Sunday, June 5, 2011

CHÁVEZ: A LO FIDEL

El Presidente cojea

El presidente Chávez se dejó ver en el "balcón del pueblo", vistiendo un mono igualito al que desde hace rato luce el cada vez más moribundo Fidel Castro

Por: Elizabeth Fuentes


Daba como cosa la figura del Ciudadano Presidente de la República haciendo maromas con las muletas desde el “balcón del pueblo”, vestido con un mono igualito al que desde hace rato luce el cada vez más moribundo Fidel Castro (por cierto, tremendo error de imagen camarada), tratando de convencernos de que estaba vivito y coleando.

O de que no es verdad que su desaparición momentánea se debía a una cirugía plástica para disminuirle la hinchazón en los ojos. O porque se iba a realizar una operación en la nariz o que por culpa del escandaloso caso Makled le bajaron las defensas y cayó con una tremenda gripe, otra vez.

Nada de eso: “Aquí estoy, aquí estoy” parecía decir su lenguaje corporal y su mirada hambrienta de atención, como quien espera que le lancen caramelos desde una carroza de carnaval.

“No me olviden, yo existo”, expresaba con los gestos mientras cojeaba, acompañado de hija y nieto para hacer más tierna la escena, sólo que de golpe también nos recordaba a aquel Michael Jackson que enseñaba su bebé desde el balcón para que los fans lo creyeran suficientemente humano.

¿Cuál era el agobio por dejarse ver antes de lo debido? ¿Qué tiene de particular que un Presidente se caiga trotando y se le complique la rodilla y en consecuencia deba tomar el reposo correspondiente? De hecho, en la mayoría de los países civilizados, el Presidente no sólo toma vacaciones de lo más normalito, sino que hasta el representante de Dios en la Tierra, Su Santidad El Papa, agarra también sus macundales y se dedica a no hacer nada durante quince días en ese verdadero paraíso terrenal llamado Castelgandolfo.

Y ni hablemos de Camp David, destinado a la relajación y el descanso nada menos que de los presidentes de Estados Unidos, la mayor potencia del mundo, quienes se fugan una vez al año, como toda la gente, a contemplar el lago, a disfrutar del Catoctin Mountain Park, y se permiten ser imprescindibles aunque sea por quince días.

Aunque “de imprescindibles está lleno el cementerio”, como me dijo en alguna ocasión Miguel Otero Silva, hoy más imprescindible que nunca, valga el lamento.

Entonces viene una con su análisis barato según el cual para el Presidente no salir en televisión lo convierte en invisible. Ergo, si soy invisible, mi gobierno también. De hecho, para el Presidente gobernar es aparecer en la TV.

Y no quiero decir que el Presidente gobierne con las cámaras encendidas y obligue a todo el país a verlo en cadena repartiendo casitas de papel, realizando una suerte de ensayo general de la que algún día será la obra que nunca terminará por estrenar, sino que para el Presidente el hecho de estar delante de las cámaras lo considera, en sí mismo, un ejercicio de poder. Aparezco en TV, luego existo.

Por eso no soportó ni diez días de reposo sin exponerse de nuevo a sus quince minutos de fama. Y por eso, mientras Ramírez y Maduro balbuceaban lo que quizás iban a hacer dependiendo de quién sabe qué cosa, en relación a las sanciones de Estados Unidos a Pdvsa, el Candidato Presidente les saboteó la cadena ordenándoles por Twitter, cual Mago de Oz de este siglo, lo que debían hacer y decir.

Aunque también, análisis barato parte dos, me pareció que ese hombre no puede estar consigo mucho rato, de tan feliz que se le veía en TV saludando a cuatro gatos con sus muletas y su mono a lo Fidel.

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