Tuesday, March 15, 2011

PADRE JOSE CONRADO I PARTE

Padre José Conrado: “Mi pueblo sufre y no lo voy a abandonar”

Por WILFREDO CANCIO ISLA

- El padre José Conrado Rodríguez Alegre no se permite el descanso cuando llega a Estados Unidos. Como ya va convirtiéndose en tradición pastoral, el conocido sacerdote ocupa sus vacaciones para recorrer -cada dos años- las parroquias de ciudades norteamericanas donde se congregan importantes comunidades de católicos cubanos.

El sacerdote cubano José Conrado Rodríguez en Miami, en marzo de 2011

En esta ocasión, José Conrado emprenderá una gira de un mes que lo llevará por 17 ciudades -de Nueva Orleans a Washington, de Chicago a Boston- con un mensaje de concordia y esperanza para sus compatriotas del exilio.

La visita del párroco de la Iglesia de Santa Teresita del Niño Jesús, en Santiago de Cuba, se produce en momentos en que la Iglesia Católica está enfrascada en una inusual negociación con el gobierno cubano para la liberación de presos políticos, mientras el país atraviesa por una difícil encrucijada de transformaciones económicas, despidos laborales y ebullición social.

Conocido por sus posiciones críticas hacia el régimen cubano y su locuacidad sin límites cuando analiza la realidad de la isla, José Conrado no esquiva temas por álgidos que parezcan. No se ha callado en Cuba después de escribirle una dura carta a Fidel Castro en 1994, ni tampoco tuvo reparos en repetir la dosis, en el 2009, cuando hizo pública un exhortación a Raúl Castro para que emprendiera un camino diferente al frente del gobierno.

En esta entrevista con CaféFuerte en Miami, el carismático sacerdote -en vísperas de arribar a los 60 años- aborda candentes asuntos de la mediación de la Iglesia Católica por los prisioneros políticos, disecciona con agudeza el acontecer cubano actual y exalta la determinación de sus compatriotas en el exilio.

El gobierno contra la pared

La mediación de la Iglesia Católica para lograr la excarcelación de presos políticos es un hecho que ha marcado el panorama cubano desde el pasado año. ¿Por qué cree que esa mediación fue aceptada por el gobierno? ¿A qué lo atribuye?

Que se diera por primera vez presencia de la iglesia en una negociación de ese tipo -a ese nivel y con esa magnitud- es el fruto, ante todo, de la constancia y la valentía de un grupo de mujeres, madres, esposas, hermanas y familiares de los presos, que fueron encarcelados injustamente en el 2003. La constancia y la lucha pacífica de las Damas de Blanco ha sido un elemento fundamental junto con la muerte de Orlando Zapata Tamayo, que resultó ser una especie de aldabonazo internacional, además de la inusual resonancia que tuvo dentro de Cuba. Y, sin dudas, la huelga de hambre de Guillermo Fariñas, porque el impacto del fallecimiento de Zapata Tamayo provocó un enorme interés por la situación de Fariñas, o sea, que todo el mundo se sensibilizó con la muerte de Zapata y con la posibilidad de que muriera Fariñas. Es decir, que se creó una situación en la que realmente el gobierno estaba contra la pared y la salida fue iniciar esta negociación que el Cardenal Jaime Ortega propició con su carta al jefe de Estado, porque fue él quien escribió a Raúl Castro diciéndole “Esto hay que resolverlo, aquí hay un problema muy serio y hay que buscarle salida”.

Entonces considera que hubo una voluntad compartida para negociar…

Con relación a la negociación en sí, no cabe duda de que hubo un apoyo de todas las partes, porque nadie quería que muriera Fariñas o que se prolongara la violencia contra las Damas de Blanco, nadie quería que se repitiera lo de Zapata Tamayo, y realmente el problema de los presos ya era una cuestión que pesaba sobre la conciencia nacional. Aunque agobiada por el peso del cada día mucha gente pierde la sensibilidad, llegó un momento en que entre los intelectuales, los blogueros y las personas más motivadas por la cuestión social y la defensa de derechos humanos, comenzaron a percatarse de que la situación era ya muy difícil y estaba a punto de explotar. Y, por supuesto, internacionalmente hubo una presión enorme, con una campaña realista y profunda. Así fue que el gobierno se vio obligado a tomar una decisión correcta, que en este caso fue “Vamos a negociar, vamos a resolver este problema”.

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