Ambos artículos reproducidos por Gentileza de
(www.miscelaneasdecuba.net).---
Coincidentemente -dos días antes- el martes 24, ocurrió uno de los ya habituales derrumbes de viviendas en La Habana, esta vez en la céntrica calle Infanta, esquina a Zanja, al lado de otro edificio que hace unos meses también colapsó. La víctima mortal, que se conoce, no pudo oír las nada tranquilizadoras palabras de Raúl Castro y los sobrevivientes, si se molestaron en oírlo, deben haber abandonado toda esperanza.
Más que el techo, el hábitat de la población en su conjunto, constituye la representación de la horrenda realidad nacional actual; la alimentación y el transporte son los otros factores permanentes de angustia y desesperación, pero las maltrechas viviendas, las deficiencias en la redes de agua, alcantarillado, electricidad y el resto de los servicios comunales son el espejo de la sociedad cubana.
1.-LA MORADA.
Hasta junio de 2010, existían en el país 3 661 020 viviendas, de las cuales el 47% de ellas -1 720 680-eran de tipología I, con paredes de mampostería y cubiertas de placa, que son las oficialmente reconocidas para resistir los frecuentes huracanes que afectan al país, y albergaban aproximadamente a 5 283 miles de habitantes. Por lo tanto, alrededor de 6 millones de personas moraban en más de 1,9 millones de viviendas no aptas para resistir esos fenómenos, lo cual casi ratificó Fidel Castro, cuando en su artículo “Un golpe nuclear” de septiembre de 2008, afirmó que: “Cuba necesita no menos de 1,5 millones de viviendas anticiclónicas…”
La clasificación -por un engañoso estado técnico- en junio de 2010, que se limitaba a los aspectos constructivos, arrojaba que alrededor de 1,3 millones de viviendas, el 35,6% del total, con aproximadamente 4 millones de personas, se encontraban en regular y mal estado.
Por otra parte, alrededor de 1,6 millones de casas -con unos 4,8 millones de habitantes- eran de cubiertas ligeras, por lo que fueron las más dañadas por los huracanes Gustav y Ike; al punto que se estimó que para resolver esas afectaciones se requerían más de 22 millones de metros cuadrados de tejas, lo que significaba un daño equivalente a unas 300 mil viviendas, casi la quinta parte de éstas.
Los fuertes huracanes que azotaron el país entre 2001 y 2008 dañaron más de 600 mil viviendas, incluyendo unos 92 mil derrumbes totales, la mayoría de ellos correspondientes a las construidas con materiales inferiores. En particular, el 70% de las devastadas por Ike eran de madera.
Resulta alarmante que en menos de 8 años, desde el censo de septiembre de 2002 hasta junio de 2010, el estado del fondo habitacional haya continuado deteriorándose, ya que mientras las de tipología I disminuían en 21 036, las restantes se incrementaron en 147 729.
Pero lo más grave radica en la agudización del problema, y como se siguen las orientaciones de Raúl Castro de andar a paso lento; en 2012, de un plan de terminación de 23 140 viviendas, que resultó inferior a las 32 540 de 2011, solo se habían concluido en el primer semestre 8 972 y las ventas de materiales de construcción a la población se incumplieron en un 24%.
Ante esa desastrosa situación lo único que se le ha ocurrido a Raúl Castro es instrumentar medidas contra las violaciones urbanísticas que comete la población para paliar la situación, que incluyen: construcciones ilegales, creación de barrios marginales, invasión de espacios comunes de edificios, portales y azoteas, así como las edificaciones ya tradicionales de barbacoas, entre otras. Para ello nombró al frente del Instituto de Planificación Física (IPF) a un general, Samuel Rodiles Planas, para que les haga la vida imposible a quienes tratan de subsistir en medio del caos.
2.- EL AGUA.
Según el censo de septiembre de 2002, el 78% de la población -unos 8,7 millones de personas- tenía acceso al agua mediante conexión a las redes, pero 6 años después, en junio de 2008, bajó a un 75%, o sea unas 300 mil personas menos.
Aunque se proclama que el 95,5% de la población tiene acceso al agua potable, ello ocurre a la salida de los acueductos, ya que de unos 21 mil Km de redes, el 80% se encuentra en mal estado, lo que provoca que se pierda el 58% del agua que se bombea, y lo que es más grave, que se produzca por ese motivo una contaminación de la misma.
Sobre Santa Clara y Sagua la Grande en 2007, la directora del Centro de Higiene y Epidemiología informó que mientras el nivel de potabilización era de casi un 96% a la salida de los tanques, bajaba al 50-60% en la que recibían los clientes, y que por el mal estado de las redes penetraban virus, bacterias y parásitos, lo cual era fuente de hepatitis, afecciones diarreicas y otras enfermedades.
Según se informó en la sesión de la Asamblea Nacional celebrada en julio de 2012, el 58% del agua bombeada que se pierde asciende a 1 011 millones de metros cúbicos, de los cuales el 22%, que asciende a 383,5 millones, se dilapida en las redes inter domiciliarias, que significa que la población deje de recibir alrededor de 93,5 litros diarios per cápita solo por ese motivo, y equivale aproximadamente a los 100 litros mínimos requeridos.
La promesa de “Nochebuena” que hizo Raúl Castro en diciembre de 2007, que Santiago de Cuba tendría agua las 24 horas del día en 2008 o a lo sumo en 2009, continúa incumplida y con su política de no apurarse, declaró al respecto en 2011: “…no había que presionarse por la palabra empeñada…”, más claro que el agua: su palabra no vale nada.
El acueducto de Manzanillo, con 5 años de construido y que tenía el propósito de abastecer de agua a sus 100 mil habitantes las 24 horas del día, no ha cumplido su propósito. Las aguas anegan cunetas, calles y esquinas céntricas y se bota casi la mitad del agua bombeada. En algunas zonas el servicio es más deficiente que antes de iniciarse esa obra.
A mediados de 2011, en La Habana, de 3 200 km de tuberías de acueducto, el 70% estaba en mal estado.
La solución que se recomendó en la última reunión de la Asamblea Nacional, no fue incrementar los medios necesarios para resolver al menos los salideros inter domiciliarios, sino elevar las tarifas a la ya atiborrada población para “incentivar” el ahorro.
3.-LOS RESIDUALES.
Al iniciarse el año 2008 sólo el 38,8% de la población (4,4 millones de personas) tenían cobertura de saneamiento por alcantarillado; el 56,3% (6,4millones) dependían de fosas o letrinas y un 4,9%, (unas 600 mil) carecían de saneamiento. Para esa fecha sólo se trataban el 30% de los albañales evacuados y de las 840 mil fosas sépticas existentes sólo se limpiaban anualmente unas 250 mil; por lo que debían esperar como promedio 3 años y 4 meses para ello. En el caso de La Habana es de destacar que con una población actual de 2,2 millones de personas, el sistema de alcantarillados fue concebido para alrededor de 600 mil.
En la capital al iniciarse 2010 la prensa destacaba que no había sistematicidad en la recogida de desechos sólidos, ni en la limpieza de locales abandonados, lo cual contribuía al deterioro de la higiene, situación que se mantiene actualmente. Además se informaba que en San Miguel del Padrón había una elevada incidencia de salideros de agua donde se ligaban aguas limpias y negras.
Para la recogida de residuales sólidos, se informó en una reunión previa a la sesión de la Asamblea Nacional el 22 de julio de 2012, que de los 994 vertederos activos en el país 209 operan a cielo abierto y el 11% de los residuales no reciben tratamiento, además una buena parte de ellos no tienen cerca perimetral, por lo que el acceso de animales y personas constituye un riesgo epidemiológico.
4.-LAS REDES ELÉCTRICAS.
Son casi totales los tendidos eléctricos aéreos a lo largo del país, pese a que la frecuencia de huracanes aconseja el soterrado de éstos, que son invulnerables ante eventos de esa naturaleza, tienen una vida útil mayor, se recupera la inversión rápidamente, evita la poda frecuente de árboles en zonas urbanas y posibilita mantener las comunicaciones en épocas de tormentas. Es de destacar, que solamente la capital tiene unos 56 000 árboles entre las líneas eléctricas.
Las redes eléctricas están envejecidas y sólo en la capital llevan más de 40 años de explotación.
Para complicar más la situación eléctrica, Fidel Castro con su infausta Revolución Energética, obligó a cocinar con electricidad al 75% de las familias que lo hacían con keroseno; y hoy el 69% de los hogares, alrededor de 2,6 millones, con unos de 7,9 millones de personas, se ven obligados a ello, con el inconveniente de que no se les garantizan las piezas de repuesto ante las frecuentes roturas y la población ve incrementada paulatinamente su factura eléctrica, que creció un 4% en el primer semestre de 2012. No obstante Raúl Castro ratificó que hay que cocinar con electricidad.
5.-CONCLUSIÓN.
Un resumen de la situación lo reflejó un estudio sobre la prevención y asistencia social presentado a la Asamblea Nacional en diciembre de 2009, que planteaba: “…en más de 300 demarcaciones se agudizan y confluyen dificultades con la mala calidad de las viviendas y los viales, la falta de higiene, el escaso alumbrado público, los problemas con el abasto de agua, las difíciles relaciones entre los vecinos y las pocas opciones para ocupar el tiempo libre…además abundan en ellas el consumo de bebidas alcohólicas, las alteraciones del orden y la violencia intrafamiliar y de género”.
A fines de diciembre de 2010 el semanario Tribuna de La Habana comentó que en las asambleas de rendición de cuentas de los municipios los asuntos más reiterados fueron: el alumbrado público, los salideros de agua potable, la falta de transporte y el vertimiento de albañales.
Sin embargo, Raúl Castro contribuye de forma directa a ampliar el caos, y por ejemplo, dio la instrucción -a principios de 2009- que en el barrio La Risueña, de Santiago de Cuba -donde se construían 100 petrocasas- se respetara espacio para la posterior urbanización, en lugar de prohibir las edificaciones sin esas previas obras. Con esa orientación aprobó prácticamente la construcción de un barrio marginal.
Sólo habría que agregar que este panorama es válido a todo lo largo del país, que se agrava y acelera, como lo demuestran, no sólo los derrumbes de viviendas, sino también la situación epidemiológica, con el incremento de las enfermedades diarreicas, el endemismo del dengue, el reciente brote de cólera y otras enfermedades, debido a la proliferación de vectores. Mientras tanto, habrá que seguir las orientaciones de Raúl Castro: NO HAY APURO.
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El presidente cubano reiteró que los cambios en Cuba continuarían con
la lentitud que los ha caracterizado hasta ahora en su intervención en
el acto del pasado 26 de julio en Guantánamo, al extremo este de la
isla.
Pero las palabras breves acerca del candente tema económico del General-Presidente no convencieron a mi vecino Roberto, ni a Ramona ni a otros muchos que ni siquiera escucharon la transmisión del acto porque para todos ese mensaje no se vincula en nada con sus vidas.
Roberto a sus casi setenta años, una magra jubilación, una esposa con discapacidad física y una suegra de ochenta años, la tercera edad le resulta una etapa de su vida bien amarga. Para sobrevivir cuenta con la ayuda de sus compadres que viven en los Estados Unidos y de vez en cuando el envío de un paquetico con paquetes de café, unas conservas, jabones, desodorantes, etc. los ayuda a levantar el ánimo de seguir y provoca una fiesta como si fueran niños que reciben las golosinas preferidas un día de agasajo.
Por su parte Ramona, no suelta las revistas de textos bíblicos que los Testigos de Jehová leen para su instrucción religiosa. A diferencia, del periódico Granma, órgano oficial el partido Comunista de Cuba, la revista Amanecer, distribuida para los miembros de esa secta, resulta más interesante porque en ella encuentra sus lecturas preferidas que transmiten, según ella, verdaderas enseñanzas para guiar su vida en este camino difícil por el que transita.
Mientras, no desmaya en la venta de botellas de refresco de varios sabores bien frías para combatir el calor del agosto cubano. Los “pepinos” de refresco valen diez pesos cada uno. Un pariente que prepara la bebida con agua, sirope de sabores y gas se los trae a siete pesos y ella les gana tres por cada uno que venda.
Juanita vive con la puerta de su casita de madera abierta. En la estrecha salita, la mesita de arreglar las uñas está siempre dispuesta a recibir una clienta para que le haga la manicure. Cuando le pregunté por lo que el Presidente cubano había dicho, me miró como si le hablara de los habitantes de un planeta lejano. “Lo único que oigo es música y los gritos de los bejigos que están de vacaciones y me vuelven loca con el correteo que tienen en la casa”.
La suerte de ella es que su mamá se ocupa de los mandados y de salir a la calle todas las mañanas a buscar los alimentos necesarios para preparar el almuerzo. El marido que es chofer de un carro de una empresa parte bien temprano y regresa a la caída de la tarde.
Para la economía familiar del cubano cualquiera las palabras del presidente cubano Raúl Castro no significan otra cosa que “más de lo mismo”, como dice Roberto con la desesperanza de sus años y la nostalgia de aquellos tiempos de juventud y un buen plato de comida a bajo precio.
La respuesta de Ramona siempre deriva de una enseñanza contenida en los textos bíblicos. Para ella la palabra de Jehová es su guía en “este desierto en que nos encontramos” y gracias a la palabra puede continuar su camino sin mayores problemas.
No obstante, la vida de Ramona es una vida de privaciones, de una pobreza digna sostenida por los pilares de una Fe que no se quebranta. Al fin, ella reconoce que “esta Revolución no me ha dado nada realmente, si no fuera diabética ni leche en polvo compraría por la dieta médica, sigo viviendo en la misma barraca en la que vivieron mis padres y nacieron mis hijos, por eso mi fuerza está en la palabra”.
Poco a poco todos ellos extinguen sus vidas en un país donde al cabo de casi 55 años, todavía los gobernantes imponen un sistema fracasado.
(www.miscelaneasdecuba.net).---
Raúl Castro no tiene apuro para deshacer los entuertos que su régimen
creó. El jueves 26 de julio de 2012, al cumplirse exactamente 59 años
del comienzo de la destrucción, sentenció “… sin prisa…poco a poco…” y
repitió “…poco a poco…”.
Coincidentemente -dos días antes- el martes 24, ocurrió uno de los ya habituales derrumbes de viviendas en La Habana, esta vez en la céntrica calle Infanta, esquina a Zanja, al lado de otro edificio que hace unos meses también colapsó. La víctima mortal, que se conoce, no pudo oír las nada tranquilizadoras palabras de Raúl Castro y los sobrevivientes, si se molestaron en oírlo, deben haber abandonado toda esperanza.
Más que el techo, el hábitat de la población en su conjunto, constituye la representación de la horrenda realidad nacional actual; la alimentación y el transporte son los otros factores permanentes de angustia y desesperación, pero las maltrechas viviendas, las deficiencias en la redes de agua, alcantarillado, electricidad y el resto de los servicios comunales son el espejo de la sociedad cubana.
1.-LA MORADA.
Hasta junio de 2010, existían en el país 3 661 020 viviendas, de las cuales el 47% de ellas -1 720 680-eran de tipología I, con paredes de mampostería y cubiertas de placa, que son las oficialmente reconocidas para resistir los frecuentes huracanes que afectan al país, y albergaban aproximadamente a 5 283 miles de habitantes. Por lo tanto, alrededor de 6 millones de personas moraban en más de 1,9 millones de viviendas no aptas para resistir esos fenómenos, lo cual casi ratificó Fidel Castro, cuando en su artículo “Un golpe nuclear” de septiembre de 2008, afirmó que: “Cuba necesita no menos de 1,5 millones de viviendas anticiclónicas…”
La clasificación -por un engañoso estado técnico- en junio de 2010, que se limitaba a los aspectos constructivos, arrojaba que alrededor de 1,3 millones de viviendas, el 35,6% del total, con aproximadamente 4 millones de personas, se encontraban en regular y mal estado.
Por otra parte, alrededor de 1,6 millones de casas -con unos 4,8 millones de habitantes- eran de cubiertas ligeras, por lo que fueron las más dañadas por los huracanes Gustav y Ike; al punto que se estimó que para resolver esas afectaciones se requerían más de 22 millones de metros cuadrados de tejas, lo que significaba un daño equivalente a unas 300 mil viviendas, casi la quinta parte de éstas.
Los fuertes huracanes que azotaron el país entre 2001 y 2008 dañaron más de 600 mil viviendas, incluyendo unos 92 mil derrumbes totales, la mayoría de ellos correspondientes a las construidas con materiales inferiores. En particular, el 70% de las devastadas por Ike eran de madera.
Resulta alarmante que en menos de 8 años, desde el censo de septiembre de 2002 hasta junio de 2010, el estado del fondo habitacional haya continuado deteriorándose, ya que mientras las de tipología I disminuían en 21 036, las restantes se incrementaron en 147 729.
Pero lo más grave radica en la agudización del problema, y como se siguen las orientaciones de Raúl Castro de andar a paso lento; en 2012, de un plan de terminación de 23 140 viviendas, que resultó inferior a las 32 540 de 2011, solo se habían concluido en el primer semestre 8 972 y las ventas de materiales de construcción a la población se incumplieron en un 24%.
Ante esa desastrosa situación lo único que se le ha ocurrido a Raúl Castro es instrumentar medidas contra las violaciones urbanísticas que comete la población para paliar la situación, que incluyen: construcciones ilegales, creación de barrios marginales, invasión de espacios comunes de edificios, portales y azoteas, así como las edificaciones ya tradicionales de barbacoas, entre otras. Para ello nombró al frente del Instituto de Planificación Física (IPF) a un general, Samuel Rodiles Planas, para que les haga la vida imposible a quienes tratan de subsistir en medio del caos.
2.- EL AGUA.
Según el censo de septiembre de 2002, el 78% de la población -unos 8,7 millones de personas- tenía acceso al agua mediante conexión a las redes, pero 6 años después, en junio de 2008, bajó a un 75%, o sea unas 300 mil personas menos.
Aunque se proclama que el 95,5% de la población tiene acceso al agua potable, ello ocurre a la salida de los acueductos, ya que de unos 21 mil Km de redes, el 80% se encuentra en mal estado, lo que provoca que se pierda el 58% del agua que se bombea, y lo que es más grave, que se produzca por ese motivo una contaminación de la misma.
Sobre Santa Clara y Sagua la Grande en 2007, la directora del Centro de Higiene y Epidemiología informó que mientras el nivel de potabilización era de casi un 96% a la salida de los tanques, bajaba al 50-60% en la que recibían los clientes, y que por el mal estado de las redes penetraban virus, bacterias y parásitos, lo cual era fuente de hepatitis, afecciones diarreicas y otras enfermedades.
Según se informó en la sesión de la Asamblea Nacional celebrada en julio de 2012, el 58% del agua bombeada que se pierde asciende a 1 011 millones de metros cúbicos, de los cuales el 22%, que asciende a 383,5 millones, se dilapida en las redes inter domiciliarias, que significa que la población deje de recibir alrededor de 93,5 litros diarios per cápita solo por ese motivo, y equivale aproximadamente a los 100 litros mínimos requeridos.
La promesa de “Nochebuena” que hizo Raúl Castro en diciembre de 2007, que Santiago de Cuba tendría agua las 24 horas del día en 2008 o a lo sumo en 2009, continúa incumplida y con su política de no apurarse, declaró al respecto en 2011: “…no había que presionarse por la palabra empeñada…”, más claro que el agua: su palabra no vale nada.
El acueducto de Manzanillo, con 5 años de construido y que tenía el propósito de abastecer de agua a sus 100 mil habitantes las 24 horas del día, no ha cumplido su propósito. Las aguas anegan cunetas, calles y esquinas céntricas y se bota casi la mitad del agua bombeada. En algunas zonas el servicio es más deficiente que antes de iniciarse esa obra.
A mediados de 2011, en La Habana, de 3 200 km de tuberías de acueducto, el 70% estaba en mal estado.
La solución que se recomendó en la última reunión de la Asamblea Nacional, no fue incrementar los medios necesarios para resolver al menos los salideros inter domiciliarios, sino elevar las tarifas a la ya atiborrada población para “incentivar” el ahorro.
3.-LOS RESIDUALES.
Al iniciarse el año 2008 sólo el 38,8% de la población (4,4 millones de personas) tenían cobertura de saneamiento por alcantarillado; el 56,3% (6,4millones) dependían de fosas o letrinas y un 4,9%, (unas 600 mil) carecían de saneamiento. Para esa fecha sólo se trataban el 30% de los albañales evacuados y de las 840 mil fosas sépticas existentes sólo se limpiaban anualmente unas 250 mil; por lo que debían esperar como promedio 3 años y 4 meses para ello. En el caso de La Habana es de destacar que con una población actual de 2,2 millones de personas, el sistema de alcantarillados fue concebido para alrededor de 600 mil.
En la capital al iniciarse 2010 la prensa destacaba que no había sistematicidad en la recogida de desechos sólidos, ni en la limpieza de locales abandonados, lo cual contribuía al deterioro de la higiene, situación que se mantiene actualmente. Además se informaba que en San Miguel del Padrón había una elevada incidencia de salideros de agua donde se ligaban aguas limpias y negras.
Para la recogida de residuales sólidos, se informó en una reunión previa a la sesión de la Asamblea Nacional el 22 de julio de 2012, que de los 994 vertederos activos en el país 209 operan a cielo abierto y el 11% de los residuales no reciben tratamiento, además una buena parte de ellos no tienen cerca perimetral, por lo que el acceso de animales y personas constituye un riesgo epidemiológico.
4.-LAS REDES ELÉCTRICAS.
Son casi totales los tendidos eléctricos aéreos a lo largo del país, pese a que la frecuencia de huracanes aconseja el soterrado de éstos, que son invulnerables ante eventos de esa naturaleza, tienen una vida útil mayor, se recupera la inversión rápidamente, evita la poda frecuente de árboles en zonas urbanas y posibilita mantener las comunicaciones en épocas de tormentas. Es de destacar, que solamente la capital tiene unos 56 000 árboles entre las líneas eléctricas.
Las redes eléctricas están envejecidas y sólo en la capital llevan más de 40 años de explotación.
Para complicar más la situación eléctrica, Fidel Castro con su infausta Revolución Energética, obligó a cocinar con electricidad al 75% de las familias que lo hacían con keroseno; y hoy el 69% de los hogares, alrededor de 2,6 millones, con unos de 7,9 millones de personas, se ven obligados a ello, con el inconveniente de que no se les garantizan las piezas de repuesto ante las frecuentes roturas y la población ve incrementada paulatinamente su factura eléctrica, que creció un 4% en el primer semestre de 2012. No obstante Raúl Castro ratificó que hay que cocinar con electricidad.
5.-CONCLUSIÓN.
Un resumen de la situación lo reflejó un estudio sobre la prevención y asistencia social presentado a la Asamblea Nacional en diciembre de 2009, que planteaba: “…en más de 300 demarcaciones se agudizan y confluyen dificultades con la mala calidad de las viviendas y los viales, la falta de higiene, el escaso alumbrado público, los problemas con el abasto de agua, las difíciles relaciones entre los vecinos y las pocas opciones para ocupar el tiempo libre…además abundan en ellas el consumo de bebidas alcohólicas, las alteraciones del orden y la violencia intrafamiliar y de género”.
A fines de diciembre de 2010 el semanario Tribuna de La Habana comentó que en las asambleas de rendición de cuentas de los municipios los asuntos más reiterados fueron: el alumbrado público, los salideros de agua potable, la falta de transporte y el vertimiento de albañales.
Sin embargo, Raúl Castro contribuye de forma directa a ampliar el caos, y por ejemplo, dio la instrucción -a principios de 2009- que en el barrio La Risueña, de Santiago de Cuba -donde se construían 100 petrocasas- se respetara espacio para la posterior urbanización, en lugar de prohibir las edificaciones sin esas previas obras. Con esa orientación aprobó prácticamente la construcción de un barrio marginal.
Sólo habría que agregar que este panorama es válido a todo lo largo del país, que se agrava y acelera, como lo demuestran, no sólo los derrumbes de viviendas, sino también la situación epidemiológica, con el incremento de las enfermedades diarreicas, el endemismo del dengue, el reciente brote de cólera y otras enfermedades, debido a la proliferación de vectores. Mientras tanto, habrá que seguir las orientaciones de Raúl Castro: NO HAY APURO.
Poco a poco
El presidente cubano reiteró que los cambios en Cuba continuarían con
la lentitud que los ha caracterizado hasta ahora en su intervención en
el acto del pasado 26 de julio en Guantánamo, al extremo este de la
isla.Pero las palabras breves acerca del candente tema económico del General-Presidente no convencieron a mi vecino Roberto, ni a Ramona ni a otros muchos que ni siquiera escucharon la transmisión del acto porque para todos ese mensaje no se vincula en nada con sus vidas.
Roberto a sus casi setenta años, una magra jubilación, una esposa con discapacidad física y una suegra de ochenta años, la tercera edad le resulta una etapa de su vida bien amarga. Para sobrevivir cuenta con la ayuda de sus compadres que viven en los Estados Unidos y de vez en cuando el envío de un paquetico con paquetes de café, unas conservas, jabones, desodorantes, etc. los ayuda a levantar el ánimo de seguir y provoca una fiesta como si fueran niños que reciben las golosinas preferidas un día de agasajo.
Por su parte Ramona, no suelta las revistas de textos bíblicos que los Testigos de Jehová leen para su instrucción religiosa. A diferencia, del periódico Granma, órgano oficial el partido Comunista de Cuba, la revista Amanecer, distribuida para los miembros de esa secta, resulta más interesante porque en ella encuentra sus lecturas preferidas que transmiten, según ella, verdaderas enseñanzas para guiar su vida en este camino difícil por el que transita.
Mientras, no desmaya en la venta de botellas de refresco de varios sabores bien frías para combatir el calor del agosto cubano. Los “pepinos” de refresco valen diez pesos cada uno. Un pariente que prepara la bebida con agua, sirope de sabores y gas se los trae a siete pesos y ella les gana tres por cada uno que venda.
Juanita vive con la puerta de su casita de madera abierta. En la estrecha salita, la mesita de arreglar las uñas está siempre dispuesta a recibir una clienta para que le haga la manicure. Cuando le pregunté por lo que el Presidente cubano había dicho, me miró como si le hablara de los habitantes de un planeta lejano. “Lo único que oigo es música y los gritos de los bejigos que están de vacaciones y me vuelven loca con el correteo que tienen en la casa”.
La suerte de ella es que su mamá se ocupa de los mandados y de salir a la calle todas las mañanas a buscar los alimentos necesarios para preparar el almuerzo. El marido que es chofer de un carro de una empresa parte bien temprano y regresa a la caída de la tarde.
Para la economía familiar del cubano cualquiera las palabras del presidente cubano Raúl Castro no significan otra cosa que “más de lo mismo”, como dice Roberto con la desesperanza de sus años y la nostalgia de aquellos tiempos de juventud y un buen plato de comida a bajo precio.
La respuesta de Ramona siempre deriva de una enseñanza contenida en los textos bíblicos. Para ella la palabra de Jehová es su guía en “este desierto en que nos encontramos” y gracias a la palabra puede continuar su camino sin mayores problemas.
No obstante, la vida de Ramona es una vida de privaciones, de una pobreza digna sostenida por los pilares de una Fe que no se quebranta. Al fin, ella reconoce que “esta Revolución no me ha dado nada realmente, si no fuera diabética ni leche en polvo compraría por la dieta médica, sigo viviendo en la misma barraca en la que vivieron mis padres y nacieron mis hijos, por eso mi fuerza está en la palabra”.
Poco a poco todos ellos extinguen sus vidas en un país donde al cabo de casi 55 años, todavía los gobernantes imponen un sistema fracasado.
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