Café Fuerte
Cuba es una fábrica de presos
Pero usted no parece del todo satisfecho con la solución de deportar a los presos y con las demoras en la excarcelación de los que no quieren abandonar el país. ¿Me equivoco?
Donde se trabó el paraguas fue en la solución que se le dio al problema. Ahí es donde realmente yo siento que hubo un fallo serio. En primer lugar, la capacidad de maniobra de la Iglesia no es muy amplia, porque en última instancia es el gobierno el que pauta lo que se hace y cómo se hace, es decir, que ellos están acostumbrados a ese autoritarismo y son los que cortan el bacalao. Fue también una situación novedosa y una de las cosas que la Iglesia debe aprender es a desempeñar un papel más activo, toda la Iglesia, todos los obispos, que representan a la comunidad que son los pastores. Y hace falta más audacia. Cuando se llega a un punto de gravedad social como el de los prisioneros de conciencia, la situación permitía más audacia. De ahí que la principal salida que se le dio al problema, la deportación de los presos, es, desde todos los puntos de vista, una mala solución. Por supuesto, uno tiene que ver las cosas en el contexto actual de nuestra sociedad. A cualquier cubano que se le ofrezca salir de Cuba en estos momentos se le está ofreciendo el premio gordo de la lotería.
Y entre una cárcel cubana y un avión rumbo a Madrid la decisión parece comprensible, sobre todo por la presión de las familias. ¿No cree?
No es de extrañar que estas personas que cumplieron siete años de prisión, con todo lo que pasaron sus familias, enfrentando miles de dificultades económicas y de todo tipo, atravesando un verdadero calvario para irlos a visitar a cárceles a cientos de kilómetros de sus hogares, pues opten por salir del país sin pensarlo dos veces. Porque en las cárceles de Cuba no hace falta sacarle a la gente las uñas como hacían en tiempos de Fulgencio Batista. Si en un lugar que está previsto para cuatro personas tú metes 16, mañana, tarde y noche, con poca agua y alimento de pésima calidad, lo que provoca eso es ya una tortura terrible. El hedor de las personas, 24 horas en esa situación, en un espacio donde no puedes hacer las necesidades básicas sin evitar salpicar al otro. Eso es lo que han vivido los presos. Entonces, entre esta agonía y la deportación, pues me mandan a China, me voy a China. Y las familias pesaron mucho a la hora de la decisión. Lo sé por casos muy concretos que conozco, el mismo José Daniel Ferrer, de la Causa de los 75, que se ha quedado en Cuba y todavía es de los cuatro que permanecen en la cárcel. Su esposa, los niños, todo el mundo piensa que lo mejor es irse del país, porque aun cuando lo soltaran, está el temor de que vuelvan otra vez a encerrarlo. En Cuba lo que hay que cerrar es la fábrica de presos.
Han pasado 10 meses desde que se iniciara la negociación de la Iglesia Católica con el gobierno y a estas alturas cuentan ya más de 100 presos excarcelados entre los que se han ido a España y los que han decidido permanecer en Cuba. ¿Cuál es su evaluación final de este proceso? ¿Se abre una nueva etapa para la sociedad civil cubana o estamos ante otra vuelta a la noria?
Si fuéramos hacia una convivencia ciudadana, de mayor libertad, de mayor respeto a los derechos humanos, de justicia, algo a lo que realmente tendríamos no solo que aspirar, sino llegar, pues evidentemente te diría que este es el inicio de algo importante y serio. Pero desgraciadamente el gobierno ha sido temeroso, cobarde, no tuvo el valor de enfrentar la libertad de estas personas y que se quedaran a vivir en Cuba. No quiere decir que no se fueran voluntariamente, una cosa no quita la otra, pero la opción de quedarse en Cuba desde un primer momento no se dio y por bastante tiempo no se habló de eso. Es más, cuando yo le pregunté a un obispo que estaba implicado en este proceso, la respuesta fue el silencio… “Bueno, no, hasta ahora lo que hay es salida del país”. Entonces lógicamente entre la cárcel y la salida del país no había mucha opción, ¿no? Hay que considerar también que a los que se fueron no se les dio estatus de refugiados políticos, lo que hubiera significado una serie de garantías para estas personas que ya han sufrido demasiado y que realmente hubieran merecido otro tipo de solución. Ahí la Iglesia debió ser más activa para lograr un mejor tratamiento para nuestros presos, que al fin y al cabo son nuestros hermanos.
Barrabasadas por 52 años
Casi al terminar este proceso han regresado con fuerza los mítines de repudio contra las Damas de Blanco. ¿No le parece un retroceso preocupante?
Evidentemente sí. En meses anteriores se había llegado a suprimir estas expresiones de violencia, que siempre son organizadas, porque cuando el gobierno dijo “No”, no hubo más actos de violencia. Si estén ocurriendo ahora es porque el gobierno dio luz verde para eso. Esto es una responsabilidad que hay que exigirle al gobierno cubano. Eso no se justifica y no le hace bien a ningún cubano, ni de aquí ni de allá ni de acullá, y tampoco beneficia al gobierno. Es malo para todos. Creo que si en Cuba nos sentáramos a conversar de verdad todas las partes, mediando la Iglesia o mediando quién sea, como si quieren buscar de mediador al Santo Padre, pero si de verdad nos sentáramos a conversar los problemas del país respetándonos unos a otros, aceptándonos unos a otros como diferentes… Si hubiera esa buena voluntad de querer resolver los problemas del país ante la situación tan grave que tenemos, eso sí sería un motivo de esperanza, de aliento, y diría, mira, pues estamos por un buen camino.
¿Pero cree usted que el gobierno esté dispuesto a conversar con los cubanos que piensan que el país debe conducirse de otra manera?
Los procesos sociales se inician de una manera más sencilla y que no se haya dado todavía no quiere decir que no se vaya a dar. El gobierno necesita en estos momentos una seria reflexión para descubrir que hay otras maneras de gobernar, que hay otras maneras de ejercer el poder y que son más convenientes para ellos y para todos. La Iglesia para eso tendría que ser muy constante y muy activa, porque si el gobierno ha tenido la actitud positiva de querer que la Iglesia participe en esta negociación de la manera en que lo ha hecho, sería realmente fabuloso que pudiera participar en una real mediación en el futuro. Y, por supuesto, yo me apunto a eso. Todo lo demás que no sea una conversación a profundidad sobre el futuro de Cuba apunta a resolverle las urgencias a un Estado que lleva 52 años haciendo barrabasadas. Y no se puede seguir transitando por las mismas calles cuando las calles esas están tan malas. Vamos a coger por otro camino que sea, como decía Martí, por todos y para el bien de todos. Porque de eso se trata: de todos los cubanos sin exclusiones.
Cuando se discuten sobre los retos de la Cuba futura, siempre aflora la misma pregunta: ¿cuál es la parte más dañada y más difícil de reconstruir? ¿Cómo respondería usted?
La parte espiritual es la más compleja y la más difícil de resolver. Si por un milagro hubiera una inyección de riqueza en Cuba y el gobierno cubano tomara una serie de medidas -como ha pasado en China y Vietnam- para propiciar una recuperación económica, eso podría hacerse en relativamente poco tiempo. Bastaría crear un ambiente de expectativas que generara la creatividad del cubano, cosa que no hay que ser un gran artista para lograrlo. Ahora, cuando un pueblo se acostumbra a la hipocresía, a la mentira, a la doble cara, al robo, al irrespeto de las personas que piensan diferente a ti… Cuando un pueblo se acostumbra al miedo, esos son problemas muy serios.
Sigue
0 comments:
Post a Comment