Thursday, November 17, 2016

CARTA ABIERTA DEL EX PRESO POLITICO JORGE ALBERTO LIRIANO LINARES

Por Jorge Alberto Liriano Linares
Hablemos Press.
CAMAGUEY.- El pasado 13 de agosto fui liberado por cumplimiento de sanción. Los últimos seis meses de encierro permanecí confinado en la prisión de Máxima Seguridad, Régimen Especial, Kilo 8; tal vez fui enviado a la prisión para que nunca olvidara el dolor del presidio.
Es cierto que en esta prisión el riesgo es mucho mas sistemático, pero ya para nadie es un secreto que en el interior de las prisiones, a nivel nacional, la única garantía de vida que se conoce son los maltratos; las torturas físicas y psicológicas, la humillación y el menoscabo a la dignidad humana; que prevalece el hacinamiento, la insalubridad, el hambre y las enfermedades.
Es un hecho probado que la política represiva del Sistema Penitenciario, lejos de educar y rehabilitar envilece, destruye y mata hasta la propia ilusión de seguir viviendo. La deplorable situación en que viven y son tratados los prisioneros cubanos reflejan la total desvalorización del concepto humano del sistema Castro-comunista; hay que vivirlo en carne propia; sufrirlo, para poderlo creer.
El rigor de las Cárceles Cubanas, y en especial el que se aplica a los presos políticos, es extremo.
El mismo día de mi  Liberación me trasladé  a La Habana, porque ya había sufrido mi primer arresto en  territorio Villaclareño,  donde me declararon persona no grata después de abandonarme en la Autopista Nacional, donde milagrosamente pude abordar  un camión rastra y llegar a la Capital.
Ya no tengo casa  donde vivir; mi vivienda fue confiscada por el régimen  en el año 2001, a raíz de mi encarcelación; y por razones ideológicas también perdí los vínculos con mi reducida familia.
Ya en La Habana, luego de dormir en la terminal y deambular por las calles, fui recibido por hermanos del Frente Nacional de Resistencia Cívica (OZT) y Directivos del Partido Pro-Derechos Humanos afiliado a la Fundación Andrei Sájarov, los dignos compatriotas Sara Martha Fonseca Quevedo y Rodolfo Ramírez Cardoso, a quienes agradezco  sinceramente y de todo corazón su hospitalidad provisional.
Todo cuanto hoy enfrento no me sorprende; es una realidad que tarde o temprano debía enfrentar; no obstante, a pesar de todas las adversidades y penurias que enfrento, quiero dejar bien claro que nada me hará doblegar. Traigo de Dios su bendición y de Martí el pensamiento. Sufrir por la libertad del pueblo que me vio nacer me llena el pecho de orgullo; sobran las ideas de principios que jamás podrán someter ni doblegar.
En mi concepto, la dignidad no es sólo una palabra; la dignidad no tiene precio, y mucho menos admite chantajes; pues no se trata sólo de mí, se trata de la cruel realidad que sufre mi pueblo y la podredumbre en que se debate, tras más de medio siglo de dictadura totalitaria.
No se trata de mi miseria, sino de mis hermanos, a quienes no puedo olvidar; los prisioneros políticos que exponen sus vidas, día tras día, en el interior de las cárceles. Resulta imposible olvidar a los miles de presos comunes en condiciones infrahumanas, a quienes se les violan y ultrajan todos sus derechos; se trata de las muchas verdades que he publicado y continuaré publicando; de la libertad y democracia del pueblo.
Siento que a un hombre lo pueden encarcelar; lo pueden destruir y arruinar su bienestar, hasta verse viviendo en las calles, carente del más mínimo recurso; le pueden hasta quitar la vida, pero jamás podrán vencerlo.
En estos duros y largos años de encierro, y de violaciones a mis derechos humanos; de dolorosas perdidas familiares y de extrema represión, donde tuve que enfrentar salvajes golpizas, crueles torturas en Celdas de Castigo y las injusticias y abusos de extrema aberración -al punto de arriesgar mi vida constantemente- nunca lograron doblegarme, ni arrebatarme la dignidad, la moral y el espíritu de luchar que me caracteriza; por ello, ayer desde el encierro y hoy desde las calles, continuaré levantando mi voz y seguiré apelando a la verdad como nuestra principal arma.
Hago mías las palabras del Apóstol cuando expresó:  “¿Qué derecho tengo yo a derramar lágrimas cuando otros sufren más que yo; cuando otros lloran sangre?”.
Ruego a mis hermanos, colegas y compatriotas en el exilio; a mis hermanos en Cristo y en la causa libertadora; a las organizaciones políticas y defensoras de los Derechos del Hombre, a la Comunidad Cristiana Internacional y a los diferentes medios de prensa, escritores y periodistas, su apoyo moral y espiritual.
Reconozco que mi situación es en extremo difícil, pues no contar con un hogar, ni recursos ni familia me hace muy vulnerable,  pero por ello no dejaré de confiar en Dios, y mucho menos en ustedes  y en toda la humanidad, que son mi verdadera familia.
Una grandiosa familia que seguirán siendo mi guía y ejemplo, haciéndome crecer de la penuria y el desamparo. Estoy preparado para dar lo que me queda de vida por ver un día sonreír a esta nación; a mi pueblo que todos los días se levanta llorando.
Salí de la Prisión con la misma voluntad de trabajar por la libertad y el progreso de la Patria; sólo les suplico un poco de sensibilidad y solidaridad humanitaria. Con su apoyo podré continuar dando mi humilde esfuerzo en pos de una Cuba libre y democrática. Reciban la Bendición de Dios y un fraternal abrazo en Cristo y en Cuba.

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