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Se estima que Cuba tiene un déficit de viviendas por encima del millón de unidades a nivel nacional, que se agrava cotidianamente en la capital por los derrumbes frecuentes de edificios de viviendas múltiples y que fue duramente golpeado por los dos ciclones que azotaron la isla y en especial a la provincia de Pinar del Río en el 2008.
Miguel Coyula, un arquitecto especializado en planificación urbana, declaró al New York Times que unos tres edificios se derrumban a diario en La Habana, producto del abandono, el hacinamiento y la construcción improvisada.
Sin bien es cierto que la revolución comunista prometió desarrollo e igualdad para los cubanos en 1959, transcurridos más de medio siglo del acontecimiento revolucionario, los únicos beneficiados han sido los exiliados que poseen libertad plena para iniciativas de negocios, creación de riquezas y construcción de modernas viviendas, pero en tierras extranjeras.
El diario The New York Times dice en un reportaje fechado en La Habana que los cubanos, con las nuevas medidas del gobierno de Raúl Castro de vender materiales de construcción y permitir la compra y venta de viviendas, ponen sus sueños y energías en mejorar la situación caótica de la vivienda en la isla.
El New York Times señala que en los últimos meses, la burocracia oficialista ha facilitado los trámites del papeleo, ha surtido las tiendas de materiales de construcción, han legalizado la figura del contratista privado y han comenzado a ofrecer subsidios y créditos a los propietarios para que reparen sus viviendas.
En cuanto al nuevo mercado inmobiliario, se da la paradoja, según el Times neoyorkino, que los compradores más solventes son principalmente cubanos exiliados o casados con extranjeros.
"Definitivamente está ocurriendo un reordenamiento", dijo al New York Times, Carlos García Pleyán, un sociólogo que trabajó durante décadas para el departamento de planificación urbana del gobierno cubano.
Según él, aparte de los cubanos exiliados, los triunfadores de la Cuba de los últimos años han sido las personas que han hecho dinero de manera legal o ilegal. "Los empresarios, tal vez un dueño de un restaurante, alguien que es dueño de varios taxis, quizás alguien que ha hecho dinero mediante la corrupción".
Pero la crisis es demasiado grave en números de cantidad, pues sobrepasa el millón de viviendas, para pensar que con arreglos menores y la posibilidad de comprar un apartamento por 3 mil dólares, que solo los privilegiados con familia en el exterior podrían hacerlo, se pueda aliviar la triste realidad de la gigantesca carestía de viviendas en toda Cuba.
"Todo está muy bien para aquellos que tienen dinero o un pariente en el extranjero, pero si no, olvídate", dice Luis Martínez, un trabajador de la construcción. "Mi hijo tiene 18 años. La única manera en que podría salir alguna vez de mi casa es que se case con una muchacha que tenga su propia casa"
Concluye diciendo el Times que si alguien necesitaba un recordatorio sobre el crítico problema de la vivienda en Cuba, lo tuvo en enero, cuando un edificio se derrumbó en el centro de La Habana, causando la muerte a cuatro personas.
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