Monday, March 14, 2011

(DES) BALANCES SINDICALES

Jorge Olivera Castillo - Sindical Press

La Habana, Cuba, 14 de marzo de 2011

El fracaso no admite más adornos. Por más que intenten ajustarle el ornamento de ocasión con el fin de camuflar las arraigadas anomalías, el producto final es otra pieza del repertorio de la decadencia.

Esos reflejos sombríos fluyen desde una de las páginas del semanario Trabajadores, en su edición del 7 de marzo último, donde se abordan los respectivos balances sindicales de lo acontecido en el año 2010, en las provincias de Ciego de Ávila y Sancti Spíritus.

Los análisis de las realidades económicas y laborales en ambas jurisdicciones del territorio cubano, evidencian que los problemas no consiguen atenuarse.

Aunque no aparecen reflejadas todas las incidencias negativas, a partir de las estrictas regulaciones en cuanto a la publicación de hechos tanto nacionales como internacionales, es indiscutible que la situación sigue formando parte de un círculo vicioso dentro del cual siguen reproduciéndose las mismas dificultades citadas en decenas de ocasiones anteriores.

Según palabras de Trifina Fernández Mora, secretaria general del sindicato oficialista en la provincia de Ciego de Ávila, al menos “8 empresas acumularon pérdidas y 27 pagaron salarios sin un adecuado respaldo productivo, pertenecientes a los ministerios de Agricultura, Azúcar, Construcción, Turismo, Industria Alimenticia e Industria Básica”.

Uno de los hechos más dramáticos, seleccionados por los censores en su aspiración a alcanzar un conveniente nivel de credibilidad informativa, es el dato que especifica a una de las principales empresas del Ministerio del Azúcar, que dejó de producir unas 23 mil toneladas del producto.

Los rendimientos aún se encuentran “en el orden de las 35,4 toneladas por hectárea en el área cortada, cuando deberían ser 54 las necesarias para cumplir con los planes acordados”. No obstante la sedimentación de estas insuficiencias, se adelantan cifras que avalan óptimos niveles de productividad para la actual zafra.

Al margen de autocríticas y retóricas triunfalistas, muy notorias en este tipo de reuniones, es iluso esperar un cambio que proscriba todas las deficiencias que aplazan interminablemente la llegada a los puertos de la eficiencia; fin sólo alcanzable después de una profunda descentralización de los recursos y la oportuna reformulación de las leyes económicas y sindicales, en el sentido de liberar las fuerzas productivas.

Otras de las medidas puntuales para detener la debacle, estaría en el hecho de legalizar la propiedad privada como una opción dentro de un esquema pluralista y exento de las trabas alimentadas por una burocracia corrupta y parasitaria.

La admisión por parte de Ángel Morffi, segundo secretario de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), de la baja productividad y la ausencia de una adecuada planificación, causante de un deficiente aprovechamiento de los limitados recursos en el sector de la construcción en la provincia de Santi Spíritu, muestra otro capítulo de la mediocridad que caracteriza a un sistema que se resiste a soltar los lastres del monopólico control estatal sobre los medios de producción.

Dentro del parcial inventario de contratiempos que afectan el desarrollo de la citada región, el funcionario citó las pérdidas en la industria tabacalera, el incumplimiento de las siembras en ese renglón y la posible fusión de algunas empresas agrícolas estatales para evitar el colapso a raíz de las exiguas disponibilidades financieras.

Otro de los fenómenos, esta vez localizados en el sector de la salud, señala el nocivo incremento de la plantilla en el hospital provincial.

De acuerdo a la información proporcionada por el órgano de prensa gubernamental, cuando se inauguró el centro médico, el índice de trabajadores por cama era de 1,7 en la actualidad asciende a 3,3.

El fragmento del discurso pronunciado por Miguel Acebo Cortiñas, primer secretario del partido en Sancti Spírituz, como colofón del evento, no ayuda a cambiar el matiz de las lúgubres perspectivas.

Las mismas exhortaciones, el mismo tono con el cual acostumbran disfrazar las agonías de un modelo entrampado en las redes del inmovilismo.

Raúl Castro apuesta por la ambigüedad. Sus reformas se circunscriben a la superficie del problema.

En el fondo continúan los malabares para ocultar el tropel de inconsecuencias que siguen mediatizando un proceso eufemísticamente llamado “actualización del modelo socialista”.

oliverajorge75@yahoo.com

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