Thursday, October 6, 2016

BRASIL Y COLOMBIA, LA DEBACLE, POR QUÉ EL NO DEL PUEBLO COLOMBIANO

Pocas veces se nos permite vivir en tan corto lapso cambios tan profundos y determinantes como los que comenzáramos a vivir cuando, a la muerte de Kirchner y de Chávez, comenzara a desfondarse la barcaza de asalto de las fuerzas de ocupación política neo castristas.
Más asombroso es la absoluta miopía de nuestros líderes políticos, absolutamente inconscientes de las torrenteras de descrédito y desprestigio que corrían bajo los pies de la Rousseff y de Lula, mientras ellos los alababan como maestros del futuro.
Antonio Sánchez García
Catedrático chileno-venezolano
Caracas 6 de pctubre. 2016
 Colombia y Brasil, nuestros dos grandes estados fronterizos, vivieron este domingo 2 de octubre – y es bueno consignar la fecha, pues sabe a historia – dos revolcones políticos de inmenso significado para el futuro de la región: en Colombia fue derrotada la propuesta de Juan Manuel Santos y Timoschenko, en nombre del establecimiento político y empresarial dominante en Colombia, cuidadosa y largamente apadrinada por la tiranía cubana bajo la buena pro de todos los poderes fácticos, políticos y mediáticos del mundo – de Washington al Vaticano y del New York Times a El País, de España – que cerraba más de medio siglo de una cruenta, sangrienta y espantosa guerra de guerrillas guevaristas que pretendieron infructuosamente implantar un régimen castrocomunista en Colombia. A las sombras y brumas de la cual, se montó la principal fuente de cultivo y preparación de cocaína del mundo, se asedió a Venezuela, al Caribe, a Centroamérica y a los Estados Unidos y se impidió sistemáticamente toda estabilización social y política de la región.
Un cáncer de largo aliento que los colombianos debieron cargar a sus espaldas como una joroba de maldiciones, fraguando hamponato, criminalidad y violencia que tuvieron, obvio es reconocerlo, una devastadora influencia sobre la clase política colombiana.
Tras un cuidadoso montaje de cuatro largos años de duración, Raúl Castro pudo mostrarse al mundo como un factor de equilibrio y manejo de grandes áreas de conflictos en América Latina.
Con dos saldos a su favor que bien hubieran podido coronarlo como el nuevo Kissinger del Caribe: haberse ganado el respaldo y el reconocimiento de Barak Obama y del Papa Francisco, sin aflojar ni en un milímetro las riendas de la tiranía que controla con la fiereza de Heinrich Himmler, surfeando las olas que derrumbaban, simultáneamente, el más importante logro de su reinado, con el que superará de lejos a su hermano mayor: el kirchnerismo y el lulismo, apartados de un manotazo puede que para siempre jamás.
Si es que en América Latina, los jamaces tienen algún significado. Fue el otro sismo de dimensiones apocalípticas que repercutió del otro lado del Amazonas mientras en Colombia Álvaro Uribe y Andrés Pastrana se refregaban los ojos para ver en toda su magnitud la insólita, inesperada y resonante victoria obtenida en las urnas: el pueblo colombiano no avaló un acuerdo que más que un acuerdo era una recompensa a la crueldad y la infamia con que las guerrillas torturaron durante más de medio siglo a los colombianos.
En Brasil, simultáneamente, el lulismo perdía un 90% de un respaldo que hace tan solo un año ni el más afiebrado de los analistas políticos hubiera podido siquiera imaginar.
 Lo que comenzara como mera averiguación por supuestos casos de corrupción terminó por derrumbar la costosa estantería política montada en La Habana inmediatamente después de la caída del Muro y el derrumbe de la Unión Soviética y el bloque socialista. Ni el PT, ni Dilma Rousseff ni Lula pudieron asomarse a ver lo que estaba sucediendo. Antes de advertirlo, eran arrastrados corriente abajo por la riada de la indignación, el desprecio y la furia.
Este domingo, además de desaparecer como potencia política de la administración de alcaldías y gobernaciones – les restó una sola gobernación, marginal y sin ninguna importancia – mientras los dos símbolos del lulismo y los nuevos tiempos del neocastrismo en América Latina, la gobernación del Estado de Sao Paulo y de la ciudad natal del líder petista, pasaban a manos del PMDB, principal beneficiario del terremoto brasileño.
Pocas veces se nos permite vivir en tan corto lapso cambios tan profundos y determinantes como los que comenzáramos a vivir cuando, a la muerte de Kirchner y de Chávez, comenzara a desfondarse la barcaza de asalto de las fuerzas de ocupación política neo castristas.
Más asombroso es la absoluta miopía de nuestros líderes políticos, absolutamente inconscientes de las torrenteras de descrédito y desprestigio que corrían bajo los pies de la Rousseff y de Lula, mientras ellos los alababan como maestros a futuro.
Duele y pesa como una losa que mientras América Latina se sacude sus telarañas – y ya vienen los casos de Chile, Bolivia y Ecuador, que terminaran en sendas palizas a la Bachelet, a Evo Morales y a Rafael Correa – la clase política venezolana siga buscando tréboles de cuatro hojas y deshojando la margarita. Hay maneras y maneras de caer consumidos por la decadencia.

EL NO DEL PUEBLO COLOMBIANO

colombiadijono
Por Alberto Buela
Desazón, desconcierto, confusión es lo que ha provocado “el no” del pueblo colombiano al acuerdo de paz entre su gobierno y las FARC entre los mass media internacionales y sus esbirros, los analfabetos locuaces que fungen de periodistas o analistas políticos.
Lo que muestra la existencia de un pensamiento único y políticamente correcto que condiciona la lectura e interpretación de los hechos políticos que acontecen en el mundo.
El acto presidido por el secretario general de las Naciones Unidas, hablando en inglés a un público que habla castellano y ante presidentes de una docena de países hispanoparlantes, se mostró como una imposición donde la decisión ya había sido tomada antes de la elección. Pero el domingo el pueblo llano de Colombia lo desmintió y le dijo “no”.
¿Cómo se explica esto, qué hay detrás de semejante desplante? Hay un pueblo con memoria que recuerda que las FARC produjeron 220.000 muertos, 25.000 desaparecidos y unos 21.000 secuestrados. Y que el acuerdo de paz no contempla el juicio a los criminales confesos, ni la reparación de los daños ni la devolución de los miles de millones de dólares por extorsión y secuestros.
Un nuevo acuerdo de paz tiene que ser más equitativo para los intereses de los afectados por el accionar de las FARC, esto es, el pueblo colombiano más pobre.
Otro ítem es aclarar el origen real y verdadero de las FARC. Oficialmente se las hace nacer en 1964 cuando Manuel Marulanda las funda, pero su origen real se produce como consecuencia del asesinato de Eleicier Gaitán en 1948, cuando CIA alienta y alimenta al comunismo en toda Nuestra América, mientras lo persigue en Norteamérica, para justificar el surgimiento de los dictadores en la región, por temor al comunismo y así manejarnos a gusto e piacere, como efectivamente lo han hecho.
En definitiva, las FARC fueron un instrumento de dominación de imperialismo norteamericano sobre Colombia. Y esto es así, porque la amada Colombia no puede ser soberana pues es el único gran espacio suramericano con carácter de bioceánico. Y esto es intolerable para la geopolítica de los Estados Unidos. No al ñudo en 1902 los yanquis le mutilaron la provincia de Panamá.
El no del pueblo colombiano se inscribe en la línea del Brexit inglés a integrar la Unión Europea y del rechazo de Dinamarca al tratado de Maaestricht. No sea cosa que el diabolizado Donald Trump dé la sorpresa en noviembre y derrote los intereses del imperialismo internacional del dinero de Wall Street y su representante H. Clinton.
Hay algo que el gobierno mundial no puede hacer a pesar de contar con todos los medios: dinero, dinero, propaganda, propaganda, y es con el corazón de los pueblos y sus movimientos de autodefensa y preservación en su ser. Ya Perón advirtió: cuando los pueblos agotan su paciencia hacen tronar el escarmiento.

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