Wednesday, September 21, 2016

SECRETOS SECRETEADOS


Una broma colosal: misterio y secreto en The Miami Herald


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Eugenio Martínez, Musculito, uno de los “plomeros” de Watergate.
Por Miguel Fernández Díaz
La crisis del periodismo se percibe en todos los medios y estratos periodísticos, pero uno piensa que en este despeñadero de devaluaciones quede todavía una mínima cordura de lo que se llamó profesionalismo.
Es lo que se pensaría, aunque pueden suceder cosas insólitas. Como, por ejemplo, la aparición un artículo de primera página de periódico que prometa resolver un misterio desde el título para aseverar en su propio texto, unos párrafos más abajo, que no, que lo prometido no puede cumplirlo. No hay que rastrear mucho para comprobarlo, pues sucedió en la prensa de Miami.
Hace pocos días, El Nuevo Herald trompeteó en titular que “Documentos desclasificados de la CIA resuelven misterio sobre cubano en caso Watergate”, para enseguida citar -en el texto de la supuesta noticia- la opinión del experto Max Holland, uno de los historiadores del escándalo de Watergate, sobre la desclasificación de marras: “El único escándalo real aquí es que un documento de este tipo quede clasificado tanto tiempo cuando no tiene ningún secreto”.
Secreto que no es
Así, el periodista Glenn Garvin allanó el camino a su nominación para el Premio Pulitzer, al reportar que un documento sin ningún secreto aclara un misterio. El cubano involucrado es el nonagenario Eugenio Rolando Martínez, alias Musculito, ex agente anticastrista de la CIA y “plomero” de Watergate, a quien puede verse con frecuencia descargando junto a amigos y admiradores en el Restaurante Versailles de la Calle Ocho.
El grupo conservador de control legal Judicial Watch consiguió, al amparo de la Ley de Libertad de Información (FOIA, por sus siglas en inglés), que la CIA desclasificara un borrador de 155 páginas redactado por su Inspector General hace 42 años, con detalles de acciones de la CIA en torno al allanamiento de la sede del Comité Nacional del Partido Demócrata, el 17 de junio de 1972, en el complejo de oficinas Watergate.
A manera de resumen, en el documento el Inspector General de la CIA toma distancia frente al delito, aunque cinco de los siete implicados trabajaban o trabajaron para la agencia. Se admite, por ejemplo, que oficiales de la CIA colaboraban estrechamente con el veterano Howard Hunt, quien había pasado a retiro en abril de 1970, pero el Inspector General se queda corto con respecto al reportero investigativo Jim Hougan, quien en su libro Secret Agenda (Random House, 1984) precisó la relación directa de Hunt, como agente aún muy activo, con Thomas Karamessines, jefe de la División de Operaciones Encubiertas de la CIA.
Por el contrario, el Inspector General reporta como si el hemisferio cerebral derecho de la CIA no supiera qué hacía su mano izquierda, como si hace rato no se hubiera aclarado que el jefe de la CIA, Dick Helms, sabía que Hunt trabajaba para la Casa Blanca en proyectos secretos. No hay pruebas de que la CIA mandara a Musculito y los demás plomeros a entrar en Watergate -la orden vino del consejero presidencial John Dean y de Jeb Magruder, funcionario de la campaña de Nixon- pero se sabe que las huellas de la CIA están desparramadas por toda la operación.
Misterio que tampoco es
Desde que Musculito fue entrevistado por el periodista Len Colodny junto con Benton Becker, abogado del presidente Ford, en mayo de 1990, es también sabido no solo que Hunt lo había contratado por $100 dólares mensuales para informar sobre las dinámicas de la comunidad cubana, como puntualiza el borrador, sino que había dado la llave del escritorio bajo el que se escondió Musculito antes de ser arrestado.
Las grabaciones de la entrevista a este y otros muchos implicados están disponibles en la Colección Colodny de la Universidad A&M de Texas, para demostrar que el Inspector General de la CIA no hubiera soslayado este y otros tantos detalles de haber tenido interés en llegar a la verdad de Watergate antes que en ocultar el rastro de la CIA en aquel escándalo.
Ahora tenemos otro en el Herald: un misterio que se urde junto con su solución donde solo está lloviendo el gerundio remojado/ de la lluvia sobre lo llovido.
CAFÉ FUERTE

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