Thursday, April 14, 2011

LA PALABRA COMO HERRAMIENTA DE TERROR.


Por Luis Tornés Aguililla.
Francia, 14 de abril de 2011.

En estos primeros días de abril, el hatajo infame de La Habana que dirige Raúl Castro prepara otro desfile militar con el fin exclusivo de confirmar ese terror inducido que los cubanos sienten ante banda castrofascista.

Por primera vez, los jefes de las fuerzas armadas cubanas han promovido el uso de palabras obscenas que la tropa grita a todo pulmón mientras desfila y, aunque no le vamos a pedir que nos cante poemas de Gustavo Adolfo Bécquer, esa ultranza lexical es tan fuera de tono y tan bestial como los espectaculares arrebatos públicos de Fidel Castro, solamente comparables con las crisis histéricas de un Adolf Hitler al final de su vida. ( Volver a ver la película alemana « Der Untergang » ) y es que estamos ante un anuncio subliminal sui géneris cuyo trasfondo es lo que actualmente ocurre a nivel internacional y, en particular en Libia, donde la acción militar de la OTAN mantiene a raya las tropas de Gadafi creando de facto una situación operacional concebible en Cuba el día menos pensado.

Raúl Castro y su entorno son expertos en prospectiva, de modo que para ahorrarse los estragos colaterales de una situación incontrolable en la isla, se ven en la imperiosa necesidad de anticipar, en este caso, enseñando garras a través de un ladrido público vestido de verde.

Es necesario comprender que la población cubana ha sido sometida a un medioevo civil en el cual, todo varón que pronuncie una « s » final es considerado « afeminado con rezagos burgueses » porque la norma estatal era y sigue siendo imitar al lobo alfa, al " machote de verdad ", en una palabra, a Fidel Castro y su proverbial obscenidad como expresión más visible de su comportamiento fascista para someter y controlar psicológicamente a la gente.

El cine cubano, la literatura, los escribidores y hasta el más insignificante cretino consular tenía y, en muchos casos, deseaba lúbricamente imitar el comportamiento troglodítico de nuestro Nerón tropical quien, después de todo, no deja de ser un eructo de la patética historia de la isla de Cuba.

Cabe recordar aquí que durante las guerras de independencia contra España, el general Máximo Gómez y Báez prohibía que, en sus campamentos, la tropa pronunciara malas palabras so pena de rudo castigo y creo que por ahí, los simples mortales, podemos vislumbrar la diferencia que hay entre la morralla arrabalera de La Habana y los hombres de bien.

0 comments:

Post a Comment