Monday, October 31, 2011

RAÍCES: PEDRO DÍAZ, 45a Y 46a PARTE


panama

"BASE NAVAL DE GUANTÁNAMO, TESTIMONIO DE UN ÉXODO

CAPITULO V

REPUBLICA DE PANAMÁ

El avión, un Boeing 727, perteneciente a una Aerolínea de Miami, y con capacidad para 163 pasajeros, esperaba con los motores encendidos. Fuimos acomodándonos en los asientos del aeroplano... Tres aeromozas, a lo largo del pasillo, daban instrucciones de cómo debíamos usar los medios de seguridad y protección, etc. en caso de alarma.

A los pocos minutos se escuchó, por el sistema de audio, una voz femenina suave y dulce dando las ultimas instrucciones y anunciaba que el viaje tendría una duración de 1 hora y 45 minutos hasta nuestra llegada a suelo panameño, y que saldríamos en cinco minutos.

A las 12 y 55 de la tarde del día 8 de octubre de 1994, el Boeing 727, se ubicó en la pista y emprendió una vertiginosa carrera, hasta quedar suspendido en el aire. ¡Habíamos comenzado el viaje hacia la Republica de Panamá!

Una enorme tristeza embargó todo mi ser. Atrás dejaba a mis seres queridos y la tierra que me vio nacer; mi cultura, mis amistades, todo, y sin saber si algún día regresaría a mis raíces. Emprendía un viaje hacia un futuro incierto y desconocido, partiendo de cero y con 53 años en las costillas, sin nadie que me pudiera dar una mano en los inicios y sin saber qué tiempo demoraría este arbitrario encierro. Tenia la esperanza que esta situación no demorara mucho tiempo, pero eso no era una certeza. Y si mis cálculos me fallaban había la posibilidad se salir en silla de rueda o en un ataúd de todo esto.

Nunca consideré la posibilidad de regresar hacia Cuba, prefería morir en el intento o viajar a cualquier país de América Latina, pero el regresar derrotado no estaba contemplado en mis planes. Prefería estar encerrado, privado de mis hijos y nietos a seguir contemplando con impotencia tanta vesania y maldad...

Todos mis pensamientos fueron interrumpidos por la aeromoza, la cual nos trajo el almuerzo. No tenía apetito, por lo que mi comida se lo di a una pareja que venía sentada a mi lado. Tony, Sandra, Alexander y Paquito, saldrían en el vuelo de la tarde. Sólo me tomé el jugo. Mis ánimos estaban por el piso.

Sobre las 2 y 30 de la tarde, se volvió a escuchar la dulce voz de la azafata:

-Señores pasajeros, favor de ajustarse los cinturones de seguridad, en breves minutos el avión tomará pista en el Aeropuerto de Howard, República de Panamá. ¡Les deseo una feliz estancia! Gracias-

A la 2 y 35 de la tarde, nuestra nave tocaba suelo panameño.

Descendimos en fila india y nos dirigimos hasta un Hangar cercano. Había 200 a 300 personas esperando nuestra llegada para darnos la bienvenida. Formaron dos hilaras paralelas y a la entrada de la puerta principal. Nos recibieron dando vivas a Cuba libre, vivan los balseros y agitando banderas cubanas y panameñas. Nos daban las manos y banderas de ambos países. El júbilo era inmenso. No esperaba algo como esto, teniendo en cuenta que estábamos en una base militar.

(Sigue)





"BASE NAVAL DE GUANTÁNAMO, TESTIMONIO DE UN ÉXODO

Fué un recibimiento apoteósico, emocionante e inolvidable. Al menos había personas que sabían de nuestra existencia y se solidarizaban con nuestra causa.

Pasamos para adentro del Hangar, y el comandante de la Base panameña, nos dirigió la palabra. Nos habló de las condiciones de los campamentos, del buen trato que recibiríamos de los militares, de nuestra estancia en suelo panameño y de las visitas que podían hacer nuestro familiares (Los que viven en Estados Unidos), etc. Acto seguido usó de la palabra un Obispo Católico panameño.

Después de la euforia inicial y de la ceremonia protocolar, pusieron música cubana. Cubanos y panameños comenzaron a bailar y confraternizar.

Hasta mí llego una Sra. bien vestida y elegante y me dijo:

-¿Que le pasa hombre? Anímese y vamos a bailar-

-No, gracias, no me siento bien- le respondí amablemente

-¿Le duele la cabeza?-

-Si, me duele algo- le respondí con voz entrecortada.

-Pero no se preocupe por eso hombre, que UD verá como todo se va a resolver. Ud. vera que Dios los va ayudar. Tenga fe en el Sr. que él no los olvida ni los abandona- Esto lo decía con el claro propósito de animarme. Seguramente comprendió que mi dolor no era de cabeza, sino dolor en el alma.

-Espéreme aquí, que en seguida regreso.-Acto seguido, la bondadosa Sra., se marchó. Pasado unos 5 minutos, la Sra. regresó con un vaso de agua y una pastilla.en las manos.

-Tómese esto que Ud. vera que le va aliviar. ¿Dejó esposa e hijos en Cuba? – Si- le respondí.- Deje dos hijos y mi esposa-.

-¿Qué tiempo hace que salio de Cuba?

-Hoy hace 38 días que me tire a la mar-

-¡Ho, Dios mío! Yo pienso que ustedes no van a estar mucho tiempo en esta situación, hay mucha presión de los exiliados que viven en Estados Unidos. Ahora lo dejo, porque tengo que atender otros asuntos, si necesita cualquier cosa no tenga pena que estamos para servirle en lo que sea necesario.

Quede solo de nuevo. Realmente lo deseaba. A pesar de la música y del bullicio, mi mente estaba abstraída. Solamente pensaba en mi tierra y los míos. Por mi mejilla rodó una lágrima.

Sobre las 3y 40 de la tarde, comenzamos a pasar hasta una oficina que se encontraba dentro del local. Se nos volvieron a pedir datos personales, etc.

Al salir de la oficina se nos entregó una tarjetica plástica con nuestros datos personales, la cual llevaríamos colgada al cuello con una cadenita que nos entregaron. También nos entregaron hamburguesas y jugos.

Sobre las 4 de la tarde comenzamos a abordar los ómnibus que nos trasladarían hasta los campamentos. Este atravesó calles y avenidas hasta salir del perímetro urbano. Nos encontramos con terraplenes con baches llenos de agua, clara señal de que había llovido.

Después de 30 minutos de estar caminando por el terraplén, llegamos a nuestra nueva morada

(Sigue)
--
Pedro Diaz
pdiaz2009@gmail.com

No comments:

Post a Comment