Tuesday, November 15, 2016

DIOS MIO, ESTE HOMBRE PIENSA IGUALITO QUE YO


TERCO COMO UN MULO


muloESTEBITAOTRACONO
Por, Esteban Fernández
Hace poco les hablé de mi “confort zone”, y como les había prometido hoy les hablaré de mi intransigencia. Si usted busca en el diccionario “obcecado, empecinado, cabeza dura y porfiado” aparece mi foto.
Es posible que la terquedad sea producto de la vejez. Siempre he escuchado decir que los viejos son muy tercos. Pero en mi caso les juro que soy intransigente desde que tengo uso de razón. Sin embargo, no es menos cierto que mientras más pasan los años más mulo me pongo.
En política, en religión, en cuestiones morales, y en todo, soy inflexible. Creo en lo que creo y de ahí nadie me saca ni a “matao”.
Pierde su tiempo todo aquel que intenta cambiarme un concepto, porque todos ellos están cimentados en creencias muy firmes, antiguas y requetepensadas. Ningún juicio ni convicción actual nadie me lo inculcó ayer, ni lo leí antier, todos se encuentran afianzado en por lo menos 55 años de experiencias adquiridas. Ahí no hay caídas.
Lo que yo escribo puede ser que en contadas ocasiones y en determinado detalle lo haya consultado con algún íntimo amigo con anterioridad. Aunque eso no pasa casi nunca no porque yo sea infalible sino porque mis íntimos amigos piensan exactamente igual que yo. Y ¿para qué molestarlos si vamos a concordar siempre? Ese es un requisito que mi contumacia exige.
A mí me dan pena algunos que después de salir mi columna intentan discrepar conmigo, porque en lo que yo escribo no tengo dudas. Todo está pensado, fríamente calculado, y no tienen que ser verdades para los demás pero son verdades absolutas para mí. Pero admito las críticas y quejas bien intencionadas como por ejemplo las del escritor Roberto Luque Escalona que le he creído cuando me ha dicho que estoy equivocado un par de veces. También cuando hace años puse que la carabina M1 que tenía el Che Guevara en Bolivia era una basura y Henry Briggs me demostró que era un arma magnífica.
Sí, soy testarudo y no soy masoquista, por lo tanto no leo a nadie que defienda a mis enemigos jurados. Tampoco los escucho. Para ponerles un ejemplo: diariamente yo veo por la televisión -y es uno de mis programas favoritos- “The Five” por Fox News pero cuando le toca hablar a Geraldo Rivera lo pongo en “mute” o cambio de canal. Desde un día en que dijo que “el momento más emocionante de su vida fue cuando conoció a Fidel Castro” le hice la cruz doble. Entonces para mí nada que hable, opine o crea este señor es digno de que yo lo escuche. Y nada más acepto los ocho colores originales.
¿Ustedes no ven diariamente la gran cantidad de inmoralidades que nos quieren meter por las cabezas y hacer creer que son cosas buenas y modernas? Y yo no acepto eso, para mí lo que no era moral cuando yo era un muchacho sigue siendo inmoral 60 años más tarde. Yo trato de modernizarme sin aceptar lo que para mí son indecencias. Ahorita quieren hacerme creer que acostarme con una yegua es bueno.
No hay nadie en el mundo que me convenza -ni que lo escuche en su intento- de que Raúl de Molina y Don Francisco con simpáticos, ni que la música de Reggaeton es un ritmo agradable, ni que Don Omar ni Daddy Yanqui son buenos cantantes, ni que Hillary Clinton es honrada y sincera.
No ha nacido quien consiga que yo lea un párrafo defendiendo a los hermanos Castro ni a su siniestra revolución. Hay quienes intentan enviarme correos castristas y no me demora ni un segundo hacerles “delete” y bloquear al degenerado que se atreve a esa falta de vergüenza.
Dicen por ahí que “hay que respetar todas la ideas”. Disculpen pero eso no va conmigo. ¿Saben cúales ideas a mí me encantan? Solamente las de los anticomunistas radicales, es decir, las de los que piensan como yo.
Yo no soy como los políticos que dicen una cosa hoy y otra completamente diferente mañana y se contradicen en lo que dijeron hace unos años. Ni soy como los que tarde o temprano tienen que tragarse sus mentiras y pedir disculpas públicas por una barrabasada.
Ni actúo como las mayoría de los políticos que se atacan virulentamente y seis meses más tarde se dan un abrazo. Por lo tanto, al que encuentre -después de tantos años escribiendo- una contradicción de mi parte, un flip-flops, una evolución, un cambio de casacas, en mis pensamientos le regalo un carro De Soto del 2016.

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