La falsa oposición tiene alcance extraterritorial, sus agentes se infiltran hasta en las organizaciones de exiliados. Según los órganos de inteligencia, entre más años lleven los agentes en el terreno de sus adversarios, más efectivos son, pues alcanzan una alta confiabilidad política y un fuerte potencial económico, hasta se les inyectan recursos para elevar su capacidad financiera y formar parte de una élite social.
No es necesario que una organización esté compuesta solo por agentes para lograr sus objetivos. Un solo agente puede fabricar una corriente de pensamientos que arrastra a una serie de individuos que actuarían bajo un patrón predeterminado. Esa corriente de pensamientos o de línea dura tiene que ser bien radical e incitar la acción de actos violentos descalificados moral y socialmente para que sea efectiva. La delación de actos punitivos logra que mediante un proceso judicial sean sacados de circulación a determinados opositores, lo que pudiera llamarse víctimas del fuego amigo.
La falsa oposición como estrategia política juega un papel importante en la teoría de la indefensión adquirida y la esperanza perdida, donde todo intento por cambiar las cosas es imposible. Sus agentes se encargan de crear un estado de ánimo que hasta en slogan se convierten como: “esto no hay quien lo arregle, pero tampoco hay quien lo tumbe”.
El miedo inducido y la desconfianza son componentes importantes del control totalitario, para los cuales se usan los agentes infiltrados, que como sabemos, son parte de la falsa oposición. Los métodos son recurrentes: castigos ejemplarizantes, que incluyen hasta la pena de muerte, las delaciones y destapes de agentes de forma sistemática para demostrar su omnipresencia.
Un sinnúmero de personas asumen actitudes similares a las de los agentes infiltrados, pero en realidad no los son. Sin embargo, son captadas por los servicios de inteligencia, debido a sus características personales compatibles con sus intereses. Estas personas, que inconscientemente sirven a los intereses del enemigo, se les potencia su actividad, incluso en los medios y foros, incluida la Internet y las Redes Sociales.
La falsa oposición y los persuadidos por ella estimulan la descalificación y la confrontación fratricida. Eso mantiene un clima de rivalidad y predisposición contra toda posible unidad, incluso estratégica para impulsar la lucha.
Los agentes de la falsa oposición tienen como misión hacerse de la dirección de las organizaciones en la que se infiltran, para ello cuentan con una asignación de recursos y logística, que incluyen ciertas tolerancias para actuar de una forma activa y efectiva, que lo califique como un líder capaz y efectivo. El objetivo es llevar la organización a realizar actividades de interés a los órganos de inteligencia. Los que no estén de acuerdo tendrán que abandonar la organización y así se mantiene el ciclo de ruptura y fragmentación de las organizaciones, lo que justifica la percepción de una eterna desunión.
La falsa oposición, como hemos podido ver tiene ciertas ventajas sobre la oposición real, posee los recursos necesarios, tolerancia para actuar y logística de funcionamiento. Y lo más importante, actúa sin asumir riesgos y al ser descubiertos los agentes, no enfrentan represalias drásticas, como les sucedía a los chivatos cuando la época de Batista a en Cuba o como actúan los narcotraficantes, las guerrillas izquierdistas y los paramilitares, que ejecutan a los que los traicionan.
Los métodos de los agentes de la falsa oposición y de quienes actúan bajo sus prerrogativas son fáciles de detectar, porque se corresponden con una metodología diseñada por los órganos de inteligencia, que los obliga a realizar acciones y comportamientos sistemáticamente similares. Hay que destacar que el fenotipo de los agentes se convierte en su propia personalidad, por los que todos mantienen rasgos característicos que son fáciles de identificar.
En los sistemas totalitarios, que son los que nos ocupan en este análisis, los métodos y estrategias son científicamente probados y psicológicamente efectivos, pero es preciso identificarlos, aunque muchas veces se conocen y sigue siendo víctima de los mismos.
Los métodos están diseñados para que la acción y la reacción se conviertan en una especie de cultura de comportamiento. Detallemos algunos de los métodos más recurrentes, aunque algunos interactúan entre sí.
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