Saturday, November 5, 2011

ERAN OTROS TIEMPOS: CÓMO SERÁ QUE AHORA AÑORAN A PÉREZ JIMENEZ

libro 054
Foto de mi archivo de Venezuela
(¡¡¡hasta se parecen!!!)

LO QUE PEREZ JIMENEZ SABIA Y CHAVEZ IGNORA

Carlos Ball
En el 2001 murió en Madrid el general Marcos
Pérez
Jiménez, presidente de Venezuela desde 1952 a 1958,
pero quien en realidad mandaba desde el 13 de
noviembre de 1950, a raíz del asesinato del
presidente
de la junta de gobierno, coronel Carlos Delgado
Chalbaud.
La muerte de Delgado Chalbaud fue una verdadera
tragedia nacional porque era un hombre culto,
honorable y patriota, tres cualidades que no se han
vuelto a repetir conjuntamente en ningún otro
presidente venezolano, con la excepción de Edgar
Sanabria, presidente provisional por apenas tres
meses, a fines de 1958. Desde entonces, Venezuela
goza
del lamentable récord mundial que cada presidente ha
sido peor que su predecesor.
Es “políticamente incorrecto” decir algo positivo de
un dictador latinoamericano, a menos que haya sido
comunistoide y enemigo de Estados Unidos. Pero la
realidad histórica es que Pérez Jiménez gobernó
durante la edad de oro de Venezuela. A partir de
entonces mi país dejó de progresar, salvo durante
los
cortos períodos en que se disparaba el precio del
petróleo. Ya ni eso nos salva y el nivel de vida del
venezolano retrocedió al que teníamos en 1950. Tan
infame récord lo compartimos sólo con los países
socialistas. En Venezuela no sufrimos una década
perdida... llevamos casi medio siglo perdido.
Sí debo dejar claro que bajo el gobierno de Pérez
Jiménez no hubo libertad de prensa, sus opositores
fueron encarcelados o exiliados y la Seguridad
Nacional –la policía política- era temida por todos.
La gente bajaba la voz para criticar al gobierno
porque el taxista o el mesonero podían ser espías
del
régimen. Pero a pesar de su inaceptable
autoritarismo,
Pérez Jiménez fue un patriota que quería lo mejor
para
su país e hizo más por Venezuela en pocos años que
lo
logrado por todos los gobiernos posteriores. Pérez
Jiménez y su equipo de gobierno sabían importantes
cosas que Chávez ignora.
Fuera del ámbito estrictamente político, los
venezolanos vivíamos entonces bajo un estado de
derecho. Se respetaba la propiedad privada.
Prevalecía
la igualdad ante la ley y el ministro de Justicia
–Luis Felipe Urbaneja- nominaba como jueces a los
más
honorables y competentes profesionales del derecho.
La
creciente corrupción judicial que se disparó en
Venezuela a partir de los años 70 y que sólo ha
empeorado bajo Chávez, era en los años 50 algo
totalmente inconcebible. Ningún país puede prosperar
sin seguridad jurídica y nadie –a menos que goce de
privilegios políticos- invierte en tales países.
Esto
explica por qué en Venezuela había más inversiones
extranjeras a mediados del siglo XX que en todo el
resto de América del Sur.
Parte importante del respeto a la propiedad se
reflejaba en la solidez del bolívar. Venezuela tenía
entonces una inflación inferior a la de Estados
Unidos, menos de 1% anual. Es decir, el gobierno no
robaba los ahorros del pueblo imprimiendo billetes,
entre otras cosas porque el Banco Central no había
sido politizado.
En Venezuela ocurrían cada año menos crímenes, robos
y
asaltos de los que actualmente suceden durante un
fin
de semana en Caracas. La educación no estaba
politizada y el ministro de Educación de entonces
-Augusto Mijares- fue uno de los venezolanos más
cultos que he conocido. Los hospitales públicos eran
dirigidos por los médicos más brillantes; la sanidad
y
la política no se mezclaban. Esos mismos admirables
médicos eran los profesores en las cátedras de
medicina. Como resultado, la longevidad del
venezolano
aumentó entre 1940 y 1960 en 20,5 años, mientras que
la mortalidad infantil cayó en 68,8%, otro récord
mundial.
Pérez Jiménez no sentía complejo de inferioridad
frente a Estados Unidos. Las relaciones con nuestro
principal cliente petrolero eran excelentes. Muchos
ejecutivos jubilados de las empresas extranjeras se
quedaban a vivir e invertían en Venezuela, donde se
disfrutaba de la más moderna infraestructura en
América Latina, algo que se reflejaba en la calidad
de
la vida. Las empresas petroleras extranjeras fueron
excelentes entrenadores de generaciones de
administradores y gerentes. Pero, desde su
> estatización, la industria petrolera venezolana no
ha
hecho más que perder participación de mercado y
varios
de nuestros dilectos socios en la OPEP financian hoy
las actividades terroristas.
En aquellos tiempos el venezolano era optimista, nos
llegaban grandes oleadas de talentosos inmigrantes y
los caraqueños alardeábamos de vivir en “la sucursal
del cielo”. Pero desde entonces, con excepción de la
belleza de las mujeres venezolanas, nuestros
gobernantes han logrado desmejorarlo todo. En tan
miserable deterioro sólo nos supera Cuba, hacia
donde
Chávez nos promete navegar.

Carlos Ball es Periodista venezolano, director
de
la agencia de prensa AIPE y académico asociado del
Cato Institute.

0 comments:

Post a Comment