Tuesday, March 22, 2011

NO, LA VICTORIA NO ES TENER UN PARTIDO LA VICTORIA ES DISFRUTAR LA LIBERTAD Y LA DEMOCRACIA

22-03-2011.
Elías Amor Bravo
(www.miscelaneasdecuba.net).- Otra frase extraída de discursos de Fidel Castro que Granma publica hoy, que nos permite confirmar el carácter profundamente antidemocrático del dictador comunista que ha mantenido sojuzgado y engañado al pueblo de Cuba durante cinco décadas.


“Una gran victoria tener un Partido.."

Para nosotros fue una enorme victoria lograr esa unidad revolucionaria, que ha jugado un papel decisivo en esta resistencia... [frente] a Estados Unidos, que siempre ha tratado de dividir al pueblo, de dividir las fuerzas, de dividirlo todo. De modo que para nosotros tener un Partido fue una gran victoria lograda en el proceso revolucionario, que está a tono con nuestra tradición y que ha sido instrumento esencial en la defensa del país y en la supervivencia de la Revolución”. Fidel, 9 de mayo de 1991

Antidemocrático porque ya, desde el primer momento del fervor revolucionario, cuando aquello de “elecciones pa qué”, se supo que Cuba entraba en una senda incierta que nadie podía intuir.

Considerar que la “unidad revolucionaria” fue una “enorme victoria” es un despropósito, que se tiene que situar en los más de dos millones y medio de cubanos que han tenido que exiliarse para poder vivir en libertad, en las familias rotas por el enfrentamiento y el odio, en los juicios populares, las libretas de racionamiento, las granjas de la UMAP, las vejaciones a los intelectuales y la obediencia a una jerarquía que ha tratado de dominar el pensamiento y obra de todos los ciudadanos, quitándoles el legítimo derecho a la libertad.

Una vez más “la resistencia frente a Estados Unidos” aparece como reflejo evidente de un estúpido complejo de inferioridad que Fidel Castro siempre ha tenido hacia quién, por geopolítica y pensamiento podría y debería haber sido un gran aliado. Porque la realidad es que Estados Unidos ha sido tan víctima del régimen castrista como los millones de cubanos que lo han sufrido, teniendo que soportar a 90 millas de distancia un vecino molesto, inquietante, que no tuvo el más mínimo reparo en colocar terribles artefactos nucleares en dirección a las principales ciudades del país y que no ha tenido el menor reparo a hostigar y defender ideas que ahora, cincuenta años después, caen en el ámbito del denominado “círculo del terror”, pero que es mucho peor de lo que parece. En ese sentido, ni Estados Unidos ha “tratado de dividir al pueblo” ni a nada. Esa división a la que alude Fidel Castro tiene su traslación al poder totalitario en que se funda su régimen político.

El desprecio del castrismo por el sistema democrático se resume en el párrafo anterior, en el que se contrarresta el papel del Partido único, esencia de los “movimientos” fascistas y comunistas, en esencia totalitarios, del siglo pasado, con el juego democrático y libre de partidos políticos que, en legítima competencia, tratan de conseguir el apoyo ciudadano ofertando programas atractivos y orientados a la solución de las necesidades sociales.

La “unidad revolucionaria” aparece como un modelo de organización social basada en la existencia de un partido único, el mismo que dentro de algo así como un mes ha sido convocado desde el poder a un congreso, y que actúa con correa de transmisión del funcionamiento político, al servicio de una cúpula muy limitada e inaccesible.

Los partidos políticos, como agentes de la movilización social y la participación, sustentan la base de la libertad con la que funciona el régimen democrático. Tratar de pervertir el orden democrático es situarse en el plano del desprecio a la capacidad de los ciudadanos a decidir sus representantes y lo que es más importante, el tipo de políticas más adecuadas para resolver los problemas sociales.
Cuando alguien se atribuye ese poder de intérprete del pensamiento colectivo y responsable de las decisiones, como hizo Fidel Castro desde que aquella paloma se posó en su hombro a comienzos de 1959, provoca un salto en el vacío que supone la desaparición de las libertades civiles, y no hay vuelta atrás.

En Cuba, la “revolución”, cuya supervivencia está en juego porque ha acumulado tal número de anomalías, sobre todo en la gestión económica, pero igualmente en lo político, a pesar de la buena noticia de la liberación de presos de la primavera negra de 2003, no representa futuro ni ofrece garantía alguna de defensa del país, ni mucho menos, garantiza su propia supervivencia.

El impasse político que se vive actualmente en Cuba, donde todo, excepto el poder que emana de los dos Castro, está en cuestionamiento, arroja tal nivel de incertidumbre que, en medio del temor a la pérdida del empleo, las dificultades para establecerse como cuenta propista, o las elevaciones generales de precios que se van a producir, y la reducción de gastos sociales, abocan a la sociedad a una desestabilización muy grave que puede provocar un estallido social en cualquier momento.

Lo más grave de todo esto es que seguro que después de decir esas frases fue aplaudido por los concentrados por la fuerza. No me extrañaría lo más mínimo.

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