Monday, April 30, 2012

CARRIÓN: SU HISTORIA

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Carrión, quien protestó durante misa papal en Cuba, cuenta su historia

Juan Carlos Chavez

Andrés Carrión, el hombre que gritó “¡Libertad!”, “¡Abajo el comunismo!” y otras consignas anticastristas el 26 de marzo poco antes de la misa papal en la Plaza Antonio Maceo, en Santiago de Cuba, recuerda ese momento como si fuera el último de su vida. Tenía seca la garganta. Respiraba con dificultad. Pensaba en su familia.“Estaba preocupado porque creía que en el momento de la verdad me fallaría la voz y no me saldrían los gritos”, recordó Carrión en una entrevista telefónica con El Nuevo Herald. “Pero salieron y sé que hizo mucho daño a la dictadura”.
El incidente se produjo en una zona cercana a la plataforma donde estaban camarógrafos y fotógrafos. Fue ampliamente difundido a nivel internacional. Cuando era sacado violentamente de la plaza, Carrión fue abofeteado por varios simpatizantes del gobierno cubano. Un miembro de la Cruz Roja cubana lo golpeó salvajemente en la cara y luego le pegó en la cabeza con una camilla plegable.
“Si tuviera la oportunidad de encontrarme al camillero, trataría de explicarle que su posición intransigente beneficia únicamente al gobierno”, dijo Carrión. “Ese mismo gobierno que lo tiene a él pasando trabajo y vendiendo cloro en las calles”.
Carrión pensó que no saldría vivo de la plaza. Durante días las autoridades cubanas mantuvieron su identidad en secreto hasta que fue dada a conocer por Alfonso Chaviano Peláez y José Daniel Ferrer García, integrantes de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU). Chaviano reportó que había reconocido a Carrión pero dijo que no había podido informarlo, primero por la falta de comunicación y porque le tenían completamente vigilada la vivienda, explicó.
“No hace mucho pude ver unos videos de la protesta y la barbaridad de golpes que me estaban dando”, declaró Carrión “Pero en medio de esa situación, la adrenalina y tu estado de ánimo están alterados y no te das cuenta. Lo único que sentía es que mi alma estaba separada de mi cuerpo”.
Carrión dijo que la idea de salir a protestar comenzó cuando escuchó que el Papa Benedicto XVI llegaría a Santiago de Cuba. Una semana antes de la misa papal visitó la plaza en varias ocasiones. Incluso memorizó la ubicación más propicia para su protesta.
Carrión fue uno de los primeros en llegar al lugar. Llevó 10 caramelos y una botella de agua congelada. La espera fue tensa y extenuante, explicó. Llegó a las 11 a.m. La misa empezaba aproximadamente a las 6 p.m. Una hora antes de que evadiera el cerco policial y gritara sus consignas, Carrión dijo que un periodista colombiano se le acercó y le preguntó qué pensaba sobre el gobierno cubano.
Carrión debió callar temporalmente.
“Lo miré y lo que dije por dentro fue: ‘Quédate por ahí, que ya vas a saber lo que piensan los cubanos’ ”, recordó Carrión.
Esa tarde del 26 de marzo las autoridades lo llevaron arrestado hacia el Centro de Operaciones Versailles de la Seguridad del Estado, en Santiago de Cuba. Durante al menos dos semanas permaneció en una celda unipersonal sin saber exactamente si su protesta había dado la vuelta al mundo.
“La única satisfacción que sentí era que había hecho algo en nombre de todos los cubanos que callan por miedo”, dijo Carrión. “Ahora estoy plenamente consciente de que el régimen nunca me perdonará lo que hice. Por eso creo que ellos están esperando el momento para darme el zarpazo final”.
La situación de Carrión provocó innumerables muestras de preocupación. Activistas de derechos humanos y opositores pacíficos dentro y fuera de Cuba reclamaron consistentemente su excarcelación inmediata.
Finalmente Carrión fue liberado hace una semana, aunque está obligado a cumplir con una serie de condiciones. Las autoridades le exigen que se presente todos los miércoles en Versailles. Tampoco quieren que tenga contacto con la prensa.
A nivel vecinal, el gobierno ha tomado medidas adicionales, según explicó Carrión. Recientemente un capitán de del Ministerio del Interior, de apellido Figueroa, les dijo a los vecinos del reparto Sorribes, donde él vive, que pueden linchar o apedrear a cualquiera que se manifieste contra la revolución.
“La Seguridad del Estado me mantiene en un chequeo permanente y soy objeto de provocaciones”, sostuvo Carrión. “La población tiene miedo pero me expresan su apoyo sigilosamente. En la calle me felicitan, me dicen: ‘¡Gracias por los que no hemos tenido el valor de hacer lo que hiciste! Eso me reconforta’”.
Carrión, actualmente desempleado, es licenciado en Rehabilitación Social y Ocupacional. Su esposa es médico y no tienen hijos.
“Mucha gente me ha preguntado si lo que hice fue para salir de Cuba. No fue así, pero creo que no sería inteligente de mi parte esperar a que el gobierno se cobre mi falta”, dijo Carrión. “Estamos ante una dictadura férrea, pero como sistema es corrupto, y esa misma corrupción es la que va a terminar por destruirla”.

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