Thursday, November 10, 2016

ERA IMPOSIBLE QUE TRUMP GANARA LA PRESIDENCIA, PERO...INDIGNACIÓN Y CASTIGO




Una seguidora de Donald Trump. (THE ATLANTIC)
DDC
Eugenio Yáñez
  | Miami | 10 de Noviembre de 2016 
Sin embargo, Donald Trump derrotó no solamente al Partido Demócrata, sino también a una parte del Republicano, sobre todo a su establishment, que le viró la espalda y le hizo la guerra desde el comienzo.
Se anunciaba que las mujeres votarían masivamente contra Trump. Y los afroamericanos. Y los "latinos". Pero nada de eso sucedió en las cantidades esperadas. Y el conteo de votos populares mostró a los electores divididos al 50-50%.
Lamentable el papel de Mitt Romney intentando desprestigiar al candidato de su propio partido. El de Carlos Gutiérrez, exsecretario de Comercio de George W. Bush, declarando en un anuncio por televisión que votaría por Hillary Clinton. El de la familia Bush, que después de ser aplastado Jeb al comienzo de las primarias, se encerró en el silencio y el sabotaje a la campaña de Trump. Lamentables algunos candidatos derrotados en las primarias que, después de comprometerse por escrito a apoyar a quien resultara ganador, no cumplieron su compromiso cuando Trump los derrotó. Lamentables los representantes federales cubanoamericanos, republicanos, que se desentendieron de quien finalmente sería el futuro presidente de EEUU.
Quienes pensaban que solo se trataba de que Donald Trump perdiera esta elección para que todo regresara a los buenos viejos tiempos, no entendieron nada. El simple hecho de haber logrado convertirse en candidato presidencial por sobre otros 16 aspirantes, ya había puesto en crisis no solamente al Partido Republicano, sino también al Demócrata.
Más que lamentables, patéticos, los "expertos" del sur de Florida que se opusieron todo el tiempo a Trump e hicieron todo lo posible por desacreditarlo. No por haberse opuesto a él, sino porque fueron incapaces de vislumbrar sus posibilidades reales. Uno de tales "expertos" decía, días antes de las elecciones, estar preocupado porque los electores echarían la culpa de la derrota republicana a los que como él hacían campaña contra Trump. ¿No pensó en preocuparse sobre cómo quedaría ante los republicanos de a pie en caso de una victoria del candidato?
Más que patéticos, bochornosos, algunos programas de radio y televisión que decidieron olvidar la objetividad y rigor periodístico que debían caracterizarlos, para apoyar a Hillary Clinton. Tenían todo el derecho a hacerlo, pero no a pretender que al mismo tiempo se les continuara considerando programas serios de análisis. Y si habían decidido lanzarse a la piscina demócrata, lo más recomendable hubiera sido comprobar si tal piscina tenía agua.
Uno de esos programas, que a veces parecía ser la voz del Partido Demócrata en el sur de Florida, presentó hace casi un mes a un encuestador profesional diciendo plácidamente que ya esta elección estaba decidida, y que ganaría Hillary Clinton, así que no era necesario perder más tiempo analizando.
En ese mismo programa, la noche de las elecciones, otro iluminado declaró burlonamente que mientras Donald Trump quería construir un muro en la frontera con México, los puertorriqueños del "corredor de la I-4" (zona de Florida alrededor de la carretera interestatal número 4 entre Tampa y Orlando) habían construido un muro anti-Trump en ese territorio. Aparentemente, el muro era de mantequilla y se derritió muy pronto.
Contra Trump se lanzaron abiertamente también, sobre todo a última hora, algunas páginas digitales que abordan el tema cubano en la red de redes; una de ellas situó la alternativa entre el progreso y el fascismo. También, claro está, estaban en todo su derecho a hacerlo. Pero no a que fueran considerados análisis serios y objetivos lo que no era más que burda propaganda electoral. Igualmente, algunos opositores y periodistas independientes desde la Isla despotricaron contra Trump, con todo su derecho, pero demostrando también, igual que determinadas páginas digitales de temas cubanos, su desconocimiento de las realidades electorales americanas.
Y ni hablar de la prensa "seria" de Estados Unidos. Durante meses, The Washington Post enviaba diariamente a mediodía, disfrazados de actualización de información, correos electrónicos con "noticias" contra el candidato republicano, mientras que The New York Times, CNN y muchas cadenas de televisión se alineaban más o menos discretamente contra quien terminó resultando ganador. Univisión y Telemundo no se ocultaban para hacerlo. El Miami Herald se comportó como mucha prensa radial y televisiva del sur de Florida.
El último fantasma mencionado, la posibilidad de que Trump no reconociera su derrota, resultó a la inversa. Contrario a la respetable tradición americana, Hillary no reconoció públicamente su derrota esa noche, y esperó al día siguiente, quién sabe si para acabar de asimilar la realidad que su enfoque triunfalista, y el de sus asesores, ignoró durante mucho tiempo.
¿Cómo hará Donald Trump su trabajo en los próximos cuatro años? El tiempo dirá. Y con relación a Cuba sabemos muy bien que una cosa dicen los candidatos durante la campaña electoral y otra hacen cuando llegan al Gobierno y deben enfrentar la realidad cotidiana.
Terminada la contienda, sobre todo después de una prolongada campaña que no resultó nada elegante ni decente por ninguna de las partes, habrá que regresar al lenguaje unitario y de consenso, restañar heridas y avanzar como nación fuerte y unida para enfrentar los retos que el país tiene por delante.
Ahora, después de la jornada electoral, ocurre lo de siempre tras el final de una competencia, sea electoral, deportiva, comercial o de cualquier tipo: los triunfadores celebran la victoria, mientras los perdedores explican por qué perdieron. Sobre todo si el vencedor esta vez era "imposible" que ganara.

DONALD TRUMP: INDIGNACIÓN Y CASTIGO
 
¿Cambiará Donald Trump esa matriz dominante en el Departamento de Estado frente a nuestra región? Una golondrina no hace verano. Un cuervo tampoco. En rigor, nuestra liberación es problema nuestro. Es de esperar que nuestra indignación ante los abusos de la dictadura coarte la blandenguería de quienes se niegan a enfrentar al monstruo y dilatan la resolución de nuestra grave crisis. Finalmente, es lo único que debe importarnos. La caridad comienza por casa. 
Antonio Snánchez Garcia
catdrático chileno-venezolano
 
 
            Hace unos meses, cuando Donald Trump irrumpiera como un vendaval en las primarias republicanas, escribí un artículo titulado LA EXPLICABLE SORPRESA en la que afirmé lo que anoche se ha visto dramáticamente confirmado: “Los fundadores del Mayflower se sienten incómodos en los apretados botines que les ha impuesto el complaciente liberalismo del laisser faire laisser passer impuesto por el gobierno Obama. De modo que desde sus bastiones del Este de las naciones que conforman los Estados Unidos, se han volcado en masa a votar por quien amplifica sus reclamos y obedece a sus protestas: Donald Trump. Un complejo racimo de descontento: racial, político, social, nacionalista y tradicional. Huele a añejos descontentos que causaran más de una tragedia en la tormentosa historia de la humanidad.” Finalmente anticipaba una posibilidad en absoluto descartable, como afirmaran todos los imperios mediáticos aterrados con tal eventualidad: “Donald Trump arrasa en los cuatro puntos cardinales, será con absoluta seguridad el precandidato elegido para medirse con la demócrata Hillary Clinton y no sería en absoluto sorprendente que terminara conquistando la presidencia de los Estados Unidos en este confuso momento de la historia global. Fin del primer capítulo.”
 
         Sin entrar en los pormenores del acontecimiento, que por razones naturales en un país que se hunde en la incompetencia, el caos, la ruindad y la desidia, me encuentro absolutamente incomunicado – me entorpecen el uso del ABA y CANTV no parece dispuesta a reponerme el servicio – mi primera reflexión es que el arrollador triunfo republicano llega a destiempo. Pues a redropelo de lo que afirman los analistas y las encuestas, Obama habrá sido un excelente gerente en asuntos de política interior, que al parecer para él la caridad comienza por casa, pero ha sido el clásico exponente de la blandenguería demócrata y el desprecio a los lineamientos sentados por Ronald Reagan y los republicanos en política exterior. Su absoluto desinterés por nuestra región, de cuyos problemas jamás tuvo la menor conciencia,  y su menosprecio de la tragedia venezolana lo confirman. Por fortuna, esta vez La Florida no le arrebató la victoria a los republicanos, como se la arrebatara al excelente candidato que se oponía a Obama. Que si el Departamento de Estado continúa las líneas maestras impuestas por Hillary Clinton, que se derretía por Lula da Silva, no habría la menor esperanza de un acercamiento a las líneas que comienzan a imponerse, por fortuna, en América Latina.
 
         En una conversación informal sostenida hace unos días con un grupo de amigos, ante la pregunta sobre mi opinión respecto a las perspectivas electorales, dije: “del mismo modo que no me sorprendió la victoria del NO en el plebiscito colombiano, del mismo modo no me sorprendería la victoria de Trump en las elecciones norteamericanas. Hay cansancio e indignación ante la pasividad frente al renovado embate del terrorismo a nivel mundial. En nuestra región, incluso asco ante la impunidad con que procede el castrismo, no sólo en Venezuela. Ahora con el respaldo de Washington y el Vaticano.”
 
         ¿Cambiará Donald Trump esa matriz dominante en nuestra región? Una golondrina no hace verano. Un cuervo tampoco. En rigor, nuestra liberación es problema nuestro. Es de esperar que nuestra indignación ante los crímenes de la dictadura coarte la blandenguería de quienes se niegan a enfrentar al monstruo y dilatan la resolución de nuestra grave crisis siguiendo las promesas de diálogo como las ratas al flautista de Hammelin. Finalmente, es lo único que debe importarnos. La caridad comienza por casa.
 

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