(www.miscelaneasdecuba.net).- Granma incorpora hoy en su colección de frases sueltas de discursos de Fidel Castro un párrafo que me ha sobrecogido. Primero por su carácter absolutamente naif, segundo porque fue dicho en una fecha tan lejana en el tiempo como 1962, y tercero porque como verán los lectores, las recetas del comandante ni han funcionado ni funcionarán.
El párrafo dice así, y lo cito textualmente
“Hay que desarraigar hábitos verdaderamente perniciosos”
Otros de los hábitos verdaderamente perniciosos observados en estos años, es la tendencia de algunos a olvidarse de las leyes de la economía, administrar con espíritu filantrópico o ser ajenos a los métodos de producción, subutilizando los recursos humanos y llevando una contabilidad pésima".
"Una de las peores costumbres observadas en muchos administradores o jefes de departamentos, u organismos, es el no pago de los productos o servicios que adquieren de otros organismos, invirtiendo suplementariamente los fondos destinados al pago de esas obligaciones, originando un verdadero caos en la contabilidad de las empresas acreedoras, afectando las recaudaciones... y anulando los efectos de la planificación. Hay que desarraigar radicalmente tales métodos..." Fidel, enero de 1962
El que Fidel Castro considere “hábito verdaderamente pernicioso” la tendencia de algunos a olvidarse de las “leyes de la economía”, pertenece al ámbito de lo surrealista. Que alguien que ha sentado las bases de un modelo económico, despilfarrador, ineficiente, burocrático y altamente dependiente de las subvenciones del exterior, primero soviéticas y después chavistas, aluda a las “leyes de la economía”, no deja de ser un contrasentido. Encomiable.
Pero cuidado, para Castro “administrar con espíritu filantrópico o ser ajeno a los métodos de producción” es, al parecer, el “origen de todos los males”. Y se queda tan tranquilo, sin darse cuenta de que está atacando la línea de flotación de uno de los sectores que, precisamente, tienen una mayor proyección social por su apoyo a la acción pública.
Me refiero a las fundaciones, y en general, las entidades sin ánimo de lucro, que movilizan ingentes fondos en todos los países para dar respuesta a necesidades sociales no cubiertas. Vamos, que Fidel Castro, en 1962 parecía querer tirar piedras contra su propio tejado. Y además, esa referencia a los “métodos de producción”, ¿a cuáles? Tal vez a los que él impuso por la fuerza en Cuba, confiscando la legítima propiedad de millones de cubanos que fueron desposeídos de sus activos, monetarios y físicos, en defensa de unos ideales totalitarios pervertidos con el paso de los años.
Pero continuemos, porque la cita no tiene desperdicio. Habla Fidel Castro de que no es bueno “subutilizar los recursos humanos y llevar una contabilidad pésima”. Muy bien, entonces ¿quién ideó el modelo que caracteriza un nivel de empleo abultado de la economía castrista, con la existencia de amplios volúmenes de población ocupada cuya productividad es nula? Los estudios del profesor Manuel García confirman que esa abundancia de empleo en las empresas y actividades económicas estatales esconde amplios márgenes de ineficiencia del sistema para generar riqueza para todos.
Desde luego, antes de 1959 la economía cubana era muy distinta, y por las referencias de mis antepasados, que desarrollaron sus modestos negocios y actividades como emigrantes españoles que se labraban un porvenir, nadie dejaba de pagar sus deudas, ni se invertían los fondos en actividades suplementarias. Más bien todo lo contrario. En aquellos primeros 50 años de su existencia, la economía cubana estuvo bien dirigida por personas que confiaban en la estabilidad económica, en la acumulación, en la reinversión de beneficios, en el ahorro para el futuro, en el empleo. Y entonces, llegó Fidel Castro y acabó con todo.
La herencia de malos pagadores y de prácticas basadas en corruptelas es consecuencia directa del modelo intervencionista y totalitario generado para controlar la economía, y no otra. Cuando la economía funciona con las reglas de la propiedad privada y el mercado, como instrumento de asignación, no hace falta decirle a nadie como se tiene que actuar.
El caos al que alude Fidel Castro ya existente en 1962 es, en 2011, mucho peor. La planificación central, cuyos efectos se ven anulados por las prácticas que él denunciaba, es la responsable directa del fracaso del modelo económico. Y por eso, cuando dentro de un mes los comunistas cubanos, se pongan a debatir el documento de los “Lineamientos” deben ser conscientes de que tienen una oportunidad histórica para enmendar los errores y el caos que denunciaba Fidel Castro en 1962 y poner orden en la economía bajo las reglas que funcionan de manera adecuada, y que son compatibles con cualquier ideología.
En toda Europa, desde hace décadas, los partidos eurocomunistas ya no cuestionan el modelo de economía de mercado y de propiedad privada. Ni se les ocurre porque simplemente la sociedad les volvería la espalda. Que reflexionen los comunistas cubanos sobre lo que pueden hacer en su próximo congreso, apostando por el mismo modelo económico que en el resto del mundo. Sería un primer paso hacia las libertades democráticas plenas. Y sería un gran paso, por el bien de Cuba y de todos los cubanos.
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