(www.miscelaneasdecuba.net).- Como corren y correrán muchos ruidos sobre el próximo congreso del Partido Comunista de Cuba (P. C. C.) es bueno aclarar que no habrá nueces. En la Dictadura cubana el Partido no juega el papel que le asignan la teoría y las siempre inoperantes leyes.
Y la prueba es…que la camarilla de poder citó a su congreso que venía aplazando por décadas por miedo a que el Partido se amotinara contra el desatinado amo que lo desprecia.
En teoría, plasmada en leyes y en la constitución vigente, y en discursos, el Partido es el poder, "la vanguardia del proletariado, la fuerza rectora de la sociedad y de la revolución socialista", pero en la práctica la camarilla, simple poder ejecutivo partidista, es el único Poder.
El Partido fue creado eunuco por Fidel Castro, quien hace años lo desnudó del taparrabos de democracia interna concedido para disimular su castración; no es partido sino simple maquina de transmitir abajo las ordenes de las alturas, correr rumores entre la población, chivatear, espiar el estado de opinión, carente de poder de decisión propia.
Máquina de aplaudir que los verdaderos dueños de Cuba mantuvieron en silencio y aplaudiendo durante toda la crisis general del Sistema, incluida la posposición eterna de su congreso y la desaparición e incapacidad del ex - comandante en jefe Fidel Castro, aun nominalmente primer secretario del P. C. C.
El miedo que llevó al Comandante a aplazar tantas décadas su congreso "quinquenal" obedecía - además de a su paranoia - al hecho de que en teoría legal, según los Estatutos, al comenzar el congreso el primer secretario del Partido y sus ejecutivos hacen dejación de sus cargos… hasta su reelección inmediata.
La autoridad comunista de los hermanos Castro y comparsa depende pues teóricamente de un Partido creado y aplastado por ellos hasta reducirlo a la nada.
Pero nadie se haga ilusiones, el general Raúl Castro lo convocó como un zar a su duma para que le diga lo que él quiere oír, incluso algunas críticas que esperancen al pueblo, con expresa prohibición de extenderse a otros temas - prohibición que viola los estatutos del partido -. Y la elección de representantes fue garantizada.
No importa el cargo que detente cada figura del estado cubano; son pretextos y no cargos, bajo los Castro ninguna autoridad dimana del cargo, sino de la persona en su relación con los Castro.
Como en la Edad Media el rey dice: "El estado soy yo", da al copero el mando de un ejército, al bufón una embajada y al obispo la orden de hacer chistes:
Testigos, el absolutismo de Fidel Castro cuando como ejecutivo que jamás detento poder legislativo quitó y puso cuanta ley quiso, el bufonesco canciller Felipe Pérez Roque - hoy defenestrado - y el Arzobispo de La Habana, cardenal Jaime Ortega- hoy vocero de las "intenciones serias, muy esperanzadoras" de Raúl Castro.
No importan las ilusiones que se hagan parte del pueblo y de la opinión internacional, esa es la principal función de todo congreso en Cuba desde 1959: Ilusionar con la solución futura de problemas como consecuencia del congreso tal o de cualquier evento, hasta de la visita del papa Juan Pablo II.
No importa que hasta los opositores le bateemos a la bola mala y salgamos strike con repetir según la Constitución y las leyes que el Partido es el que manda en Cuba. Ni que sabios políticos usen el libro de cocina de Moratinos para decirnos que" todo es esperanzador y muy positivo".
Se descaminan quienes juzgan el borrador de Cuba siguiendo los renglones de las cosas de sus países; aquí, cargos, Partido, congresos pueden decir como el manido pésame de velorio "no somos nada".
Según el axioma filosófico "de nada, nada", del anonadado Partido no saldrá nada, ganancia dictatorial de tiempo para lo único que saben hacer los amos: Nada de lo mismo.
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