Juan Carlos Linares Balmaseda
23 de julio de 2011
La Habana, Cuba – www.PayoLibre.com – Por las noticias conocimos que una ola de calor invadió parte de los Estados Unidos, con temperaturas que oscilan entre los 37 y 47 grados Celsius. Sea por el calentamiento global o no, lo cierto es que son temperaturas infernales y poco habituales.
El ciudadano norteamericano común y corriente puede sortear la sofocación con el alto nivel de vida y desarrollo tecnológico. Cualquier sitio donde se encuentre, en el trabajo, en su hogar, en algún centro de esparcimiento o en el automóvil, estará climatizado a temperaturas agradables. Lo mismo en piscinas particulares o en las abundantes de uso comunitario, donde puede refrescar la inclemencia de un sol avasallador.
Pero entonces surge un polemista revolucionario en la televisión cubana diciendo que a los norteamericanos los están exhortando a ahorrar electricidad para enfrentar la ola. Induciéndonos a pensar en que en el norte brutal y revuelto están haciendo lo mismo que aquí, es decir que el gobierno yanqui está plagiando nuestras iniciativas.
En Cuba la calurosa etapa de verano tropical da una perenne sensación de habernos perdido el tren del progreso. Un escenario sin conexión con el cambio climático. Podríamos percibirlo a simple vista, si nos atrevemos a desafiar al Astro Rey y paseamos diversos barrios vitales de la capital.
En fachadas y costados de edificios y residencias descubrirá múltiples agujeros rectangulares rellenados con ladrillos, bloques o tablas. Allí una vez hubo aires acondicionados. En otras estructuras arquitectónicas quedan los aires, pero sólo para acumular churre. Se rompieron y no hay dinero para el arreglo, y funcionando es una mordida de tiburón al bolsillo de cualquier cubano. Un lujo incosteable con un salario promedio, además no se venden en las tiendas.
Según las estadísticas de los cincuenta del siglo pasado, la clase media cubana crecía a un promedio de cien mil personas por año. Así no es difícil imaginar que hoy tendríamos muchísimos más sitios, incluidas nuestras viviendas y autos, climatizados. Pero los polemistas revolucionarios, siempre a la viva, nos calman las pasiones del consumismo con eso de que los combustibles fósiles encarecen y los biocombustibles serán la hambruna de la humanidad.
Mientras, los cubano comunes y corrientes refrescamos, bajo un fogoso techo de fibrocemento con un ventiladorcito chino Hopeful y a la intemperie sudando.
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