Saturday, August 13, 2016

LA PRENSA AMARILLA (CON PESPUNTES ROJOS)


 

TRUMPOLOCOYLACLINTON
Por Esteban Fernández
Rápidamente y a la velocidad de un volador de a peso los acontecimientos le van dando la razón a mí artículo del 26 de marzo de este año “El pobre Donald Trump va a la trituradora”. Porque desde hace casi un mes hasta José Feliciano puede ver que están tratando de convertirlo en picadillo de carne deshebrada. Aunque no queda más remedio que aceptar la penosa realidad de que muchas veces él solito se introduce en la maquina moledora de carne.
No, no estoy haciendo alarde de haber realizado una gran predicción ni de haber inventado la Coca Cola. Simplemente dije algo tan obvio que se veía venir a la legua. “Elemental, mi querido Watson” como decía Sherlock Holmes.
Desde luego, tampoco voy a estrellar contra la pared mi bola de cristal, no me vaya a pasar como cuando predije -artículo El Tuerto es el Gallo, junio del 2012- que “el sucesor de Raúl Castro sería su hijo Alejandro”, nadie me creyó, tiraron a mondongo mi vaticinio y ahora cuando tanta gente concuerda conmigo nadie me reconoce mis dotes de clarividente, aunque como decía mi mamá cuando se avecinaba un aguacero: “Puse la yagua antes de que cayera la gotera”…
Pero regresando a Trump: Hasta “el bobo de la yuca” pudo haberse dado cuenta de que las estaciones de televisión izquierdistas y decididamente Obamistas como MSNBC y CNN les abrían de par en par el portón de entrada y les respondían sus constantes llamadas telefónicas las 24 horas del día. ¿Por qué sucedía eso? Simplemente porque querían que él fuera el candidato republicano por considerarlo él más inepto, con un ego que no lo brinca un chivo, con el closet lleno de esqueletos y relativamente fácil de ganarle. Ahora -como les auguré con anterioridad- le ponen un muro de concreto a sus aspiraciones y hasta le sacan fotos de Melania desnuda y de sus hijos matando “inocentes animalitos” en África.
Hoy en día comienzan a cerrárseles las puertas que sólo se abrirán para entrevistarlo, hacerle preguntas capciosas y acto seguido desprestigiarlo y burlarse de sus respuestas. Eso de coger el teléfono y llamar desde las cinco de la mañana a todas las estaciones de televisión se le va acabando. Mientras a Hillary -y a sus maullidos de gata en celo- le tiran un manto de silencio  y aceptación.
Haber  derrotado a  un montón de candidatos republicanos logrando la nominación se debió a que estaba compitiendo CONTRA PERSONAS DECENTES mientras que en la actualidad la lucha es contra un par de sabandijas que son retama de guayacol en pomo chato, expertos en la politiquería y listos para cometer  todo tipo de las más detestables fechorías, marañas y mojigangas. Es algo así como que usted pudo haberse fajado -y  ganado las peleas- con todos los muchachos en una escuela religiosa y se envalentona y quiere fajarse con Mike Tyson. Lo menos que va a perder es una oreja.
En otras palabras “pasó de un viento platanero al ciclón Flora”. ¿Ustedes no vieron lo fuera de lugar que lució Marco Rubio cuando trató de “tirarse para lo chapeado”? O ¿no les pareció absurdo cuando el decentísimo doctor Ben Carson intentó inventarse una hoja criminal? Bill y Hillary guapearían hasta en el Solar del Reverbero y actuarían allí tan o más chusmas que el más grosero de los residentes del solar. Y si hay una muchacha linda allí mejor que pegue las nalgas contra la pared en  presencia de Bill.
Sus acólitos buscan desesperadamente que Donald cambie su personalidad.  Bueno, si suaviza su temperamento  -una misión casi imposible para él pasar de sijú a pitirre- representaría una hipocresía muy fácil de detectar. Lo que pasa es que él estaba jugando en Triple A y salta a las Mayores a jugar contra el equipo más matrero de las Grandes Ligas. Y en lugar de intentar ganarle el juego al manager y al team contrario -como dijo alguien por la televisión el otro día- se pone  a pelear con un fanático que desde las gradas le lanza un insulto.
Vamos a poner otro ejemplo: yo pudiera postularme para  concejal de Hialeah y -entre compatriotas-perfectamente bien pudiera mantener mi personalidad intacta, seguir siendo “Estebita” y hasta escapárseme un dicharacho cubano. Si me animo y me creo que pudiera aspirar para alcalde de Los Ángeles haría el ridículo si comenzara a decir “Órale, pues” como los mexicanos o “Va, pues” como los salvadoreños o “Ay, bendito” como los boricuas.
Querer que Trump modifique su estilo es como desear -y yo lo he intentado- que Hugo Byrne sea chusma. Todavía me cuesta trabajo imaginar a Hugo -como nos dijo en su más reciente ensayo- arrollando en medio de una conga por las calles de Matanzas cuando ganó el Almendares en 1947.
Es muy fácil equivocarse cuando se llega a un enorme recinto o un Stadium  y miles de personas te aclaman, adulan y aplauden. Bajo esas circunstancias es prácticamente imposible comprender y aceptar que ante una derrota  las masas se diluyen como el hielo en un desierto. La vida es como un juego de pelota donde un hit es aplaudido y acto  seguido se recibe una rechifla si te ponchas.
Una pregunta al amable lector y manteniéndome en el argot beisbolero: ¿Pudiera usted salir al terreno y jugar la segunda base de los Dodgers sin nunca haber sido pelotero? Bueno, eso es más factible que postularse para presidente de los Estados Unidos sin haber practicado nunca la política.
Los errores de Trump son tantos y tan seguidos que parece que superarán El Escándalo de los Medias Negras  donde el  equipo  Chicago  White Sox perdió intencionalmente la Serie Mundial de 1919. En términos cubanos: Está dejando chiquito a Chacumbele…
¿Quiere decir todo lo antes expresado que no voy a votar por Donald Trump? El problema es que no me queda más remedio que votar por él, simple y llanamente porque prefiero sus exabruptos que las trastadas, bribonadas y canalladas de los Clinton.
Lo que tiene que hacer es lo que hizo el pasado lunes a las 12 del día: lanzar un discurso brillante sobre la economía, pero el martes, tras unas confusas palabras, lo acusan de incitar al asesinato de Hillary Clinton. Asi lo trata la desmadrada prensa amarilla con pespuntes rojos. Por lo tanto, mis estimados lectores, yo concuerdo con  Alfredo Cepero cuando dice:  “La opción es Trump o el abismo“.
Y les informo que ya encontré la forma ideal de parar en seco y poder responder mentalmente todas mis dudas cada vez que Trump lance al aire una de sus sandeces: tener a mano un video de Elián González vestido de militar y hablando mil bazofias a favor de Fidel Castro. Jamás voy a hacer causa común con los que dieron la orden de que – a punta de AR15s- cargaran con el niño y  lo enviaran al infierno castrista.
CHIRRÍN CHIRRÁN
Este cuento se acabó, este es mi último escrito sobre la campaña electoral para la presidencia de los Estados Unidos porque es como “llover sobre mojado” ya que todo el mundo está hablando del tema y  como decía nuestro gran cómico Alberto Garrido “Chicharito”: Da aco…

No comments:

Post a Comment