(www.miscelaneasdecuba.net).- Luis Eduardo tiene su pupitre en una modesta aula de noveno grado. Sus compañeritos jocosamente le llaman "la polilla", y es que Luisito (como otros le llaman) le gusta mucho leer. Según él, lo hace por mero`entretenimiento; además, se place ayudar a sus amiguitos que durante los exámenes nada pueden aportar, a no ser aquella respuesta casi explícita que sus maestros se ven obligados a suministrar por la dichosa Doña Promoción del sistema educativo cubano.
Ayer tarde; quiso Dios que nos conociéramos en la biblioteca municipal,
cuando compartíamos la misma mesa. El leía a Martí, y yo buscaba datos sobre Frank País, del cual sólo pude encontrar su edad y lugar de
nacimiento.
Luisito, al cual observaba, se detenía por momentos y refunfuñaba en voz baja. Llegué a pensar que le faltaba una tuerca, por lo que no pude
aguantar más inquiriéndole si necesitaba alguna ayuda.
"-No señor, es que me da roña de la forma que duermen a uno, y le dicen mentiras en su propia cara. Ayer uno de mis profesores comenzó a hablarnos sobre cómo ser antimperialistas, y de que los norteamericanos eran los más malos y cínicos del mundo. Según se fue entonando llegó hasta decir palabras obsenas de ellos, finalizando que teníamos que aborrecerlos ya que para ella y la revolución cubana ninguno, en el fondo, era bueno, y que Martí así lo había escrito mucho antes. Yo soy tímido(me decía) señor; pero no me pude aguantar y se me fue la palabra MENTIRA!, que aunque no muy alto se dejó escuchar y fui a parar a la Direccion de la escuela”.
“Cuando le explique el por qué y a la vez me disculpé por haber
interrumpido la clase, la directora me ordenó que no leyera tanto a Martí, que el escribía muy profundo y no sería fácil de interpretarlo".
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