Sunday, September 30, 2012

GRACIAS A DIOS ES DOMINGO: RECORDANDO A AGUSTÍN TAMARGO, UN CUBANO DE VERDAD





SOY CUBANO
por Agustin Tamargo
 
¿Qué es ser cubano?
O mejor: ¿Qué otra cosa puede ser un cubano?
Soy cubano.

Para algunos esto acaso no es mucho
pero a mi yo íntimo le basta y le sobra.
Soy cubano.

Podría ser venezolano, español o americano.
Pero ése sería un ser artificial
de voto y pasaporte,
hijo del papel y la tinta,
que no cuadra a mi naturaleza rebelde.
 
Soy un cubano integral.
Cubano de las buenas y las malas,
de las verdes y las maduras
Cubano como decía Unamuno
que él era vasco por los 16 costados.
 
Soy cubano.
Tengo un himno y una bandera.
Y tengo, sobre todo,
una historia llena de nombres,
hechos y lugares gloriosos.
¿Podría cambiar por algún hecho histórico extranjero
Las Guásimas, Baraguá y EL Escambray?
 
Soy cubano
de café negro,
de tabaco y de casabe,
de son y ron,
de baile en la Tropical y de guateque guajiro.
 
Soy cubano
de hablar a gritos,
de jugar a la pelota,
de piropear a las mujeres
y de bajar como un río de fuego
la escalinata de la universidad de la Habana.
 
No soy un ciudadano, soy una pasión que camina.
Y cuando enfrento la última realidad de mi vida,
que es la de la patria perdida,
me transformo en una fiera.
Por eso los extranjeros no me entienden.
¿Cómo van a entender que quien lo tenga todo pida más?.
Y es que esos extranjeros no saben
que ese todo reluciente,
adquirido en tierra prestada y bajo sol ajeno,
no puede curar una enfermedad fatal
que se llama ¡NOSTALGIA!
 
Dicen que lo bello,
cuando se pierde, se vuelve más bello todavía.
¿Y qué era Cuba, desde que la bautizó Colón,
sino la tierra más hermosa que ojos humanos vieron?
¿ Que era Cuba?
Cuba era un hechizo en las madrugadas de rocío,
un calor en las venas en las noches de erotismo caliente.
Frente a la majestuosidad del Níagara.,
Heredia echaba de menos a sus palmas,
que buscó y no encontró
y que en realidad no necesitaba encontrar
porque las llevaba dentro.
 
Así, dentro del alma,
carga el cubano a Cuba por todas partes
como un escapulario para defenderse del siniestro.
Podrá decir también como un escudo.
Con la historia de Cuba al brazo va el cubano por el mundo
defendiendo a su tierra bienamada
frente al envidioso y el calumniador.
 
Cuba es su niña.
Cuba es su obsesión y su desvelo.
Cuba es su madre y es también su hija.
Cuba es su amante lejana e inolvidable.
Muchos dicen que el cubano está loco.
¡Pues claro que lo está!.
¿No va a estar loco
el que se gana la lotería
y le roban el billete?
 
Los libros que allá no leía
el cubano desterrado los lee ahora aquí.
Los cuadros que allá no miraba,
los mira ahora aquí.
La música que allá no escuchaba
la escucha ahora aquí.
El cubano no vive en una casa
ni en un apartamento,
vivé en un baúl de recuerdos.
Cada vez que destapa el baúl
y encuentra una fotografía gastada,
sufre una herida.
 
Cada palabra criolla que no conocía
o había olvidado y redescubre
se le transforma en un amuleto
con el que defiende su autenticidad.
 
En el hipódromo de Hialeah
hay una guardarraya de palmas.
No de palmas canas, no de palmetos,
de palmas reales
ésas que coronan en cuba las lomas
y las ribera de los ríos
y que fueron traídas de allá.
Se asegura que un hombre solitario
camina por las noches
bajo esas palmas hablando solo.

No es invención de nadie.
Ese hombre soy yo.
 
Ser cubano
hoy es una prueba amarga, un desafió.
En la isla, un hombre que metió en ellas a los rusos
mete ahora los turistas extranjeros
con la misma finalidad:
pisotear el cubano.
 
En el destierro,
la prosperidad material
y la indiferencia del extraño
ante su drama,
hacen del cubano un solitario.
Nadie lo entiende.
Nadie respeta su interminable vigilia
en espera de que amanezca.

Todos le piden que se olvide,
que se adapte,
que haga como todos los refugiados del mundo:
iniciar una nueva vida.
¿Se puede seriamente iniciar una nueva vida?.
¿Dónde hincará sus nuevas raíces esa nueva vida?
¿En el 4 de julio americano?
¿En el 2 de mayo español?
¿ En el 14 de julio francés?
 
No. La historia de un pueblo
no puede ser una invención diaria,
llena de lo artificio de lo prestado.
La historia de un pueblo es la continuidad ,
el plebiscito diario de que hablaba Renan.
De Diego Velásquez a Fidel Castro
la historia de Cuba
ha sido un largo peregrinaje
hacia la única felicidad posible:
la que proporciona la libertad.
 
Cuba mató su indio,
masticó su negro y se tragó su español
y de esas mezclas de sangre, hizo el cubano.
Hombre de islas, hijo del sol,
ese cubano lo ha sido todo
sobre su tierra ardiente:
matemático y jugador de gallos,
ajedrecista y cantor de puntos guajiros,
político y hacendado,
rumbero y profesor.
 
Fernando Ortiz es el cubano.
Y Miguel Matamoros.
Y Guiteras. y Gastón Baquero.
El chino-mulato Wilfredo Lam es el cubano
¿Se puede olvidar todo eso
porque el anfitrión sea generoso
y la mesa esté bien servida?
Yo creo que no.
Como decía Martí
de los que iban a su tierra
cuando aún el español la ofendía.
Otros pueden, yo no puedo.
La dejaron allí como quien
dicta su testamento a un notario
o como el que echaba una botella al mar.
 
Vino Colon, vino Hernán Cortés,
vino el americano, vino el ruso,
vino Castro
vino la desolación de la huida en masa.
Pero la isla está allí,
Cuba está allí.

Esperando con su calor de madre
por los hijos dispersos
simbolizados en ese cubano
que dejó esta nota
y que habla solo de noche
bajo las palmas de Hialeah.
 

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