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domingo, mayo 08, 2011
Poco se ha hablado del llamado de Raúl Castro durante su discurso de cierre del VI Congreso del PCC, en el que exige al pueblo revolucionario que no permita a la oposición tomar las plazas y las calles.
Apenas a dos semanas de decirlo, en un parque de la ciudad de Santa Clara, en el centro de la isla, el opositor Juan Wilfredo Soto fue esposado y llevado a la unidad de la Policía donde, tras ser golpeado brutalmente, murió de una supuesta ¨pancreatitis¨, según la version que la policía cubana dio a sus familiares.
En Cuba la fiesta de los tiranos continua. Fidel Castro se atreve a calificar de asesinato cruel el ajusticiamiento de Osama bin Landen en sus reflexiones de periódico Granma, justo en el momento en que sus esbirros le daban la mortal golpiza a Soto. Es la realidad que ignoran unos y dismulan otros, o que muchos comparten cuando descargan sus envidias y resentimientos en las redes sociales.
Una victima más de la revolución, un nombre más a los miles y miles de muertos de 50 años de odios revolucionarios, de intolerancia y de esa inseguridad criminal que los hace matar ante la duda y el miedo

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