Tuesday, November 1, 2011

UNA EXTRAORDINARIA CIUDADANA

Sociedad/ Honor a quien honor merece

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Laura disfrazada de ancianita divierte a los niños en la fiesta infantil del 6 de enero.

Foto: Ana Torricella

Cubamatinal/ En 1996 visité en dos ocasiones, con un compañero de la oposición luego devenido en periodista, Mario J. Viera, una casa de la calle Neptuno donde residía un abogado amigo de Viera. El abogado tenía serías dificultades en sus piernas, y casi no podía valerse por sí mismo. Una mujer, que luego supe que era maestra, era quien se encargaba de cuidarlo.

Por José Antonio Fornaris
La Habana, 31 de octubre/ PD/ En el año 2003, después de la ola represiva de marzo, un grupo de colegas comenzamos a encontrarnos, casi siempre en horas de la tarde, en la vivienda de Beatriz del Carmen Pedroso, esposa en ese entonces de uno de los periodistas presos, Julio César Gálvez.
De esos encuentros, que en alguna manera comenzaron a convertirse en talleres periodísticos y literarios, surgió la idea de recoger firmas para solicitar una amnistía para los periodistas presos y crear una organización para, en lo posible, brindarles auxilio a ellos y a sus familiares.
La carta, después de múltiples dificultades - incluyendo la recogida dos veces de las firmas porque un falso colega, actualmente residente en Francia, después de cuatro días en que era ilocalizable, dijo que las había quemado para que no cayeran en manos de la Seguridad del Estado- fue entregada al Consejo de Estado.
Lo de la organización fue abortado por la policía política. Integrantes del llamado equipo de “Enfrentamiento a la Prensa”, comenzaron a visitar a los periodistas con el mensaje de que esa organización “era la gota que colmaba la copa, porque eso es lo que está esperando ese loco (el Presidente Bush) para comenzar a lanzar cohetes contra Cuba”. Algunos cogieron mucho miedo y la idea no fue llevada a la práctica.
A esa casa llegó una tarde Laura Pollán. Cuando Pedroso me la presentó ella dijo que ya nos conocíamos de antes. Ella era la persona que prestaba ayuda humanitaria al abogado discapacitado de la calle Neptuno.
Era difícil imaginar que en poco tiempo se convertiría en una extraordinaria ciudadana. Al parecer es cierto lo que tantas veces se ha dicho de que las épocas, con sus propias necesidades, crean sus propios líderes. Su rol en las Damas de Blanco es de hecho imperecedero
Hace dos semanas que murió. Cuesta trabajo saber que ya no está aquí, sobre todo porque aun hay mucho por hacer. No obstante, de acuerdo con el Apóstol José Martí, “El morir cuando ya se ha ganado un poco de amor, es tan apetecible y justo como vergonzoso e inútil es salir de la vida sin haber merecido con el trabajo y la bondad el descanso de ella. (…) los muertos son las raíces de los pueblos.”
Todos tenemos que morir, ya sea de forma natural, inducida, por accidente o de manera estrepitosa; pero los tiempos de Cuba no son normales. Se hace necesaria la tumba donde ir a poner flores o decir una oración.
Con Laura el símbolo se disipó en cenizas. Muchas vivas aun se le continuarán dando, pero no existe un sitio donde ir a rendirle homenaje. Ojalá que ese tipo de historia no se vuelva a repetir. Mientras en Cuba no haya igualdad de derechos para todos, mientras se violen los derechos fundamentales de los ciudadanos, mientras el país esté ocupado por una ideología extranjera, se debe tratar de ser útil hasta después de muerto.

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