Friday, October 21, 2016

TRUMP REGALÓ UNA VICTORIA

Por Alfredo M. Cepero
De hecho, si el debate hubiera terminado en 85 minutos Trump se habría anotado una victoria. Con su respuesta contumaz en los últimos cinco le regaló la victoria a Hillary.
21 de octubre, 2016
El tercer debate entre Donald Trump y Hillary Clinton el pasado 19 de octubre fue uno de los acontecimientos de la televisión norteamericana esperados con mayor ansiedad en los últimos treinta años. Los partidarios de uno y otro candidato se han atrincherado en ideologías extremas que no dejan espacio para la tolerancia ni la flexibilidad. Los dos candidatos se han dedicado insultos personales que han hecho enemigos mortales a quienes una vez fueron amigos personales. La animosidad ha llegado a tal punto que ni los candidatos se estrecharon la mano antes de empezar el debate ni los familiares se saludaron entre sí a la conclusión del mismo. Rompieron una hermosa tradición de urbanidad y decencia cuando se comportaron con la misma insolencia de los Castro, los Chávez y los Maduro.
De hecho, la guerra ha sido a muerte y vaticino que así lo será hasta el último momento de esta deplorable campaña que tiene asqueado a la mayoría del electorado de ambos partidos. Por primera vez en mucho tiempo, para la mayoría de los electores norteamericanos, ya no se trata de votar por su candidato favorito sino de votar por el que menos detestan. Un triste panorama para una democracia que tiene 240 años de ser la más sólida y duradera del mundo. En contraste, la culta Francia ha pasado por cinco repúblicas, la pragmática Alemania fue arrastrada a la hoguera de la guerra por Hitler y la sofisticada Italia fue la madre del fascismo enloquecedor de Mussolini.
En cuanto al debate en sí mismo, no cabe dudas de que en este tercer episodio Trump salió victorioso. En el primero fue sorprendido y puesto a la defensiva por los ataques de Hillary en sus relaciones con las mujeres. En el segundo mejoró su desempeño a pesar de unas grabaciones plagadas de vulgaridades que lo mostraron como un engreído sin remedio. En este último debate no se dejó provocar, no contestó los insultos y supo girar hacia los temas políticos donde Hillary es más vulnerable.
Por ejemplo, destacó los errores de su adversaria como Secretaria de Estado en países como Libia, Irán, Iraq y Afganistán, la acusó de promover el aborto en las últimas semanas del embarazo, estableció un marcado contraste en el proceso de decisión para nombrar a magistrados del Tribunal Supremo, la obligó a bailar una cuerda floja en el apasionante tema del derecho a portar armas de fuego, reiteró su acusación de que Hillary violó las leyes cuando borró millares de correos electrónicos después de que le fueran solicitados por el Congreso y subrayó los conflictos y las contradicciones entre sus asistentes dados a la publicidad en los correos electrónicos revelados por Wickileaks. Correos de cuya revelación Hillary acusa a Rusia pero cuya veracidad nunca se ha atrevido a negar.
No se refirió, sin embargo, a tres temas que considero de suma importancia: la deplorable educación que reciben los niños negros como consecuencia de la alianza criminal entre el Partido Demócrata y los sindicatos de maestros, la responsabilidad de Hillary en el asesinato de cuatro funcionarios norteamericanos en Benghazi y su discurso ante banqueros brasileños aplaudiendo las virtudes de fronteras abiertas para todo el continente. Afortunadamente, Chris Wallace formuló la pregunta sobre fronteras abiertas y la candidata demócrata balbuceó una de sus incoherentes peroratas, aprendidas en 30 años de duplicidad y engaño.
Sin embargo, a pesar de su buen desempeño en asuntos de trascendencia que deben de ser tomados en cuenta para superar la actual crisis en este país, Trump no pudo dejar de ser Trump. Cuando Chris Wallace le preguntó si aceptaría el resultado de las elecciones le fueran o no favorables, Trump contestó que esperaría a ese momento para dar una respuesta a la pregunta. Hillary se coló por la puerta abierta por el mismo Trump y ratificó sus acusaciones sobre el temperamento tempestuoso y beligerante de su adversario.
De hecho, si el debate hubiera terminado en 85 minutos Trump se habría anotado una victoria. Con su respuesta contumaz en los últimos cinco le regaló la victoria a Hillary. Diez minutos después de las declaraciones de Trump, el New York Times, el Washington Post, Los Angeles Times y otros medios promotores de Hillary encabezaron sus informaciones sobre el debate destacando la negativa del republicano a aceptar el resultado del proceso electoral. Todo lo demás fue ignorado o relegado a las páginas interiores. Una vez más, Trump fue su peor enemigo dándole municiones a la prensa al servicio de la izquierda.
Ahora bien, pudo haber salido victorioso si hubiera tomado una página de la conducta edificante de Richard Nixon cuando Joseph Kennedy, con la ayuda del corrupto Richard Daily y del politiquero Lyndon Johnson, le robaron en Chicago y en Texas las elecciones presidenciales de 1960. Cuando sus asesores lo estimularon a que protestara del fraude, Nixon se negó afirmando que los Estados Unidos necesitaban un presidente de inmediato para enfrentar los retos de la Guerra Fría. No concibo a ninguno de estos dos candidatos actuales poniendo los intereses de la nación por encima de sus ambiciones personales.
Pero no puedo terminar sin rendir merecido tributo a la conducta profesional de Chris Wallace. Se condujo con la equidad, el equilibrio y la firmeza de un maestro del periodismo. Confrontó a los dos candidatos con preguntas de igual intensidad y relevancia, mantuvo al público bajo control y nunca mostró inclinación hacia ninguna de las agendas en discusión. En el cielo, Mike Wallace, tiene que haberse sentido muy orgulloso de su brillante retoño.
Por mi parte, y la de todos los que quieren el triunfo de Donald Trump, es de suma importancia que no bajemos la guardia. La batalla del miércoles 19 de octubre no fue la victoria que necesitábamos pero la guerra no ha terminado. Terminará cuando se cuente al último voto de la jornada electoral del 8 de noviembre. Es bueno que recordemos que George W. Bush ganó las elecciones del año 2,000 en la Florida por sólo 537 votos. No es tiempo de lamentaciones sino de coraje para desafiar todo los pronósticos adversos. Un consejo edificante y estimulante: olvídense de todas las encuestas, sigan predicando nuestra agenda de defensa de Dios, de la libertad y de la democracia, estimulen la participación política de familiares y amigos y vayan a votar el 8 de noviembre. Gane Hillary o gane Trump nosotros tendremos la satisfacción de haber cumplido con nuestro deber ciudadano.

1 comment:

  1. En realidad Bush no ganó las elecciones. Yo le sugiero a tus lectores que voten for Fernando, que hará de EEUU una potencia en el consumo de carne y vegetales y le dará trabajo a todos, bien pago por supuesto, con cobertura médica por $20 mensuales, y tasas de interés para tarjetas de crédito del 4%.

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