Más allá de él...
La vida y la muerte tienen rostro más allá de la imagen que le devuelve un espejo
MARÍA ISABEL PÁRRAGA B.
| EL UNIVERSAL
lunes 25 de junio de 2012 12:00 AM
Al verse al espejo además de
notarse sano (amén, lo queremos fuerte para el 8 de octubre) ¿qué más
observa? ¿Remordimiento quizás por haber dispuesto durante su largo
mandato el mayor ingreso petrolero de
la historia y dejar pasar el
carro del desarrollo,
la equidad y
el progreso? ¿Mirará de frente la
cara de la división del país, una herida que nos ha separado en
bandos?
¿Apreciará los
rostros de aquellos niños de la calle por quienes juró
quitarse el nombre y no dormir hasta que tuvieran mejores condiciones
hoy seguramente convertidos en los tantos y tantos delincuentes que han
llevado a
Venezuela a ser una de las naciones más peligrosas del mundo?
Acaba de presentarse el plan de seguridad número diecinueve, éste con un
tufo a campaña electoral, a no me queda más remedio, a conejo que sale
de la chistera, a decir lo mismo para no hacer nada y ni aún así se
siente la sinceridad en atacar el principal problema de los venezolanos.
Y es que querer reducir también esta historia a los mismos argumentos
de la lucha de clases, la
televisión y los
juegos violentos de video es
un insulto a quienes de alguna forma o de otra hemos sido víctimas de la
violencia. Decir sin que le tiemble la voz y sin algún temor de que le
crezca la nariz que "hoy estamos mejor que antes porque sumados todos
los delitos el índice ha bajado" es un cinismo casi tan grande como
cuando sugirió llamar "buenandros" a los "malandros". Desde esa
perspectiva lo que se desprende es que lo "poco muy poco" que ha dicho
sobre la
inseguridad carece de una verdadera voluntad política,
consignas para el público de galería y en este caso para ganar votos.
Lamentablemente la inseguridad no discrimina y aunque la alta
jerarquía
tal vez no les toque porque están rodeados de escoltas y
protegidos por grandes camionetas blindadas, su círculo
familiar tal
vez no lo le llega ese escudo protector. Así vemos que no son totalmente
inmunes a esta zona de guerra en que se nos ha convertido nuestro país.
Para muestra el exministro Samán quien lamentablemente también puede
contar en primera
persona (como muchos de nosotros) lo que es tener que
buscar en la
morgue a un ser querido.
No sabemos qué le dice al respecto el espejo, ni si es capaz de
trascender más allá de su persona para mostrarle lo que el
resto estamos
viviendo. ¿Será que habrá que pedirle el favor a ese
objeto tan famoso
de los cuentos de hadas que le muestre la
realidad para que más allá de
culpar al
capitalismo empiece a ver el rostro de la violencia en su
propio discurso?
La vida y la muerte tienen rostro más allá de la imagen que le devuelve un espejo. Que el país sí está enfermo, más allá de él.
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