por los micrófonos y las cámaras desfilaron los doctores, altos funcionarios de otras administraciones demócratas, sabios llenos de estadísticas y argumentos respaldando a la delincuente mayor.
Cuando al príncipe Saudí, en New York, le preguntaron sobre las elecciones, declaró que le interesaban mucho y que Arabia Saudita estaba financiando el 25% de la campaña de Hillary Clinton. Este príncipe no sabía que aceptar dinero de otro país para campañas políticas es un delito en EEUU. ¿Qué dijo la prensa complaciente? Nada. ¿Qué dijeron los líderes demócratas? Nada. No les importaba que su candidata aceptara dinero del país que financió a los que dinamitaron las Torres Gemelas.
Llegaron al clímax de la aberración, negando la gravedad del contenido de los correos de Wikileaks, diciendo que eran chismes de aldea… Para ellos, el enriquecimiento de los Clinton vendiendo información al enemigo, el desacato; la destrucción a martillazos de los teléfonos y computadoras; los escándalos de la Fundación Clinton; la venta a Putin del 20% de la reservas de uranio de EEUU, a cambio de una comisión de 100 millones de dólares, todo eso no tenía importancia.
La corrupción escandalosa del director del FBI, de la fiscal general, Loretta Lynch, que se acogió a la Quinta Enmienda… lo que se ha visto con la administración demócrata no tiene precedentes en la Historia de EEUU.
Todo estaba preparado. Ya se habían repartido los cargos futuros. Había puestos importantes para activistas del progresismo mundialista que come en las manos de los Soros, Rothschild y Rockefeller. Y entonces comenzaron a publicarse más cables de Wikileaks. El pueblo tuvo acceso a internet. Se conoció al detalle la podredumbre, la corrupción, las traiciones a sus propios camaradas en el caso de Sanders, la carencia de escrúpulos.
Y ocurrió lo que no podía suceder…se les cayó el mundo encima, de nada sirvieron los tres millones de votos fraudulentos depositados ilegalmente en California, los cientos de miles en Virginia, en New York, donde hubo quienes votaron siete veces. El fraude en Broward y muchas otras ciudades.
Revolcándose en su propia hiel y amargura, prepotentes y soberbios comenzaron a calificar a los que votamos por Trump como la chusma inculta, los no educados, los que no fueron al colegio.
Los doctores, los master, los intelectuales, los educados y cultos, los leídos y escribidos, no lograron convencer con sus mentiras a más de 65 millones de norteamericanos. Trump barrió con ellos. El pueblo barrió con ellos. Auguraron que los demócratas ganarían el Congreso, el Senado, las gobernaturas; pero ocurrió todo lo contrario.
(Sigue)

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