Saturday, October 22, 2016

"ALQUILO MI VIENTRE"

Foto: Alejandro Trujillo

Ante mí veo el retrato de una mujer sonriente. Es una mujer negra y joven, con poco más de treinta años, infiero. La foto es un plano cerrado. Apenas puede verse su rostro cilíndrico y la amplitud de su pecho.
Junto a la foto hay un número de contacto y un anuncio. Pero lo que ofrece no es usual. Ni siquiera parece posible. Es uno de esos anuncios que debes leer par de veces para asegurarte de que no te confundiste, que son esas las palabras exactas. Vuelvo atrás y confirmo letra a letra. No hay error. “ALQUILO MI VIENTRE”, dice.
Una mujer cubana divulga estar dispuesta a alquilar su vientre a través de un portal online donde se negocia casi cualquier cosa.


Hasta hoy podía asegurar que en Cuba hablar de este tema era una locura, un vago concepto que alguna vez alguien ha oído. Encontrar a Dalia, sin embargo, parece demostrar que la Isla no está tan alejada de un mundo en globalización.
Dalia conserva en su abdomen las marcas de un primer embarazo. Cuenta que fue una gestación tranquila, que ya la niña tiene cuatro años, es inagotable y hermosa. Ama a su hija, me aclara más de una vez, como quien teme ser señalada, supongo.
La pequeña debía ser su única gestación. Al menos esos eran sus planes: no más nauseas, partos, no más bebes; pero ya no está tan segura. Dalia (habanera, con estudios universitarios, madre soltera) ha pensado en la renta de su propio cuerpo como una posible opción para la maternidad de otra persona. “Soy profesional, pero gano muy poco. Solo intento darle una mejor vida a mi hija y a mi madre”, se explica otra vez
— ¿Por qué alquilar tu vientre? No es usual escuchar este término en Cuba, ni siquiera es legal.
— La idea la tuve por una amiga que encontró una pareja extranjera interesada. En Cuba no se puede hacer; así que ellos la invitaron a su país, costearon el procedimiento y fueron muy generosos con ella. Le solucionaron todos sus problemas.
— Y si encontraras personas que te ofrecieran lo mismo. ¿Aceptarías? ¿No te sentirías insegura fuera de la Isla, desprotegida?
— Si fuera legal lo haría en mi país, por supuesto, pero no está permitido. Luego, si tuviera la misma oferta que mi amiga, sí aceptaría. Es algo riesgoso. Lo sé. Por eso trataría de asegurarme de que sean personas serias y honestas. Eso es lo primero. Además les exigiría, que me entregaran la mitad de… – ahí se detiene. Se refugia en una pausa, examinando la manera menos chocante de decir dinero. Porque sí, es eso lo que busca: dólares, euros, libras… dinero – la mitad de lo que acordemos – suelta finalmente entre eufemismos.
— ¿Estás segura de qué eso quieres?
—Sí. Lo tengo decidido. Sé que es muy difícil. Es un bebé que te creció dentro, que sentiste patearte, que viste su sexo, su forma: para luego saber que te abrirán la barriga y tendrás que entregarlo. Biológicamente no es tu hijo, no tiene tus genes, pero supongo que duela separarte de una persona que estuvo pegada a ti durante 40 semanas. A veces es así: nos toca tomar decisiones duras para mejorar la vida de otros. Y te digo más: si el óvulo debe ser mío, también doy al bebé”.
—Si el óvulo es tuyo, ese niño sería tu hijo…
—Lo sé, pero ya yo tengo mi pequeña. No quiero más hijos. Si encuentro a alguien que me pague, lo hago.
La idea de esta mujer podría parecer infructuosa: simplemente esperar a que surja una oportunidad, basándose en la experiencia de una conocida. Sabiendo, además, que las leyes cubanas lo prohíben. Ella no sabe si es un caso aislado o si hay otras mujeres también dispuestas, como tampoco conoce a alguien que solicite este “servicio”. Yo tampoco lo sé. Entonces, por curiosidad instintiva,  escribo el término en el buscador del portal, y vuelve un portal de anuncios a sorprender con otro clasificado. Esta vez no oferta, sino demanda: “Se busca cubana dispuesta a viajar a Ecuador para alquilar su vientre…”
Mientras tanto ahí sigue Dalia, esperando que aparezca un interesado que la saque de Cuba, que le alquile las entrañas.

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