
Yoel Espinosa Medrano
15 de abril de 2011
Santa Clara, Cuba – www.PayoLibre.com – Cuba cerró el 2010 con una población de once millones 241 161 habitantes, según la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), y aunque las cifras entre ambos sexos sólo difieren en unos 16 mil hombres más que mujeres, alarma la cuantía que un 25 por ciento de toda la población reside en zonas rurales, quienes tienen sobre sus hombros las producciones alimentarias que prácticamente demanda todo el país.
Otros datos que aporta esa Oficina advierten que la esperanza de vida supera los 70 años, mientras la tasa de mortalidad infantil registró 4.5 por cada mil niños nacidos, inferior en 0.3 a la del año precedente, considerada según las estadísticas y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), como la más baja de América.
En el año que concluyó se produjeron 127.710 nacimientos en la isla, y la natalidad disminuyó en 2.326 en relación al 2009, y 45 defunciones menos. La cadena reproductiva se comporta a niveles de países desarrollados, aunque Cuba no pertenece a esa categoría, los expertos catalogan que para el 2020 existirá una población envejecida.
Cuba no es la excepción de la regla, la población rural migra hacia los pueblos y ciudades en busca de mejoras de los niveles y la calidad de la vida y la economía familiar. La zona montañosa de Villa Clara, al centro de la isla, territorio en que se sitúa el municipio de Manicaragua, constituye una muestra fiel de ese éxodo, sin precedentes, hacia los territorios urbanos.
Allí existen 24 asentamientos rurales, perteneciente a lo que en 1989 se denominó programa Plan Turquino-Manatí destinado a disminuir las barreras entre el campo y la ciudad a partir de atenciones priorizadas en todos los órdenes de la vida económico-social.
Sin embargo, desde el siguiente año a la fecha, más de 483 familias abandonaron la montaña. En la actualidad allí residen 5 mil 83 hombres y 4 mil 445 mujeres, de los cuales mil 23 son ancianos y mil 629 niños. La población económica activa es de mil 426 personas dedicadas en lo fundamental al cultivo del café, rubro productivo que marca un descenso en las recolecciones por año, debido entre otras cosas, a la carencia de fuerza de trabajo permanente en la asistencia a esas siembras.
El macizo montañoso es considerado el principal productor de café en el territorio. La ganadería, el tabaco y otras producciones agrícolas fueron orgullo en el lomerío.
El pago entre 5 y 6 pesos la lata de café cereza y la falta de artículos y alimentos de primera necesidad motivó a muchos montañeses abandonar la zona.
La estimulación salarial es vital para lograr producciones. En Cuba existen unas 400 formas de pago según informes oficiales. El salario promedio mensual es de unos 250 pesos (un poco más de 10 dólares). La masa trabajadora estatal recibe su salario quincenal o mensual por cada jornada de ocho horas de trabajo diario.
Allí, hay mil 129 viviendas de madera, y sobresalen 679 construidas con techo de yagua, y paredes de tabla de palma u otros materiales, por lo que están catalogadas entre regular y mal estado habitacional.
Cierto es que de diversas formas se construyeron viviendas para tratar de impedir la emigración. Las condiciones materiales y espirituales imperantes desalientan al más fiel lugareño. En cuatro edificios biplantas construidos en Sabanitas sólo viven dos familias. Los asentamientos Guanayara, El Caney y Picos Blancos, entre otros, también están despoblados.
Un ejemplo claro de que el hombre trabaja motivado por los resultados económicos de sus labores lo constituye la actual cosecha de papa. El pasado año ocurrieron liquidaciones diarias. El quintal recogido se pagó a 1:20 pesos. La experiencia motivó a que actualmente el saco del tubérculo se pague a 2:00 pesos. La reacción no tiene precedentes.
Los sembrados de las empresas agropecuarias de Yabú y Cascajal, principales productoras del tubérculo en la provincia y el país, se benefician como nunca antes. Hay quienes trabajan de sol a sol sin ningún gasto de aseguramiento por parte de las entidades. Sólo los motivan que de regreso a las casas llegarán con decenas de pesos en los bolsillos.
Muchos de estos trabajadores son familiares o personas sin motivación laboral, las cuales no soportan las necesidades y carencias que se viven en las comunidades rurales, y decidieron emigrar en busca de mejoras y bienestar económico.
No obstante, la única salida, merced al cuentapropismo o pequeña iniciativa privada que se instauró este año en Cuba para paliar los entuertos productivos del Estado, es justo, asumir el campo de manera itinerante, siempre y cuando proliferen formas de pago que alienten a la población a resolver los más apremiantes problemas salariales del día.
En tanto, de sol a sol, la población cubana sigue envejeciendo y las tasas de nacimiento disminuyendo a causa de las duras condiciones de vida que sufre el cubano de a pie, agravado en las zonas rurales que en su totalidad están carentes de medios de transporte y no tienen motivación ni espiritual ni material y cada día se ahogan más en la desatención y miseria de todo tipo.
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