Monday, November 21, 2016

AHORA LES TOCÓ A ELLOS...

Y los que se iban se quedan

Roberto Luque Escalona
21 de no, 2016

Mesías de Handel se ha convertido en mi himno particular: “Aleluya, aleluya, aleluya”. Estoy feliz como una lombriz; eso es ahora, porque hasta tarde en la noche del 8 de noviembre estuve… como estuve.
No sé por qué soy tan pesimista, quizás por haber perdido mi patria original, ese país en el que mi familia vivió más de doscientos años; lo cierto es que estaba aterrado ante la posibilidad de perder también esta. De haber estado vivo, Rolando Masferrer hubiese definido mi estado de ánimo con el neologismo en Spanglish que le sirvió de título a su último artículo: Apendejation.

Ahora les tocó a ellos, a la Media en inglés y en español, a los faranduleros del canto y la actuación, al Establishment republicano, a los (y las) articulistas del Nuevo Herald, a los falsos conservadores como Glenn Beck y George Will, a los exquisitos y melindrosos que no votaron por Hillary y se negaban a votar por Trump, a los que nos insultaron por proclamar que por Trump votaríamos, a todos ustedes, gente de sesera turbia: “¡A llorar, que se perdió el tete!”.

Los peor parados han sido los de la Media, que se han dado un baño de aguas albañales. Aquello de que la prensa era “el Cuarto Poder del Estado” resultó ser una patraña. Un periodista sólo puede influir cuando es sincero, auténtico, cuando dice no necesariamente la verdad, que bien puede estar equivocado, sino lo que él cree que es la verdad. Claro, lo anterior no es para plumíferos cagatintas ni para charlatanes de cámara y micrófono.

*Otra zona de desastre es la ocupada por los fabricantes de encuestas, quienes, con contadas excepciones, dieron como como ganadora a Hillary Clinton. Al final han quedado como manipuladores de la opinión pública al servicio del Partido del Burro. 

*Párrafo aparte para los mexicanos. A Jorge Ramos, a María Elena Salinas, al Consejo Nacional de la Raza, a Gonzalo Curiel (el juez del lío con Trump, no el compositor de Vereda Tropícal ), a Kate del Castillo y su amigo el Chapo, a Vicente Fernández, a Salma Hayek, al Gordo y la Flaca (que no son mexicanos pero quisieran serlo), a todos los que enarbolan banderas  mexicanas para reclamar derechos que no les pertenecen, a todos ellos, una pregunta mexicana: ¿Cómo les quedó el ojo?

*Era de esperarse: el siniestro George Soros, el billonario judío que fue chivato de los nazis, ya comenzó a mover sus fichas, lo que significa repartir el dinero que le sobra para promover manifestaciones anti-Trump en la que agitadores profesionales proclaman su rechazo a la voluntad mayoritaria del pueblo americano. “He is not my President”, dicen sus carteles. No problem: Get your asses out of America. Lárguense a vivir a otro país, que en el mundo sobran presidentes con el cociente de hijeputez que ustedes necesitan y merecen.

Como es natural, en los bochinches del pataleo izquierdista no faltan las banderas, quemadas las americanas, enarboladas las mexicanas y las rojas con la hoz y el martillo. 

*El toque final: los conteos en los centros electorales de Arizona y Michigan, completaron una barrida que lo abarcó todo: la Presidencia, el Senado, el Congreso y los gobernadores. Para no hablar de la Suprema Corte, que ya no podrá ser controlada por izquierdistas. 

*Supongo que todos habrán visto la histórica foto de la que les hablaré a continuación: eufórico, Harry Truman enarbola un diario en cuya primera plana se lee, en grandes letras capitulares: “Dewey Defeated Truman”. La historia se repitió con Newsweek, la revista que iba a cerrar, pero que no ha cerrado. En la portada de la edición del 9 de noviembre aparece una foto de Hillary y, al pie de la foto, dos palabras: Madam President. Aunque la edición fue enviada a los puestos de periódicos, los de Newsweek reaccionaron con una rapidez pasmosa y la recuperaron cuando sólo se habían vendido 17 ejemplares. 

*Entre los desastres que amenazaban a América si Trump era elegido estaba el de la caída de las bolsas de valores. Eso daban por hecho sesudos periodistas como Andrés Oppenheimer y magos de los negocios como Mark Cuban. Pamplinas. El mercado de valores se disparó hacia arriba al día siguiente de la victoria de Trump.

El Donald sería, además, el destructor del Partido Republicano. Pues bien, a pesar de la muy lamentable actitud de Kasich, Romney, los Bush, Colin Powell, Condoleeza Rice, Ros-Lehtinen, Curbelo,  Carlos Gutiérrez,  Carlos Giménez y otros que harían muy larga la lista, el GOP terminó manteniendo el control de ambas cámaras y la mayoría de las gubernaturas estatales, y el que terminó reventado fue el Partido Demócrata. Estoy por creer que muchos que pretenden ser orientadores de la opinión pública no son más que unos ñames con corbata.

*A los 68 años no se pueden tener reflejos de político si nunca se ha participado en la política. Hay actitudes admisibles en un hombre de negocios que en un político parecen exabruptos. Lo mismo ocurre en el periodismo. “Si le molestan mis opiniones, no me lea”, he escrito más de una vez, y sigo siendo un periodista leído. “Si le molestan mis opiniones no vote por mí”; con esas palabras y esa actitud, siendo aspirante a un cargo electivo, no le gano ni a Joe García. 

Trump estrena las maneras de un político cuando dice, refiriéndose a Hillary, que tenemos con ella “una gran deuda de gratitud por sus años de servicio público”. Él sabe muy bien que lo único que ha hecho Hillary en sus años de servicio público es enriquecerse. ¿Hipocresía? No. Ese es el tipo de declaración que se espera de un político americano después de una victoria electoral.

*El llanto mediático por la derrota de Hillary Clinton ha alcanzado una particular intensidad en El País, el diario socialista que el Nuevo Herald distribuye en Miami. Ha sido una versión española de “la Patá en la Yagua”, frase holguinera que define la más extrema desesperación. Vamos, tíos, que no es para tanto. 

El impacto ha sido de tal magnitud que uno se pregunta si, a modo de consuelo, habrán repartido mariguana en la redacción del diario madrileño. Por ejemplo, el artículo titulado “El suicidio de la democracia”, de un señor llamado Luis Prados, aparece en la página 11 de la edición del 10 de noviembre y reaparece en la página 21. ¡Joder!  

*Este es el País de Dios. Después de Vietnam, la guerra de Kennedy y Johnson, con aquellos desmadrados gritándole “baby killers” a nuestros soldados y la huida en Saigón de las tropas americanas ante quienes no habían podido derrotarlos en una sola batalla; después de tanta cocaína y tanto LSD, de  la contracultura y su tufo a mariguana y a sudor agrio, de cien mil hippies apestando el aire en la multitudinaria bacanal de Woodstock; después de la debacle de Nixon, de que Fidel Castro introdujera en América  diez mil delincuentes y los ayatolas iraníes secuestraran a decenas de diplomáticos americanos; después de dos décadas de desastres apareció Ronald Reagan. Ahora, tras ocho años de obamanato, de concesiones a nuestros peores enemigos, de tratados desastrosos, de la promoción del odio racial, de incremento del relajo fronterizo, de lo políticamente correcto llevado a su máxima expresión, de rechazo a los valores tradicionales que hicieron grande a América, cuando parecía que la “invencible” e “indetenible” Hillary Clinton sería quien consumara el proceso destructivo, apareció “un patán, payaso y demagogo”, y el proceso destructivo volvió a empantanarse. 

“God Damn América!” (¡Dios maldiga a América!), clamaba, domingo tras domingo Jeremiah Wright, el pastor de Barack y Michelle Obama. Como decíamos en Cuba: “Maldición de burro no llega al Cielo”.

*Supongo que aquellos que afirmaron enfáticamente que se irían a vivir a otro país si Donald Trump ganaba las elecciones ya deben estar haciendo las maletas. Rosie O’Donnell, Whoopi Goldberg, Samuel Jackson, Madonna, Miley Cyrus, Barbra Streisand, Bon Jovi, Jon Steward, Al Sharpton, Alec Baldwin, Kanye West, la Justice Ruth Vader Guinsburg, sin olvidar a la doctora Ana María Polo. Ahora, o se van o hacen el ridículo. ¿Y Cher? ¿Acaso la olvidé? Lo de ella ha sido un malentendido: Cher dijo que, si Trump ganaba, se mudaría a Júpiter. Hablaba de Jupiter, Florida.

*Imposible ganar una elección sin contar con el voto “latino”: he ahí una de las “verdades absolutas” de los politólogos, expertos, intelectuales y otros sabihondos, cuyo vocero ha sido Jorge Ramos. Heberto Padilla, un magnífico poeta, pero sin el menor talento para la política, definió una vez a Estados Unidos con esta frase lapidaria: “Este país, que aún se sueña anglosajón”. Donald Trump, que como dijo Mario Vargas Llosa, otro escritor de gran talento, es “un patán”,  comprendió que América no se sueña anglosajona, sino que todavía lo es, le apostó a ese caballo y ganó.

A todas estas, ¿qué demonio es un anglosajón? Los descendientes de ingleses, los que fundaron esta nación, el grupo mayoritario dentro de la mayoría blanca de América. O sea, el grupo más numeroso entre la población blanca. Los descendientes de irlandeses no son anglos ni quieren serlo. Tampoco los escoceses. Menos aún los italianos. Ellos y  los alemanes, polacos, franceses, escandinavos, holandeses, griegos, judíos de distintas procedencias y otros grupos de europeos no son, por supuesto, anglos, pero sí europeos que se asimilan con facilidad a la cultura anglosajona. El propio Donald Trump, descendiente de alemanes por línea paterna e hijo de una escocesa, tiene menos de anglo que yo, que cuento con un tatarabuelo inglés, aunque inmerso en la multitud de tatarabuelos criollos descendientes de españoles y cuyo apellido, Baxter, desapareció al ser castellanizado. “Anglo”, en la América de hoy, significa “blanco”. A esa mayoría blanca, llámela usted anglo o como le dé la gana, le apostó nuestro futuro Presidente, se convirtió en su representante y por eso ganó. 

*Van Jones, el negro comunista a quien Obama quiso nombrar “zar” de la marihuanada medioambiental, ahora comentarista de CNN, llamó a esa mayoría “el Látigo Blanco”. En realidad, no se trata de azotar a nadie, sino que aquellos cuyo antepasados crearon este país y son su núcleo mayoritario no van a permitir que los azoten.

*La machacona propaganda sobre la importancia del voto “latino” elevó el nivel de estupidez de gente ya de por sí estúpida. “El camino a la Casa Blanca pasa por El Barrio”, dijo un guacarnaco. ¿Alguna vez hubo inmigrantes que pensaran que podían decidir el destino del país que los había acogido? Más arrogantes que nosotros los cubanos, ni siquiera los criticados argentinos, pero a ninguno de nosotros se nos ha ocurrido que el destino de América está en nuestras manos ni que el camino a la Casa Blanca pasa por Westchester o por Hialeah.

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