Tuesday, August 14, 2012

FRENTE A FRENTE: "LLAMAMIENTO..." Y "NO AL DIÁLOGO"

Carta abierta a los firmantes del "Llamamiento urgente por una Cuba mejor y posible".


Cubano/cubana:

Ante todo, creo que es encomiable que algunos cubanos se preocupen por el futuro de nuestra patria y que deseen una Cuba mejor. También creo que esta Cuba mejor es posible, aunque lograrlo no va a ser fácil, especialmente si no comprendemos la verdadera esencia del problema.

Al comienzo de este Llamamiento se afirma que “Vivimos tiempos cruciales. Es necesario conocer y aprender del pasado para no repetirlo.” Coincido totalmente con tal afirmación. Pero lo que no aparece por ninguna parte en el Llamamiento es que tanto la versión de la historia predicada en Cuba como la más aceptada en el exilio son fundamentalmente erróneas. La historia reciente de Cuba es un fenómeno mucho más complejo que lo que ambas versiones nos ofrecen. Como bien dijo Virgilio Piñera en una de sus obras, entre blanco y negro hay toda un gama de … amarillo.

Paradójicamente, ambas versiones, la oficial cubana y la del exilio, coinciden en muchos puntos. Por ejemplo, ambas afirman que la invasión de Bahía de Cochinos fue un fracaso, que Fidel Castro es comunista, que la CIA en varias ocasiones trató de asesinarlo, que el llamado embargo lo ha perjudicado, así como que la actividad antinorteamericana de Castro en todo el planeta ha perjudicado los intereses de quienes controlan los EE.UU. Nada más lejos de la realidad.

Por ejemplo, antes de la invasión de Bahía de Cochinos, había en la Florida más de una docena de organizaciones anticastristas conspirando activamente para derrocar a Castro por la vía de las armas; varios grupos de guerrillas anticastristas se habían hecho fuertes en la Isla, y controlaban gran parte de las montañas del Escambray, en la región central de Cuba; y un vigoroso movimiento clandestino anticastrista en las ciudades tenía en jaque al gobierno de Castro, mediante resistencia cívica, huelgas y sabotaje.

Entonces la CIA, so pretexto de una mejor coordinación, consolidó todas las organizaciones anticastrista de la Florida en una sola, que ellos controlaban; le cortó la ayuda que le había venido brindando, y prácticamente abandonó a su suerte, a las guerrillas en el Escambray y, finalmente, dejó en el limbo al movimiento urbano sobre la invasión que estaban planeando. Fue entonces cuando ésta se produjo, con los resultados esperados.

Así que la CIA, siguiendo órdenes superiores, primero consolidó todos los grupos castristas en uno sólo, y luego lo decapitó de un sólo golpe. Por su parte, Castro aprovechó la invasión como pretexto para desatar una violenta represión contra los grupos de resistencia urbana, y los eliminó por completo. Y, después que la CIA dejó de enviarles armas y municiones, Castro lanzó una gigantesca ofensiva militar contra los grupos guerrilleros del Escambray, que aniquiló poco después.

De modo que, lejos de ser una fracaso, la invasión de Bahía de Cochinos fue un rotundo éxito, pues logró con creces el objetivo secreto que se proponían quienes controlan la CIA tras los bastidores, que era consolidar a Castro en el poder.

Por cierto, que la exitosa colaboración de la CIA con Castro no comenzó con la invasión de  Bahía de Cochinos. Ésta se remonta a los disturbios del Bogotazo en 1948, y a los días de su estancia en la Sierra Maestra. En su biografía de Castro, Tad Szulc menciona como la CIA contribuyó secretamente con armas, municiones y dinero. Esto aclara por fin el misterio de la fuente casi inagotable de dinero con que contaba Castro para comprar a los oficiales del ejército de Batista.

Otro de los mitos de ambas versiones de la historia es que Fidel Castro siempre fue y aún es comunista. Sin embargo, tanto los comunistas cubanos como el Vaticano, verdaderos expertos en comunismo, nunca lo creyeron. Las visitas de dos papas a Cuba, y la actitud adulatoria de la Iglesia cubana hacia Castro, son prueba suficiente del amor y la admiración que la jerarquía católica siempre ha sentido por el ex-alumno predilecto del Colegio de Belén. Además, tan sólo una lectura superficial de sus discursos muestra la ignorancia supina de Castro en lo tocante a la doctrina marxista.

Si Castro es comunista, ¿por qué terminó su discurso de autodefensa en el juicio por el ataque al Moncada con la frase “La historia me absolverá”, la misma frase que Hitler había usado en su propia defensa en el juicio por el frustrado putsch de 1923? [Ver, Konrad Heiden, Der Führer (Boston: Houghton Mifflin, 1944), p. 206, y William Shirer, The Rise and Fall of the Third Reich (Greenwich, Conn.: Fawcett, 1962), p. 118.] La similitud no pasó desapercibida por los comunistas cubanos, quienes siempre acusaron a Castro de putschista, lo que el lingo comunista de la postguerra significaba fascista.

El cuanto al tan cacareado “embargo” — al que siempre me opuse y ya no me opongo porque es irrelevante —, este nunca ha pasado de ser una farsa, cuya puesta en escena más reciente la llevó a cabo el presidente norteamericano Barak Hussein Obama hace tan sólo unos meses, cuando firmó, como lo han hecho hasta ahora todos los presidentes, tanto demócratas como republicanos, el documento que evita que las partes realmente eficaces del embargo sean implementadas. Esto garantiza que el pseudo-embargo, que sólo beneficia a Castro, se mantenga, pero que el verdadero embargo, que sí sería efectivo, no se implemente.

Otro de los mitos de ambas historias es que la CIA ha tratado infructuosamente de asesinar a Castro en varias ocasiones. Pero las únicas fuentes de esa información son Castro y la propia CIA. Según Castro, la CIA lo ha tratado de asesinar al menos 638 veces. Extrañamente, a pesar de tantos intentos nunca ha sufrido ni un rasguño. Además, cuando algunos anticastristas del exilio en los EE.UU. trataron de atentar independientemente contra la vida de Castro, tanto la CIA como el FBI los reprimió. Extraño.

Finalmente, otro de los mitos de ambas versiones de la historia es que la actividad antinorteamericana de Castro en todo el planeta ha perjudicado los intereses de quienes controlan los EE.UU. Nada ejemplifica mejor esta falacia que la invasión de Angola.

El 24 de abril de 1974, Henry Kissinger, miembro del Conejo de Relaciones Exteriores (CFR) emitió el neomaltusiano Memorándum 200 del National Security Council (NSC 200), un documento super-secreto titulado “Implications of Worldwide Population Growth for U.S. Security and Overseas Interests”. El Memorándum enfatiza que los E.U. no deben permitir que los africanos exploten los recursos naturales de África.

Pocos meses después, en el otoño del 1975, un año después de que Kissinger emitió el NSC 200, Castro ordenó la invasión de Angola sin apoyo ni aprobación de los soviéticos, en teoría para ayudar al líder nacionalista Agostinho Neto y evitar que las fuerzas apoyadas por el imperialismo se adueñaran del país. Poco después el Embajador norteamericano ante las Naciones Unidas, Andrew Young (miembro del CFR), declaró que las tropas castristas constituían una presencia estabilizadora en África. Pero, ¿cuál fue el resultado de la victoria de Castro en Angola?

Pocos meses después de que las tropas de Castro tomaron el control del país, Angola se convirtió en uno de los mayores socios comerciales de los Estados Unidos en África. Los bancos de Wall Street como el Chase Manhattan Bank, Bankers Trust, Citibank y Morgan Guaranty, dieron grandes préstamos a Angola. Los negocios de la General Motors, General Tire, Caterpillar, Boeing, IBM, NCR, Pfizer, Xerox y otras empresas estadounidenses, florecieron en el país. El 95 por ciento de petróleo de Angola se exportaba a los países occidentales. Los soldados de Castro protegían las refinerías en Cabinda de los posibles ataques de “saboteadores” y Castro era pagado en dólares por sus servicios. La mitad de la producción del petróleo del Golfo en Angola terminaba en las refinerías de los EE.UU. y el consorcio De Beers controlaba las minas de diamantes. Ese fue el resultado directo de la política “antiimperialista” y “anticolonialista” castrista en Angola.

Todo lo que he mencionado anteriormente está descrito y documentado con lujo de detalles en mi nuevo libro La CIA, Fidel Castro, el Bogotazo y el Nuevo Orden Mundial: La guerra psicológica contra América Latina, que ofrece una versión diferente de la historia reciente de nuestro país. Por supuesto, nadie tiene el monopolio de la verdad, mucho menos de la verdad histórica. Pero quizas mi libro, donde elaboro una version disidente de esa historia, le ayude a llegar a sus propias conclusiones y repensar las soluciones a proponer

Lamentablemente, en otra parte del Llamamiento en la que se habla de adoptar una política de paz y distensión internacional por la que se renuncie a participar, apoyar o fomentar guerras o conflictos en otros países, se añade que, “Las fuerzas armadas solo deberán salir de las fronteras nacionales para participar en operaciones internacionales multilaterales de Naciones Unidas.” Al parecer las personas que redactaron el Llamamiento ignoran que es precisamente las Naciones Unidas la organización que los intereses guerreristas e injerencistas del mundo crearon y han usado para fomentar guerras y conflictos en todo el planeta.

En 1945, la delegación norteamericana a la Conferencia de San Francisco, donde se discutía la creación de la Organización de Naciones Unidas (ONU), incluía 47 miembros del CFR, entre ellos Adlai Stevenson, John Foster Dulles, Nelson Rockefeller, Edward Stettinius, Cordell Hull y Alger Hiss. La carta de creación de la ONU que aprobaron los delegados había sido escrita en su totalidad en la Harold Pratt House, sede del CFR. El próximo año, John D. Rockefeller, Jr. (CFR), donó una parcela de tierra en Manhattan, valorada en $8.5 millones de dólares, para la construcción del edificio de las Naciones Unidas. Desde su creación, los Rockefellers y otros banqueros internacionales y magnates petroleros han controlado la ONU tras bastidores y la han usado para hacer avanzar sus planes de crear un gobierno mundial bajo su control.

El Llamamiento termina con una frase lapidaria: “Si en algo estamos todos de acuerdo es que el país está al borde del abismo.” Sin embargo, algunas personas muy poderosas e influyentes afirman todo lo contrario.

En una Reunión en la Cumbre que se llevó a cabo en La Habana en abril del 2000, el Secretario General de la ONU Kofi Annan declaró que el régimen de Castro había creado un ejemplo del que todos podíamos aprender y que “debía ser la envidia de otras naciones”. En febrero del 2001, una delegación de alto nivel del Consejo de Relaciones Exteriores, dirigida por David Rockefeller, visitó Cuba y mantuvo una larga reunión con Castro. Después de la reunión, el presidente del Consejo de Relaciones Exteriores Peter Peterson elogió el “compromiso apasionado” de los líderes cubanos de ofrecer educación superior y altos niveles de salud pública a su pueblo. Luego añadió, “Creo que Cuba es uno de los países con mejor educación en todo el hemisferio.”

En 2002, en un viaje pagado por la Fundación Ford, una comisión encabezada por el ex-presidente Jimmy Carter (CFR,), acompañado de Robert Pastor (CFR), y otros miembros del CFR, visitaron Cuba. Los visitantes expresaron su admiración por la salud pública y la educación en la isla. Durante una visita a Cuba en 2005, otro miembro importante del CFR, James Wolfensohn, presidente del Banco Mundial, declaró que Cuba era el modelo a seguir. ¿Cómo se explica todo esto?

Finalmente, tengo que expresar mi opinión de que disiento diametralmente con la afirmación final en su Llamamiento de que “Si en algo estamos todos de acuerdo es que el país está al borde del abismo.”

Cuba no está al borde del abismo. Nuestro país ha estado en el fondo de un abismo insondable desde hace 55 años. Quien en estos momentos está al borde de ese mismo abismo es los EE.UU., y quienes lo están empujando al fondo del abismo son los mismos intereses que empujaron a Cuba al abismo hace medio siglo. Y ese abismo negro, que David Rockefeller y otros personeros del Consejo de Relaciones Exteriores consideran el modelo a seguir, es el llamado Nuevo Orden Mundial, que su agente secreto Fidel Castro ha implantado exitosamente en Cuba.

Si ignoramos esa realidad difícilmente vamos a lograr una Cuba mejor.


Sinceramente,

Servando González.

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Servando González es un escritor norteamericano nacido en Cuba. González ha escrito libros, ensayos y artículos sobre historia de los EE.UU. y América Latina, inteligencia, espionaje, teoría de las conspiraciones y semiótica.

González es el autor de Historia herética de la revolución fidelista, Observando, The Secret Fidel Castro, The Nuclear Deception, La madre de todas las conspiraciones, Obamania, Psychological Warfare and the New World Order y La CIA, Fidel Castro, el Bogotazo y el Nuevo Orden Mundial, así como de los documentales Treason in America: The Council on Foreign Relations y Partners in Treason: The CFR-CIA-Castro Connection, producidos por Xzault Media Group de San Leandro, California.

Sus artículos aparecen en www.theintelhub.com y en su sitio web, www.servandogonzalez.org.

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RESPUESTA A LA CARTA ABIERTA DE SERVANDO GONZÁLEZ

SOBRE EL

LLAMAMIENTO URGENTE PARA UNA CUBA MEJOR Y POSIBLE


Estimado Servando:

Gracias por compartir tus opiniones y análisis con los firmantes del "Llamamiento urgente por una Cuba mejor y posible".

Con ese mismo espíritu de "carta abierta" y en aras de un intercambio de ideas, quisiera aportar algunas aclaraciones con respecto al sentido general en que cabe entender el Llamamiento.

El Llamamiento no pretende ser un análisis de las distintas versiones de la historia de Cuba ni de la situación cubana actual. Tampoco es una toma de posición sobre la invasión de Bahía de Cochinos, el embargo, la CIA, las tentativas de asesinato a Castro, las Naciones Unidas, la guerra de Angola o sobre si Cuba está al borde o al fondo del abismo (cuestión esta última puramente terminológica a mi juicio, dado que se trata de una expresión basada en la hipérbole, figura retórica que no hay que tomar al pie de la letra sino en sentido figurado).

El Llamamiento tampoco es una posición "del exilio", entelequia a estas alturas superada por realidades más complejas y más vastas, de las que sin duda tienes experiencia personal. Ni es una posición de "la disidencia" interna. Está dirigido por cubanos a todos los demás cubanos, estén donde estén, sin etiquetas de ningún tipo.

El Llamamiento encarna una suerte de "mínimo común denominador", figura ésta de la aritmética elemental que nos enseñaban en cuarto grado, que trata de reunir a los cubanos de todas las tendencias políticas y sociales democráticas, pluralistas, pacíficas y no basadas en, o propugnadoras de, cualquier tipo de discriminacíón, en torno a eso, exactamente: una Cuba futura democrática, independiente, pluralista, pacífica, abierta al mundo, justa y equitativa para con todos sus ciudadanos y habitantes y no discriminatoria en ningún sentido que vulnere los derechos humanos de la persona. Se trata de un texto en el que hay que ver los grandes puntos de convergencia de principio y pasar por alto --en esta etapa cero-- lo intrascendente (como esos matices terminológicos) y las cuestiones más polémicas que habrá que debatir a fondo y negociar más adelante.

Por supuesto que el texto podría mejorarse. Yo misma habría redactado ciertas partes de otra forma, habría excluido algún término o tema, incluido otros, y antes de firmarlo expresé reservas con respecto a uno de sus párrafos. Pero alguna vez tenemos que estar dispuestos a avalar lo que de buena fe hagan otros que han tomado la iniciativa antes que uno en el buen sentido, en el sentido deseado --me atrevo a decir-- por casi todos. No podemos estar dispuestos a firmar sólo lo que redacte uno mismo porque entonces no lograremos nunca formar, como pueblo, una nación común. Formar juntos una nación no significa estar todos de acuerdo en el cómo, el cuándo y el quién: significa estar de acuerdo respecto de unos principios elementales de convivencia democrática y humana y estar dispuestos, en una primera etapa, a abandonar las posiciones de maximis en aras de un consenso mínimo que permita poco a poco ir creando la conciencia de que todos o casi todos o una mayoría del pueblo cubano quiere, en un futuro inmediato, lo mismo: la democracia sin derramamiento de sangre y la incorporación del mayor número posible de cubanos democráticos y pluralistas a la labor de forjar la transición a una nueva Cuba.

Ese mínimo común denominador es indispensable en esta primera etapa. En Chile, por ejemplo, la transición para salir de la dictadura militar se basó, en un primer momento, en un plebiscito en el que había que responder SÍ o NO --el mínimo minimorum. La oposición amplia unida en torno a ese mínimo consenso organizó una campaña masiva en todos los frentes, especialmente a nivel publicitario, y ganó el NO a la dictadura, lo que permitió ir gestando los espacios necesarios para emprender la transición. Chile tiene muchos problemas aún, de todo tipo, como el resto de los países latinoamericanos, aunque muchos consideran que está entre los más adelantados. No obstante, queda allí mucho por hacer. Es un país tan dividido políticamente como probablemente lo será Cuba cuando sea democrática y como lo son, por ejemplo, Francia y los propios Estados Unidos, entre muchos otros. Pero ha vuelto a ser un país pluralista en que rige el estado de derecho y de eso se trata. Vive la différence!

El Llamamiento propone que hagamos abstracción, en lo inmediato, de todos los detalles, todos los análisis, todas las viejas consignas y rivalidades y digamos SÍ a la transición a una Cuba independiente, democrática y pluralista en los términos generales expuestos en ese documento: metas con las que se pueden identificar asimismo muchas personas que viven en Cuba, no sólo los disidentes conocidos, las cuales comprensiblemente pueden tener miedo a las represalias de que podrían ser objeto al comprometerse con un texto más detallado y más visiblemente "político", pero que en el conteo de los SÍ contra los NO pueden llegar a sumar un número considerable.

Por supuesto que los análisis y los detalles, tales como tú y otros valiosos historiadores y politólogos los exponen son imprescindibles y serán de gran utilidad a la hora de debatir y formular estrategias más concretas en un momento posterior, que no por posterior será necesariamente lejano. Soy una persona con formación universitaria y una larga y variada experiencia profesional y no seré yo la que minimice la importancia de las investigaciones científicas, académicas o periodísticas. Pero ahora la disyuntiva es entre un SÍ o un NO --ojalá un SÍ-- a la unión táctica en torno a ese llamamiento básico. Podría haber sido otro texto, pero este es el que existe y creo que es lo suficientemente amplio y llano como para poder dejar de lado la mayoría de las reservas por ahora. Si nos ponemos a lanzar nuevos llamamientos no seremos jamás un número contundente que pueda desencadenar lo inesperado tan esperado.

Saludos cordiales,

María Elena Blanco


13 de agosto de 2012

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