Sunday, August 31, 2014

FIDEL Y LA OLLA CHINA

Rebuscando en la trastienda de mi disco duro, hallé un rimero de notas sobre el tipo de "inventiva" económica que perversamentre asiste a los tiranos totalitarios
IBSEN MARTÍNEZ
venezuela
Tal Cual
1 Basta enterarse uno, leyendo Chávez sin uniforme, de Cristina Marcano y Alberto Barrera Tyszka (Editorial Debate, Caracas, 2005), de que la indeleble mentoría intelectual del Chávez adolescente fue la de un dogmático comunista provinciano, como quien dice un ñángara de plaza de pueblo, un insuficiente Peppone barinés, y pensar en la bibliografía de cabecera que aquel Peppone transfundió en Chávez para suponer qué clase de socialismo de mierda tenía en la chivera de su mente el Gran Charlatán de Sabaneta.
El explicable revuelo que ha traído la captahuella me ha hecho recordar esta semana a Theresa Bond. ¿Quién es Theresa Bond? Nadie lo sabe: es un seudónimo con el que la redaccción de The Wall Steet Journal protege a sus corresponsales en tierras non sanctas.
Las notas de Theresa Bond aparecen invariablemente calzadas con esta frase: "Theresa Bond es el seudónimo de un analista que se interesa en las sociedades cerradas".
Es decir, en sociedades asfixiantemente fallidas y tiránicas como la que Maduro, Jaua y el pequeñajo de Arreaza están decididos a imponer en Venezuela (¡lo están logrando!) con ayuda de los narcogenerales si la MUD y los guarimberos no terminan de ponerse de acuerdo. Pero mejor volvamos a Theresa Bond.
2 Rebuscando en la trastienda de mi disco duro, hallé un rimero de notas sobre el tipo de "inventiva" económica que perversamentre asiste a los tiranos totalitarios. Así, hoy presentamos, con el concurso de la señora Bond, "Fidel y la olla china".
El 8 de marzo de 2005, ante una multitud que lo ovacionaba, Fidel (que no vino a apartarse del poder sino hasta 2006) anunció que, de allí en adelante, la libreta de racionamiento incluiría una arrocera eléctrica de fabricación china.
En su comentario para el WSJ, la Bond pone de bulto el lado surrealista del anuncio: la distribución ¡en Cuba!, a precio subsidiado, de un artefacto doméstico que para funcionar como Dios manda requiere dos cosas inexistentres en la isla: arroz y energía eléctrica.
Theresa no se quedó en el chiste y aportó datos duros: en Cuba, el arroz estaba entonces, y sigue estando, racionado ¡a menos de tres kilos por persona por mes! En cuanto a la electricidad, una de las cortesías de la revolución para con los cubanos es que los apagones sean socialistamente planificados y duren sólo un promedio de nueve horas.
Para decirlo con palabras de Theresa, distribuir arroceras eléctricas es "casi como subsidiar la distribución de tenedores para fois gras y copas de champagne entre los indigentes".
3 La fijación administrativa de los precios ­característica de todos los sistemas socialistas­, dispuso que la arrocera costase a cada portador de libreta tan sólo 150 pesos. Tal es el precio "subsidiado" por el generoso primer Estado socialista de América.
Poco después, el 1º de mayo de 2005, Fidel concedió a sus súbditos ­la palabra es de Theresa, no mía­ un "aumento de salario". Pero, con todo y el aumento salarial, los 150 pesos de la olla equivalían, poco más o menos, a las tres cuartas partes del salario mínimo mensual de los cubanos.
Visto así, "el precio de una arrocera china en Cuba puede parecer exorbitante ­añadía Theresa­, pero eso es nada comparado con la disponibilidad de las arroceras. Hasta la noche anterior al anuncio, las ollas arroceras estaban disponibles, desde 1993, sólo en las tiendas que aceptan divisas y sólo por el equivalente de diez salarios mínimos mensuales".
Pero no cesaron aquí las calamidades asociadas a tan magnánimo anuncio por parte del Comandante. Contaba Theresa que, según el diario Granma, los rostros sonrientes de las mujeres cubanas resplandecían de júbilo. Agregaba el órgano oficial que lucían felices, agradecidas, y quizá con algo de prisa por llegar a casa y preparar el primer almuerzo o la primera cena de "arroz con masitas de puerco" en su olla nueva.
Característicamente, Fidel Castro habló ¡durante cinco horas! ponderando la tecnología involucrada en una olla arrocera eléctrica china y pasando revista al modo adecuado de preparar moros y cristianos. Aunque, por todo lo que sabemos, los cubanos probablemente sólo podrían preparar en ella picadillo de soya.
4 En un discurso pronunciado días más tarde, Castro la emprendió contra los vetustos refrigeradores Westinghouse y Frigidaire de los años 50 que todavía están operativos en la isla: los acusó de ser "devoradores de energía eléctrica", pero sabiamente diagnosticó el motivo de su ineficiencia: la escasez de tiras selladoras de goma originales, imposibles de hallar en la isla por culpa, ¡claro está!, del criminal embargo yanqui.
El Comandante prometió que en dos meses y medio ­"¡Fidel, Fidel!"­ llegarían ­¿de China?­ las gomas de repuesto. También recomendó el uso de los bombillos "ahorradores" que pronto llegarían, al parecer, también de China.
Es típico de los hijos de puta comunistas: para ellos, tal como decía el Che Guevara, ese sicópata asesino, "el futuro nos pertenece". Lo que es una cagada es el presente.
@ibsenmartinez

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