Sunday, March 20, 2011

LA "SOBERANÍA" CONTRA EL SOBERANO

Cuba/ La soberanía es del pueblo, no del gobierno

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Cubamatinal/ De la remota época feudal nos llega el concepto de soberanía. Ella se entendió inicialmente como el poder total para actuar, sin que cupiera la presión sobre su depositario, de otro u otros poderes similares a los que no les era dado modificar, presionar o coaccionar al que lo poseía y que comenzó desde entonces a identificarse ya como el ¨soberano¨.

Por Wilfredo Vallín Almeida

La Habana, 19 de marzo/ PD/ Con el tiempo, algunos soberanos fueron actuando, cada vez más, sin límites a esa actuación en los planos interior y exterior del país conforme lo entendieran pertinente y sin que sus decisiones pudieran ser recurridas por sus súbditos o por poderes también soberanos pero extranjeros.

Para su legitimación, los defensores de esta concepción dispusieron de una obra escrita que vino a dar sustento (nada menos que celestial) al derecho de los monarcas a gobernar como lo hicieron, a saber, Los Siete Libros de la República, del francés Juan Bodino en el que este expone lo que se conocería en la historia especialmente europea como ¨el derecho divino de los reyes¨.

Según los sostenedores de esta concepción, los reyes lo eran porque el propio Creador les había entregado ese mandato y, por supuesto, los simples mortales estaban en el deber absoluto de obedecer a aquel a quien Dios había ungido como su representante en la tierra.

Esta argumentación tan habilidosa para el derecho a gobernar, si tenemos en cuenta la época y su carácter eminentemente religioso, paulatinamente hizo que los monarcas se sintieran cada vez más fuera y por encima de la ley y de sus pueblos. El colofón fue cuando Luis XIV proclamó su célebre frase “el Estado soy Yo” con todo lo que ello implicaba.

Y lo que implicó para Francia primero (y todo el mundo después) fue que el pueblo cansado del derroche de sus gobernantes, de sus lujos insultantes a las carencias populares, de los descalabros económicos, de la falta de libertades individuales, de las arbitrariedades en la administración de justicia y mucho más, decidiera, tomando antecedentes en la Revolución de las Trece Colonias de Norteamérica, proclamar cuáles eran en verdad los conceptos de soberanía y de soberano.

A partir de entonces, y ya para siempre, quedó claro que:

  • Entre el pueblo y el gobierno existe un Contrato o Pacto Social
  • Que las constituciones son precisamente ese Pacto que pueblo y gobierno acuerdan
  • Que el pueblo puede cambiar la Constitución cuando le parezca conveniente
  • Que el gobierno es el representante del pueblo al que debe sometimiento y no al revés, pues tiene un poder que le ha sido delegado y es sólo su servidor
  • Que las leyes son tan obligatorias para los ciudadanos como para sus representantes.

Posteriormente, surgirían nuevos conceptos como el de crimen de lesa humanidad, que es cuando los gobiernos pretenden usar la soberanía delegada en contra del Soberano que se la ha entregado y fuerzan entonces a sus pueblos a acudir al derecho de rebelión de que habla la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Hoy, increíblemente en pleno siglo XXI, vemos a gobernantes contemporáneos conducirse como si fueran verdaderos reyes feudales, como si sus países no fueran repúblicas sino monarquías absolutas por el tiempo que llevan gobernando y hasta hereditarias por cuanto el poder se traspasa a sus hijos directamente u otros miembros de sus familias.

Y lo peor de todo no es eso, sino la ¨soberanía¨ que reclaman incluso para asesinar a sus propios ciudadanos cuando protestan por miles en las calles contra estos reyes de nueva factura. Este es el bochornoso caso del Gadafi en Libia o de Mubarak en Egipto y que se trata de apañar bajo consideraciones geopolíticas pero cuya realidad es la justificación del poder a todo trance.

Acudir al concepto de ¨soberanía¨ para acuñar disposiciones que van a ser utilizadas contra las libertades individuales de los ciudadanos en una época en que el mundo marcha hacia la integración futura a pasos agigantados no es sino corroborar aquella premonitoria frase del más grande de todos los cubanos: “Solo la opresión debe temer el ejercicio pleno de las libertades”.

Los ejemplos de lo que ha ocurrido en la historia de la humanidad, y de lo que ocurre en el mundo ahora mismo, debiera advertir a aquellos que creen en la eternidad de su poder y que son ellos -y no el pueblo- el verdadero Soberano.

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