Saturday, December 17, 2011

MI PRIMER CHEQUE


Por Pablo Pacheco Avila

Desde que fui desterrado a España hace más de 16 meses por las autoridades de La Habana, he disfrutado muchos momentos de regocijo. El más importante, el tan esperado reencuentro familiar.

Han sido también momentos inolvidables el poder respirar el aire en libertad, mis encuentros con estudiantes en Venecia y Londres, las reuniones con activistas de derechos humanos en Berlín, Chile, Perú y Polonia, donde tuve el honor de estrechar la mano del premio Nobel de la Paz Lech Wałęsa. También he podido dialogar con líderes políticos sensibilizados con la causa de la libertad de Cuba. Han sido instantes de mi vida que nunca podré olvidar, pero hoy he recibido mi primer cheque ganado con el sudor de mi frente y lo que siento es difícil de describir pues he encontrado un camino que me da la oportunidad de vivir como un ser humano.

La familia Vilariño, comprometida con el dolor de los presos políticos cubanos, me ha tendido la mano y me han ofrecido trabajo en uno de sus restaurantes. Es muy gratificante sentir la solidaridad humana cuando llegamos al exilio tocando puertas y estas se abren para poder salir adelante.

Es un regalo de la vida poder decir lo que piensas en tu centro de trabajo cuando el momento lo requiera, pero sobre todo sin miedo a ser expulsado por tus ideas políticas. Es formidable poder trabajar sin aceptar la doble moral y traicionar tus propios ideales pues lo que importa es que cumplas con tus obligaciones y seas honesto.

Ganar mi primer cheque me ha servido para pagar algunas facturas y poder hacerlo me parece magnífico.

Al recibir éste primer pago por mi trabajo, recuerdo las veces que fui expulsado en mi país de cada centro laboral por ser un disidente de la doctrina comunista o por no firmar proclamas con los que no estaba de acuerdo. La policía política obligaba a los administradores a aprenderse el guión y siempre éstos argumentaban: no eres confiable por tu posición política. Me reía con dolor, pues para trabajar en una finca agrícola o un taller de mecánica no se necesita mucha confiabilidad. Pero los que vivimos esa experiencia sabemos que era la forma más sutil del régimen para asfixiarnos económicamente. Esto pueden hacerlo con toda impunidad porque en Cuba el único empleador es el gobierno.

Ayer, en mi patria, sufría cuando se me impedía, por mis ideas políticas, despeñar cualquier labor para ganarme el arroz y los frijoles de mi familia; hoy doy gracias a Dios por tener un empleo y poder vivir de mi esfuerzo y en libertad.

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