Juan O. Tamayo
Familiares del disidente cubano Juan Wilfredo Soto García, que murió el domingo días después de sufrir un arresto, aseguraron el jueves en el periódico oficial Granma que éste nunca se quejó de haber recibido una golpiza ni mostraba moretones. El artículo también citó a un médico forense.
Otro testimonio es el de Jorge Alvarez Cabrera, que vende flores en el parque Vidal de Santa Clara, donde ocurrió el arresto. Cabrera dijo que conocía a Soto como un habitual del lugar por las mañanas. También precisó que no hubo violencia.
El reportaje recoge la rápida y enérgica negativa del gobierno cubano respecto a la golpiza. Esta actitud contrasta con su demora de muchos días en ocuparse públicamente del caso de Orlando Zapata Tamayo, un prisionero político que murió en febrero del 2010 tras una huelga de hambre de 85 días. La muerte de Zapata provocó una ola de condena mundial contra las autoridades cubanas.
Las reacciones internacionales por Soto no han alcanzado la resonancia de la de Zapata, al parecer debido a las versiones contradictorias sobre la golpiza, los antecedentes de salud y cuestionamientos sobre la causa exacta de su muerte.
El jueves se informó que había mucha tensión en Santa Clara. La conocida bloguera Yoani Sánchez informó en Twitter que el Parque Vidal estaba lleno de agentes de la Seguridad del Estado.
El pastor bautista Mario Félix Lleonart escribió en Tweeter que Soto le comentó que había sido violentamente apaleado al ser arrestado el jueves 5 de mayo. Ese mismo día, fue atendido y dado de alta en el hospital Arnaldo Milián Castro. Pero regresó el viernes con fuertes dolores, fue ingresado y murió en la mañana del domingo.
Ricardo Rodríguez Jorge, médico forense que hizo la autopsia, dijo en el artículo de Granma que Soto había muerto de una pancreatitis aguda y que no halló evidencias internas o externas de violencia.
Una sobrina de Soto identificada como Madelín afirmó en el artículo que lo visitó en el hospital y no vio “ninguna señal de violencia”.
“Además, si le hubieran dado tan sólo un arañazo, de seguro él me lo hubiera dicho porque yo era de su entera confianza”, precisó.
Su esposo, Yasmil Pérez Rodríguez, declaró que pasó varias horas con Soto en el hospital durante viernes y sábado y que en ningún momento vio moretones en su cuerpo, según Granma.
Los familiares de Soto, que no están vinculados con el movimiento opositor, se han negado a hablar con la prensa extranjera.
El disidente Guillermo Fariñas, Premio Sajarov 2010 del Parlamento Europeo, dijo que tras la muerte de Soto se había acercado a hablar con los familiares, pero que estos temían las represalias de las autoridades. Habitualmente, las familias de los disidentes permanecen también bajo la estricta atención de las autoridades. En múltiples ocasiones grupos de derechos humanos han denunciado las presiones gubernamentales sobre los parientes para que insten a los disidentes a cesar sus actividades. También se han reportado casos de familiares que son expulsados o discriminados en centros de trabajo o estudio por el activismo opositor de sus parientes.
Cabrera indicó que en la mañana de ese jueves vio a dos policías, un hombre y una mujer, conduciendo a Soto a un carro patrullero “sin que hubiera el más mínimo forcejeo”.
“Eso de que lo golpearon es una gran mentira. No tenía ninguna marca de golpeadura”, dijo la hermana de Soto, Rosa, según Granma, el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba. “Todo es un invento de la propaganda contrarrevolucionaria”.
Rosa agregó que Soto sufría de varios padecimiento serios, pero que era “muy desorganizado” y nunca seguía los consejos de los médicos. El artículo citó además al médico que trataba a Soto desde el 2008, Néstor Vega Alonso, comentando sobre sus muchos problemas de salud.
“Ante tantas evidencias irrebatibles, cabría preguntarse cómo es posible continuar mintiendo”, concluyó el reportaje de Granma. “¿Acaso no basta el aval de la Revolución de más de cinco décadas sin un solo torturado, desaparecido o asesinado?”

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