Wednesday, January 25, 2017

ASÍ TE RECORDAREMOS, ARTURO PÉREZ DE ALEJO

Nuestros corazones están de luto:
Miami, 27 de enero, 2017
Normando Hernández
Nos conocimos donde en verdad se conocen a las personas: la cárcel. Su forma de ser acaparaba la atención tanto de los presos políticos como la de los comunes. Los guardias no se quedaban atrás y cada vez que tenía la oportunidad entablaban conversación con ese sabio guajiro que respiraba hasta por los poros la sabiduría de los hombres de principios que convencen con la palabra y su humilde ejemplo ético, moral y honrado que muy pocos tienen y que muchos intentan imitar.
 Recuerdo los tiempos en que estuvimos aislados en los calabozos. Sin ver la luz del sol. Acribillados por los mosquitos. Subalimentados. Sin saber de nuestras familias y solo acompañados de los centinelas que robaban en nuestras pertenencias, que también las tenían como presas para que no pudiéramos acceder a ellas mientras estábamos en el castigo.
No olvidaré el día en que la Policía Política intentó Chantajearlo. El guajiro de carácter afable, el que cantaba canciones románticas, el que siempre tenía una sincera sonrisa, el que daba consejos para que los demás se evitaran problemas llegó al calabozo de al lado del mío diciendo las cuatro verdades: “Esta gente piensan que todo el mundo es como ellos”. “No tienen vergüenza”. “No saben lo que es tener principios, dignidad”. “Son una basura”. Cuándo le pregunté lo que pasaba me contestó aún indignado: “Nada, que allá afuera está mi familia y los de la Seguridad de Estado me dijeron que si me ponía la ropa de preso me darían visita y me sacarían del calabozo. Imagínate la cantidad de verdades que les dije”.
De más está decir que ese día Moraima o como a él le gustaba decirle “Mora Linda” tuvo que regresar poco más de 400 Km (Pinar del Río a Manicaragua, Santa Clara), sin poder ver a su amado esposo y padre de sus dos hijas. Él con el corazón estrujado por el sacrificio de su familia sufría en silencio. Pero su convicción y compromiso con la Patria lo mantenía con la cabeza enhiesta sin dar sosiego a sus verdugos.
Del castigo que compartimos juntos salimos triunfadores. No recuerdo si fueron dos o tres meses dentro de los calabozos de la Prisión Provincial de Pinar del Río, Kilo 5 ½. Pero si recuerdo que Arturo Pérez de Alejo nunca más vistió ropa de preso. Nuestro gran amigo entró a prisión gozando de buena salud.
Después de una sanción de 20 años de privación de libertad y de cumplir poco más de 7 años preso, su salud no era la misma. Hace apenas unos meses luchaba contra una penosa enfermedad hasta el día de hoy que fue a reunirse con Dios. Arturo Pérez de Alejo, pidió que lo cremaran.
Quería que lo recordaran como siempre fue. Y así será. Mi gran hermano, mi buen amigo siempre te recordaremos como un GRAN HOMBRE, GRAN PATRIOTA, EXCELENTE ESPOSO, EXCELENTE PADRE, BUEN AMIGO.
Así te recordaremos, Arturo Pérez de Alejo

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