Thursday, October 20, 2011

RAÍCES: PEDRO DÍAZ, 35a PARTE


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"BASE NAVAL DE GUANTÁNAMO, TESTIMONIO DE UN ÉXODO

de cada carpa, para sus habitantes. Cada cajita traía: 2 sobrecitos
con judías, chícharos, frijoles negros o colorados, dependiendo del
número de la cajita que le tocara. También Traian 3 dulcecitos de
harina, un sobre de café, uno de azúcar, uno de leche, sal, pimienta,
2 galletitas de soda, un pomito de picante y una bolita de pan. Todo
esto venía en un sobre amarillo, cerrado herméticamente, de ahí su
nombre. El inconveniente de estas cajitas estaba en que los granos
estaban duros como piedras y fríos como la pata de un muerto, además
no traían arroz, elemento básico de nuestra dieta. Por suerte, con el
arroz que daban en las comidas, para mi era suficiente. Teníamos
garantizado lo más elemental para nuestra subsistencia. ¡Veremos
cuanto tiempo dura esta situación!
No daban cigarros, por lo que los fumadores se la estaban viendo
negra. Un cigarro llegó a costar un dólar en la “bolsa negra”.
Acomodamos los cinco “catres” uno a continuación del otro, al costado
del terraplén. Frente a éste quedaba una colina, no muy alta y con
poca vegetación..
Cuando se subía la carpa podíamos observar lo que sucedía en la
entrada principal y los vehículos que transitaban por el terraplén.
Esta, casi siempre se mantenía levantada, pues el calor dentro de las
mismas era insoportable.
A nuestra izquierda, nos quedaba un campamento de balseros llamado
“Hunt” y a nuestra derecha un campamento militar, donde se observaba
movimiento de vehículos y tropas. De la parte trasera del campamento
nos quedaba el mar.
No podíamos salir del perímetro de las alambradas (estaban puestas en
forma de espiral, a un metro de altura) del campamento, por lo que
prácticamente estábamos presos . La puerta principal estaba custodiada
por dos militares.
A las doce del medio día, no había ser humano que pudiera estar dentro
de las carpas, pues éstas se convertían en un horno, pero tampoco
podíamos estar fuera, debido al candente sol y la falta de árboles
para guarecerse, y el polvo era intenso. El piso de la carpa era de
tierra.
Resultaba paradójico, que personas que salieron en busca de libertad,
se encontraban presos por el único delito de querer ser libres..
Dentro del campamento se observaban actitudes negativas de convivencia
por parte de algunas personas. Se hacían “caca” en las afueras de las
carpas, en vez de hacerlo en las letrinas, tiraban papeles y colillas
de cigarros en el piso, se expresaban de forma grosera y con palabras
obscenas, sin importarle que hubiera niños y mujeres delante. Tenemos
que tener en cuenta que el gobierno castrista había dado permiso a
presos que se encontraban cumpliendo condenas por delitos comunes y
estos aprovecharon el éxodo, para marcharse del país. ¡Otra vez ,
Castro, volvía a demostrar su odio visceral hacia este país!
A diferencia de los sucesos del Mariel, en 1980, donde sacó
directamente de la prisión a criminales y locos del Hospital de
Mazorra, esta vez lo hacía de forma más solapada.
Un sacerdote católico y otro protestante oficiaban misa (Por
separados) encaramados en una mesa. Esto lo hacían dos o tres veces a
la semana. Asistían pocas personas para escuchar la palabra de Dios.
El trato de los soldados hacia nosotros era excelente. Se ocupaban de
todo y por todo. Se habilitó una carpa que fungía como clínica, donde
se atendían personas con distintas dolencias.
(Sigue)
--
Pedro Diaz
pdiaz2009@gmail.com

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