Juan Carlos Reyes Ocaña
12 de julio de 2011
Holguín, Cuba – www.PayoLibre.com – En una de mis caminatas matutinas por las calles de la ciudad, en busca de la noticia que oculta el gobierno, casualmente me encontré, saliendo de una tienda por divisas, con Carlos, un individuo que se marchó hacia los Estados Unidos como un supuesto perseguido político. Según él, estaba de visita en nuestro país y llevaba apenas dos años de exiliado.
Días después, coincidí también en la vía con un matrimonio que pertenece a la religión testigos de Jehová y paseaban en un auto rentado (por supuesto, en dólares). Estos habían pedido asilo al gobierno norteamericano como perseguidos religiosos y hacía 2 años y medio residían en la región norteña.
Confieso que en ambos casos quedé sorprendido. No pude entender cómo es posible que quien tenga que abandonar su patria por ser perseguido -debido a sus ideas políticas o prácticas religiosas- sólo 2 años después regrese a pasear por las calles como si fuera un turista.
Me vinieron a la mente los refugiados de la Alemania comunista huyendo a la Alemania Federal, ¿qué hubiera sucedido si al cabo de cierto tiempo hubieran regresado para alquilar un auto y pasear por delante de los temibles represores de la Stasi?, o los negros de África del sur cuando el régimen del apartheid, ¿qué hubiera sucedido de retornar ellos de sus refugios para comprar souvenirs en las tiendas de los blancos?
No es mi intención cuestionar el trabajo que realizan los funcionarios del departamento de refugiados de la sección de intereses norteamericana en La Habana, pero sí dejar claro, que el caso de Carlos y el matrimonio religioso son ejemplos ilustrativos de cubanos que emigraron por esa vía y ni siquiera fueron mal mirados en sus barrios. Incluso, los conozco que hasta su partida estuvieron insertados al sistema dándoles vivas al régimen. Estos son los que regresan al cabo de un tiempo a Cuba de turistas criticando el país que les dio "asilo" y libertad.
También sé de valientes hermanos de lucha que verdaderamente están perseguidos, amenazados de muerte y asfixiados económicamente por reclamar el derecho a los derechos del pueblo cubano, y jamás los han citado para entrevista.
Ser un refugiado implica no sólo escapar de los embates represivos de los gobiernos dictatoriales, dejando atrás parte de la familia, tus raíces, la tierra que te vio nacer y los amigos de la infancia; sino, desde ese triste exilio debes continuar luchando por alcanzar la libertad de tu tierra, ser la voz de tus compatriotas que amordazados no pueden alzarla, ayudar a tus hermanos aunque sea con una llamada telefónica para que sepan que no están solos.
Nunca podrá aceptarse que una persona se acoja a un programa de refugiados para resolver sus intereses propios, abochornando a los miles de cubanos que dispersados en el mundo no aceptaron la tiranía y un día tuvieron que partir, dejando atrás toda una vida sin poder retomarla, pues lamentablemente, muchos murieron en tierra extranjera añorando regresar a su querida patria.
Estos falsos perseguidos lejos de engañar a cualquier funcionario se engañan ellos mismos, y lo que es peor, carecen de total dignidad. La historia dirá la última palabra.
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