(www.miscelaneasdecuba.net).- Raúl Castro ya ha reconocido públicamente que el ajuste laboral incorporado en los “Lineamientos”, que suponía la eliminación de medio millón de puestos de trabajo en el sector estatal, el 10% de la ocupación total de la economía, no se podrá alcanzar, como estaba inicialmente previsto a finales del mes de marzo.Y lo hace, y se queda tan tranquilo, como si nada. Lección número 1 de Economía: lo que nunca debe hacer un gobernante es ir modificando sobre la marcha sus propuestas de política económica, porque hay algo muy importante que se llama “credibilidad”, y que es fundamental para dinamizar las fuerzas productivas de un país y atraer a los extranjeros. Pues bien, con esa decisión de retrasar el ritmo de los cambios, Raúl Castro ha suspendido esta asignatura y lo peor es que, no puede examinarse en la siguiente convocatoria.
Y explico por qué.
Desde que llegó al máximo cargo político de Cuba en 2006, tras la grave enfermedad de su hermano, Raúl Castro se ha empeñado, informe tras informe sobre la actividad económica de Cuba, en llevar a término lo que él llama "actualización" del modelo cubano, una especie de cóctel tropical que confunde la mezcla de zumos de frutas con la cantidad y calidad del alcohol que se dispensa.
En diversas ocasiones, le hemos hecho saber que unos planes que afectan a tantos ciudadanos, el 10% de los empleados, no pueden ejecutarse sin el mínimo consenso social, diálogo, aceptación de posiciones posiblemente contradictorias, de quiénes van a salir realmente perjudicados del proceso y quiénes son responsables de ejecutarlo.
Cuba, donde la pluralidad sindical está prohibida, pero eso no significa que no existan sensibilidades distintas en el mundo del trabajo, ir adelante con esta reforma, en plazos inflexibles, y con un ritmo de avance enloquecido, no podría jamás, ni con el mejor de los escenarios posibles, tener éxito. Ni siquiera cuando se creen las condiciones organizativas y legales que garanticen el despliegue de los nuevos cuentapropistas, algo que en Cuba, sin un marco estable de derechos de propiedad y en ausencia de economía de mercado es, cuando menos, difícil.
Las reformas laborales de este alcance exigen consenso social. Mucho diálogo, aceptación de propuestas contradictorias entre sí, negociación y la existencia de un marco estable y predecible para las decisiones de los agentes económicos. Así es como se hacen las cosas en cualquier economía, y las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo, OIT, que el castrismo no suele cumplir, están ahí para ser atendidas.
En tales condiciones, el retraso en la aplicación de las medidas, viene motivado porque el riesgo calculado apunta a que puede ser peor el remedio que la enfermedad. El caos organizativo y sistémico de la economía cubana, que tan de moda está en ponerlo de ejemplo todos los días en Granma en sus artículos “críticos”, es el resultado de la aplicación del modelo estalinista de planificación central de la economía y ausencia de propiedad privada desde 1967. Cambar ese estado de las cosas, es muy fácil, si se tiene voluntad política.
El problema es que Raúl Castro quiere construir la casa empezando por el tejado, y eso es imposible. Un informe de hace pocos días, insistía en las dificultades de las autoridades para poner en marcha las "disponibilidades de personal”, que se iban a determinar en “comisiones de recursos humanos y la evaluación de los contenidos de trabajo del personal”, así como en la obligación de ofrecer, a quienes estuvieran sin empleo, “alternativas en sectores prioritarios para el país”, todo un galimatías intervencionista económico que ahoga a cualquiera y que resulta difícil y problemático de entender.
Es entonces, cuando a la vista del malestar generado por las medidas y diversos comentarios que rayan en la crítica al sistema, y que la llamada “revolución” no puede aceptar, que Raúl Castro cambia de tercio y dice que la reducción de plantillas en el sector estatal “no constituye un fin en sí mismo, sino una medida encaminada a recuperar la eficiencia y la disciplina en los colectivos de los trabajadores".
La decisión de Raúl Castro puede venir debida, igualmente, al temor a que el próximo Congreso del partido único termine como el rosario de la aurora, un gallinero descontrolado en el que, su hermano, desde la distancia, pueda recriminarle por haberse metido en donde no le llaman. Para evitar ese ridículo social, y sortear un entorno político complejo, la decisión de Raúl Castro de dilatar el proceso de despidos aparece como un ejemplo más de su debilidad política y de la partida marcada que está jugando con unas cartas que no son, en absoluto, favorables.
En una reunión celebrada en Madrid a finales del pasado año, organizada por el Swedish Liberal Centre en colaboración con Miscelánea de Cuba, ya tuvimos ocasión de exponer el déficit de legitimidad que existe en los “Lineamientos”, donde se tiene la impresión de que varias plumas esconden las manos de autores con criterios y posiciones económicas muy diferentes. Es por eso, que carecen de credibilidad, y son papel mojado a estas alturas, sin que nadie se crea realmente su contenido.
A la vista del desaguisado, Raúl Castro se sale por la tangente y dice que “nuestro modelo no es tarea de un día y ni siquiera de un año, y que por su complejidad demandará no menos de un quinquenio desplegar su implementación", insistiendo una vez más en la tesis de que las prisas son malas consejeras, como si la situación de la economía cubana no exigiera de cambios radicales y urgentes.
La carga de profundidad que para muchos ciudadanos cubanos que confiaron en su sistema económico y político de que un día se pueden quedar en situación de desempleo, es muy pesada y tiene consecuencias letales para el régimen. La elevada participación que se está produciendo en todas las ciudades de Cuba por parte de la gente, en sus comités, en sus asambleas, en centros de trabajo, en cualquier foro controlado por el partido único, ha puesto de manifiesto que el terreno es especialmente peligroso, y que hay que frenar.
El problema es que la economía cubana necesita urgentemente de cambios, que solucionen los graves problemas existentes, y esas dudas, temores y ralentización de los procesos, no presagian un desenlace final feliz. Estaremos atentos.
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