Monday, March 14, 2011

EL CAOS CAMBIARIO DE LA ECONOMÍA CASTRISTA:

UNA DECISIÓN ERRÓNEA QUE ABRE GRANDES INTERROGANTES

14-03-2011.
Elías Amor
Economista ULC
(www.miscelaneasdecuba.net).- Justo en el momento en que se precisa alcanzar los precios más bajos de la importación para facilitar la transformación de la base productiva de la economía cubana, fuertemente dependiente del exterior (no sólo en bienes intermedios y de equipo, sino en materias primas e incluso en alimentos) haciéndola más competitiva y favoreciendo su progresiva apertura al exterior, el régimen adopta una decisión que va justo en la dirección contraria.

Una devaluación, como la acordada en el texto del Acuerdo No. 30/11 del Comité de Política Monetaria del Banco Central de Cuba publicado en Granma y firmado por Ernesto Medina Villaveirán, Ministro-Presidente del Banco Central de Cuba, permite a una economía con capacidad de producción ociosa y recursos infrautilizados, aumentar su producción rápidamente por la vía de la reducción de importaciones y con ello alcanzar ritmos de crecimiento más rápidos.

Quién piense que en la economía castrista este objetivo macroeconómico se puede conseguir, está equivocado y además, muestra un notable desconocimiento de las reglas de la economía internacional.
El tipo de cambio sirve para expresar la relación de una economía con su entorno. La mayor parte de las economías del mundo están muy abiertas, lo que quiere decir que una parte muy importante de su producción se relaciona con el resto del mundo, no sólo por medio de exportaciones e importaciones, sino por préstamos y ayudas de diversa índole que ponen en juego los indicadores de la economía abierta.

La decisión del Banco Central de Cuba de devaluar en un 8% el CUC con respecto al dólar para situarlo en la paridad, que significa el cambio de un dólar de EEUU por un CUC, supone volver a la situación existente antes de 2005, cuando las autoridades, también de forma discrecional, decidieron revaluar el CUC un 8%. Con aquella medida, la economía cubana empezó a registrar los crecimientos más bajo del lustro aproximándose a la recesión.
¿Es que tal vez esperan ahora lo contrario? Mucho me temo que no.

Parece que los objetivos van en otra dirección, y subrayo textualmente lo que dice el Acuerdo al respecto “esta decisión se adopta para dar un paso discreto dirigido a propiciar una mejoría en el balance de divisas del país, pues constituye un estímulo a la actividad exportadora y al proceso de sustitución de importaciones; lo cual unido a una mayor efectividad de la planificación, de los procedimientos utilizados para la asignación de las divisas, superior racionalidad en el manejo de la emisión monetaria y el incremento de la productividad y la eficiencia en la economía nacional, favorecerá el establecimiento de condiciones más propicias en nuestras relaciones financieras externas”.

Justificado por “la propia dinámica de nuestra economía en los años posteriores, agravada por los daños y pérdidas ocasionados por los huracanes ocurridos en el año 2008, así como los efectos de la crisis económica internacional, caracterizada por una gran volatilidad de los mercados monetarios, nos obliga a replantearnos la conveniencia de mantener una tasa de cambio del peso convertible frente al dólar estadounidense y demás divisas, que no se corresponde con las necesidades económicas del país en las condiciones actuales”.

Las consecuencias directas de la devaluación del CUC con respecto al dólar, cuya tasa de cambio con el peso cubano se mantiene inalterada a la razón de 24 pesos cubanos por CUC en las CADECAS y con las correspondientes comisiones, que se sitúan en el entorno del 3,5%, así como con el impuesto del 10% sobre los cambios aplicados a la compra interna de los CUC por los residentes, no van a ser buenas para la economía castrista en la coyuntura actual.

Los economistas saben lo importante que es contemplar el diseño de políticas económicas en una perspectiva internacional. Incluso en la cerrada economía castrista, las decisiones de los agentes económicos afectan y se ven afectadas por el resto del mundo todos los días.

La medida plantea como objetivo primordial recaudar más divisas, promoviendo la actividad exportadora.
Tal vez pueda ocurrir lo contrario. Desde 2005 cuando se adoptó la revaluación unilateral del CUC con relación al dólar, la situación de las divisas en juego en los mercados mundiales es muy distinta, y ello, no se ha trasladado sobre la situación respectiva de la economía castrista, que ha permanecido ajena a estos procesos. Además, todo este análisis en términos nominales se tiene que realizar en términos reales tomando en consideración el tipo de cambio real que mide la relación entre el tipo de cambio nominal que ahora se devalúa un 8% con la relación entre precios internos y externos.
Sabido es que en los últimos años, esa relación de precios ha sido favorable para la economía castrista, que ha podido vender a precios muy favorables en los mercados mundiales sus principales producciones orientadas al exterior, pero esta situación ahora puede invertirse.

Lejos de fortalecer la economía cubana y su competitividad, el retorno a la paridad con el dólar, con una devaluación encubierta de la misma proporción, significa que, con los mismos dólares se obtienen más CUC, pero ello, no asegura que se pueda comprar también más, porque el tipo de cambio real puede aumentar y con ello hacer más cara la producción nacional que la extranjera.
Por ello, al igual que en cualquier devaluación discrecional del tipo de cambio, el ajuste perjudica a los importadores, que van a ver cerradas muchas oportunidades de negocio en los mercados mundiales en contra de lo que debe ser uno de los principales objetivos de la economía, su inserción en la economía internacional.

La amenaza de inflación interna, que hasta ahora aparecía como un interrogante, ya se convierte en una realidad, y esa devaluación encubierta de la moneda significa precios más altos a corto y medio plazo, con sus consecuencias negativas sobre la incipiente liberalización de la economía.

Por el contrario, no queda claro que esa devolución del CUC a su valor de 2005 se corresponda con una mejora de la competitividad de las exportaciones de la economía castrista, sobre todo si se tiene en cuenta cuál ha sido la evolución del dólar desde entonces, (una progresiva depreciación y una guerra constante con la divisa china para no perder competitividad) que se va a trasladar sobre los sectores más abiertos al exterior de la economía cubana.

Por lo tanto, poco fortalecimiento cabe esperar de la economía cubana con estas medidas, más bien todo lo contrario.
Las remesas de las familias pueden aumentar en términos monetarios, perder capacidad de compra, si los productos ven aumentar su precio, lo que afectará negativamente el potencial de consumo interno de los cubanos, haciendo más difícil la adquisición de productos liberalizados, casi todos procedentes del exterior.

La decisión de equiparar el CUC al dólar significa, una vez más, aunque las autoridades no lo reconozcan, la dolarización de la economía castrista, su vinculación a las desventuras y felicidades macroeconómicas del vecino del norte. Es decir, la economía cubana queda atada al ciclo económico de EEUU, y que cada uno obtenga la lectura que quiera.

Lo lamentable es que vuelvan de nuevo a afirmar la convicción de que la planificación burocrática es el remedio de todos los males, cuando se señala expresamente que “unido a una mayor efectividad de la planificación, de los procedimientos utilizados para la asignación de las divisas, superior racionalidad en el manejo de la emisión monetaria y el incremento de la productividad y la eficiencia en la economía nacional, favorecerá el establecimiento de condiciones más propicias en nuestras relaciones financieras externas”.

No es cierto. La planificación comunista es contraria a los intereses de los mercados mundiales de divisas y cuanto antes lo reconozcan, mejor. Ni Fidel Castro cometería una decisión tan perjudicial para la economía cubana del futuro, ya que la presente está descontando el fracaso.

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