Por: Julio César Gálvez.
Sección: Una isla perdida en el
mar.
Muchos son los ilusos que ante el
más mínimo detalle que ocurre en Cuba ya gritan a los cuatro vientos acerca de
los “ grandes cambios que están ocurriendo en la isla ” No importa si el régimen permite la venta de chambelonas de
sabores variados, el poder comer arroz con palitos, en imitación a las antiguas
generaciones de chinos, o si de establecer un parqueo de bicicletas en la cúpula del Capitolio
Nacional se trata.
Hay cambios, pero no para mejorar
la vida, el respeto y la integridad física y moral de quienes están sometidos a
las arbitrarias disposiciones del régimen totalitario cubano. La prensa de
Miami y de Cuba, toda bajo el control del Partido Comunista, se hicieron eco –
a bombo y platillo – del arribo al puerto de La Habana del buque Ana Cecilia,
de 90 metros de eslora, el pasado miércoles 11, con mercancías enviadas bajo el
supuesto de “ ayuda humanitaria ” para el pueblo cubano.
Problemas de trámites aduaneros,
según manifestó a la prensa, Leonardo Sánchez, portavoz de la compañía
International Port Corporation, hizo que el citado barco arribara a Cuba el
viernes 13, dos días después de lo anunciado.
Este miércoles 18 la empresa
International Port pospuso el viaje de esta semana para el próximo día 25
señalando “ queríamos darnos un respiro para aprender de estos detalles ”,
refiriéndose a los contratiempos en la aduana habanera.
Claro, que estos envíos nada
tienen de “ ayuda humanitaria ” No son regalados a los pobladores más
necesitados de la isla, que son la mayoría.
Los cubanos que viven en el exilio
compran y envían a sus familiares en Cuba desde un chupete, un Kotex hasta un
paquete de frijoles negros para ayudar a paliar la severa falta de todo en un
país sumido en la miseria. Todo cuesta y el negocio de International Port
Corporation con la empresa cubana Cubapact – enlace y repartidora dentro de
Cuba de la paquetería que lleva el Ana Cecilia -- es redondo. Todo, o casi
todo, para no ser totalitario queda en casa.
Mucho más después que el régimen
de La Habana anunciara nuevas medidas impositivas aduanales, las que comenzarán
a aplicarse en breve, y que constituyen un serio traspiés a los pequeños
empresarios – timbiriches, que no pueden ser otra cosa – que funcionan como
cafeterías y pequeños restaurantes, al no poder recibir el dinero fresco y los
productos para su trabajo, que mediante las llamadas “ mulas ” les mandaban los
familiares y amigos desde Estados Unidos.
Lo cierto es que la cúpula
gobernante cubana necesita dinero, dinero y más dinero para su sostenimiento en
el poder y por nada de este mundo van a permitir que el control de cuanto se
mueve en la isla se les escape de las manos.
No importa cuantas necesidades,
problemas, hambre y miseria padezca la población cubana. Los prometidos cambios
estructurales, económicos y sociales el régimen los está realizando para que
nada cambie.
De eso se ocupa todo el aparato represivo y la policía política de
los hermanos Castro, quienes cuentan con el apoyo y la ayuda de muchos que han
cambiado de palo pa’rumba y la complicidad de varios gobiernos en este mundo,
llamados democráticos.
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