(www.miscelaneasdecuba.net).- Los intentos de algunos cubanos - que ya no son tan pocos-, en llevar a cabo marchas pacíficas, reclamando sus derechos y mostrar sus inconformidades como en cualquier punto de nuestro Planeta, así piensen como piensen, constituye hoy en día en nuestro país, un peligro.
Raro no es el día que tengamos noticias de una serie de intentos frustrados, llevados a cabo por nuestros disidentes y opositores, porque las fuerzas policíacas del Gobierno prohíben acercarse a los puntos de la marcha, o detienen a sus organizadores durante un buen tiempo.
Dicha situación ya no es nueva. Desde hace tiempo sucede. Por lo tanto, los intento s quedan frustrados, aunque ignoramos hasta cuándo no tendrán el pleno derecho de salir a la calle y manifestar sus inconformidades tanto políticas como sociales.
Sin embargo, mientras por los noticiarios emitidos por nuestra TV Nacional, vemos que en diversos países las manifestaciones populares se suceden constantemente, aún en países que no pensamos que sucedieran. Verdad que la lamentable represión se hace presente, con el resultado, que algunos son heridos y otros son detenidos. Pero así todo se llevan a cabo.
Pero en Cuba, con un aval en nuestra Historia de organizar manifestaciones - reitero pacíficas-, desde principios del Siglo XX, desgraciadamente en algunas de ellas, los resultados fueron de detenidos, y algunos muertos pusieron su cuota luctuosa, ese tipo de actividad, yace hasta en estos momentos prohibida casi desde 1959 hasta en la actualidad.
Claro y en contraposición, cuando el Gobierno actual pretende patentizar algunas de sus acciones netamentes políticas, para lograr una unanimidad algo sospechosa de su veracidad posible, entonces sí, entonces organiza a bombo y platillo sus multitudinarias concentraciones, en un intento de demostrar al mundo, que el pueblo cubano apoya incondicionalmente al Gobierno.
Pero al que nos referimos, a esos con diversas tendencias políticas nada cercanas a la que se habían implantado en la Isla - aunque en algunas hemos detectado cierta rara afinidad-, el cartelito de PROHIBIDO hace acto de presencia, con las consecuencias anteriormente expuestas, cuyos resultados para quienes mantienen la otra opción, otro punto de vista político, aún con rasgos nacionalistas, no pueden expresarse y darlas a conocer en nuestras calles, so pena de sufrir detenciones y encarcelamientos, y por supuesto, ser catalogados con epítetos rayanos a la vulgaridad, que en muchos casos, ofenden la dignidad humana.
Cómo se resolverá este derecho público en Cuba de opinar en alta voz donde sea según sus convicción, yace sobre en el tapete, donde estas dos fuerzas mantienen un interminable enfrentamiento, que algún día tendrá que resolverse, no por la vía de la violencia, sino con la mesura de respetar la otra opinión, en pos de que la Democracia sea compartida, como predijo nuestro Apóstol, por el bien de todos.

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