Wednesday, July 20, 2011

PREPARANDOSE PARA EL 26 DE JULIO

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RAUL CASTRO Y SU CUARTO 26 DE JULIO

20-07-2011.
León Padrón
Activista Pro Derechos Humanos
(www.miscelaneasdecuba.net).- Raúl Castro, tristemente se presentará este próximo 26 de Julio en Ciego de Ávila, exhibiendo todo el control de Cuba, erigido ahora primer secretario del Partido Comunista y rodeado de una legión de leales. Pero de qué le vale si la inmensa mayoría de los cubanos saben que su discurso no tendrá más aporte que la retórica revolucionaria que para este luctuoso día ha reservado el régimen a su pueblo desde su llegada en 1959.


El otrora general de ejército, quien a causa de la inhabilidad de Fidel Castro tras una terrible enfermedad a partir de julio del 2006 se convirtiera en el primer hombre de poder en Cuba, comenzó a entretejer los puntales de la sucesión el 26 de Julio del 2007 en Camagüey.

Ese día desde una tribuna en la tierra del Mayor, se presentó presidiendo por primera vez como jefe de estado este acto político, reservado siempre para el líder de la revolución.
A -diferencia de Fidel- el nuevo monarca sostuvo una alocución relativamente corta, y pragmática, pero centrando su mira en mantener y heredar el régimen que ayudó a instalar como segundón.
En la tierra de los tinajones Raúl Castro proclamó la necesidad de cambios estructurales y de concepto que incentivó la esperanza de especialistas y analistas, cuyos cerebros se desgastaron intentando predecir el nuevo rumbo de la dictadura. Incluso, algunos se atrevieron a pronosticar el fin del comunismo en Cuba.

Hoy, lejos están las expectativas creadas que hicieron pensar que había terminado el maleficio. Cuatro años en la gestión de la sucesión se resumen de manera apocalíptica. Y es que primeramente en el orden político, no pasa más allá de la descompresión de la crítica internacional, cuando “sabiamente” y -en búsqueda de legitimidad internacional- Raúl ofreció, tras negociaciones con el gobierno socialista de Zapatero y la Iglesia Católica del cardenal Jaime Ortega, la libertad de un grupo de presos políticos entre ellos el resto del grupo de los 75.

Y la firma -sin publicación al pueblo cubano- y sin posterior ratificación ante las Naciones Unidas de los Pactos Internacionales de Derechos Civiles y Políticos, Económicos Sociales y Culturales.

En el orden económico no se encaró las lógicas transformaciones que necesita Cuba. Sólo la ridícula despenalización de un grupo de actividades laborales que nunca debieron estar prohibidas y que dio paso a la promoción del timbirichismo por cuenta propia que ya en el pasado se coqueteó con esta válvula de escape.

Estas tibias reformas ahora se ciñeron a las prioridades del Sexto Congreso del Partido Comunista, quien se dedicó además, al análisis de unos insípidos lineamientos que para nada prevén la posibilidad de zafarse de la intolerancia comunista y mucho menos enrumbar la nación hacia un verdadero estado de derecho.

Sabiamente, algunos dentro y fuera de Cuba, imaginaron ilusoriamente que el Sexto Congreso debió haber sido el escenario ideal para pedir perdón a la nación por la incapacidad de gobernar durante medio. Por ahora no fue así, y sólo sirvió para erigir un nuevo monarca que estará este 26 de julio por cuarta ocasión dirigiendo este acto considerado día de la “rebeldía nacional”.

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